Santi Acosta, periodista, 60 años: “Hago deporte cuatro veces por semana para tener la vejez más saludable y mantener la cabeza en sus cabales”

Si algo ha sacado en claro Santi Acosta (Madrid, 1966) del paso del tiempo es que no vale la pena pararse a contemplar las cosas malas en demasía. “Cosas malas nos pasan a todos porque la vida es así”, reflexiona el periodista, que desde hace tres temporadas conduce el programa ¡De viernes! de Telecinco junto a Beatriz Archidona, con quien este verano también ha estado al frente del formato diario ¡De lunes a viernes!.

“Claro que ahora disfruto más de la televisión; si alguna característica tiene el paso del tiempo, es la sensación de saber que todo es finito”, apunta con la perspectiva que le ha dado una sólida trayectoria que arrancó como becario en Telemadrid en 1991 y que vivió los grandes hitos de la crónica social de los dosmiles con formatos míticos como Salsa rosa.

Sobrino del recordado presentador —y político— Federico Gallo, Acosta creció viendo la televisión como un oficio terrenal. En su casa, marcada por los valores de sus mayores, “salir en la televisión era como ir a la obra”, un trabajo más donde lo prioritario era cuidar a los suyos y darlo todo. Hoy, cumplidos los 60, confiesa que enfrentarse al espejo le cuesta —“creo que a todos nos cuesta ver cómo te van saliendo arrugas”—, pero canaliza la madurez desde la prevención y el cuidado físico, haciendo deporte cuatro veces por semana no por estética, sino para estar sano y mantener la cabeza “en sus cabales”.

Lejos de mirar al pasado con nostalgia o de temerle al relevo generacional, el presentador contempla a los jóvenes con admiración y descarta por completo colgar las botas. Para él, el verdadero éxito se reduce a un entorno seguro de amigos y familia y a la satisfacción de mirar atrás con la conciencia tranquila. Por eso, al hablar de la palabra jubilación, su respuesta es diáfana y vitalista: “Vacaciones”.

Ha vivido la evolución de la televisión en España en primera persona desde sus inicios como becario de Telemadrid en 1991. ¿Cómo ve la profesión tras más de tres décadas en la primera línea?

Si hablamos de televisión, el lenguaje visual ha evolucionado y ahora es mucho más rápido. En cuanto a la profesión, hay dos entidades: una es el periodismo y otra es el entretenimiento. Yo ahora mismo hago entretenimiento, aunque hagamos algo de periodismo de corazón. Luego está el periodismo en general, que me parece que es más necesario e imprescindible que nunca. Ahora mismo, con las redes, Internet, los bulos, las noticias falsas… hace falta buen periodismo, sea donde sea. En televisión, radio, prensa o en gente que lo haga desde sus redes sociales. El periodismo es una profesión que hay que valorar mucho más de lo que lo hacemos.

Formó parte de fenómenos de masas de la televisión de los 2000 como Salsa rosa. Algunos han acuñado aquella como la “época dorada” del entretenimiento televisivo en nuestro país.

La llamamos época dorada porque, entre otras cosas, había muchas menos televisiones y el alcance era muchísimo mayor. Los personajes también han ido muriendo con el tiempo, porque todos crecemos y muchos han abandonado la televisión. Aquellos personajes eran siempre interesantes; ahora también, pero antes eran muy curiosos. Había gente que ya no está, como Marujita Díaz o Sara Montiel, que tenían muchísima experiencia. Ellas eran capaces de entretener al público y se inventaron los enfrentamientos. Querían salir en la tele y, como no eran noticia, dijeron: “Pues nos peleamos”. Montaron un enfrentamiento graciosísimo y después se fueron a cenar.

Con la perspectiva que dan los años, ¿cómo recuerda aquella etapa?

Recuerdo ese programa con muchísimo cariño porque había grandísimos profesionales. Yo era más joven y tenía menos conocimiento de todo, pero era muy divertido.

Tras tanto tiempo trabajando delante de las cámaras, ¿en qué ha cambiado su forma de dar sentido a la idea del éxito?

Mi idea del éxito es muy personal. Mi familia y mis amigos han sido siempre un entorno superseguro, y eso es para mí el éxito. El éxito son mi familia y mis amigos; y como padre, que mis hijos se desarrollen con una buena educación y darles lo mejor que pueda en ese sentido. El éxito en la vida es mirar atrás y decir: “Lo he hecho bien, tengo una gran familia y en el trabajo también lo he hecho bien”. Siempre lo he visto así. Además, en mi entorno, y en el de mi familia, salir en la televisión era como ir a la obra.

Santi Acosta, periodista, 60 años: “Hago deporte cuatro veces por semana para tener la vejez más saludable y mantener la cabeza en sus cabales”

Entonces siempre vio su trabajo como cualquier otro

Claro. Al final, lo imprescindible es tener una perspectiva real. Eso lo he intentado siempre, aunque no sé si lo he conseguido.

Actualmente, lleva tres temporadas al frente de ¡De viernes! y también ha conducido el formato estival ¡De lunes a viernes!. A fecha de 2026, ¿afronta el ritmo frenético de la televisión desde un lugar de mayor disfrute?

Claro que lo disfruto más. Si alguna característica tiene el paso del tiempo, es la sensación de saber que todo es finito. Con 20, 30 o 40 años, te parece que esto no se va a acabar nunca y que la vida es eterna. Empiezas a pensarlo cuando tienes 60, e incluso antes, que al final son las crisis de la edad porque, físicamente, el cuerpo empieza a abandonar, fallar y ser más viejo. Estamos aquí de paso y dentro de unos años espero haber dejado a mis hijos en la mejor posición posible con respecto a ser buena gente, educados y grandes profesionales. Es lo único que puedo dejar, aparte de haber intentado que la gente que está a mi alrededor sea un poco más feliz. Ese es un gran objetivo en la vida: disfrutar del tiempo al 100% y teniendo mucho más en cuenta que pasa rápido.

¿Cómo percibe a las nuevas generaciones, como la de sus hijos, que comienzan a abrirse camino?

Están superformadas. Tienen muchísima formación y eso va a ser imprescindible para que puedan triunfar en sus trabajos. Me encanta no solo que están preparados, sino también las ganas que tienen. Yo no soy de los que dicen: “La juventud está fatal”. Llevamos cinco mil años diciendo eso, no es de ahora; ya lo decían Sócrates y Aristóteles. La juventud está como está. Está para aprender, hacer el loco, probar y ver hasta dónde pueden llegar, y eso es normal. Los jóvenes, que son mis hijos y sus amigos, son los que tengo más cerca y me parecen una generación que va a dar mucho.

En formatos como los que conduce, conviven rostros veteranos con personajes de las redes y los nuevos fenómenos virales. En plató, ¿alguna vez ha sentido una brecha generacional de códigos?

No siento una brecha o una ruptura. Es cierto que los jóvenes tienen unos gustos diferentes a los míos, pero todos tenemos gustos diferentes. En cuanto al trabajo, nosotros nos debemos al público objetivo que nos ve, que es gente más mayor. Hay menos jóvenes en la televisión y tenemos que pensar en la gente que está al otro lado, que también es un público más femenino. Pero no siento una ruptura en el sentido de que yo no pueda hablar con los jóvenes que hay en el programa, como Óscar Repo, Claudia [Chacón] o Maica [Benedicto]. Además, creo que puedo aprender mucho de ellos, de su lenguaje e intereses y de la forma en la que ven la vida. Ellos me enseñan, igual que también les puedo enseñar yo otras cosas. Tenemos que estar abiertos.

Cumplidos los 60, ¿cómo se lleva con el espejo?

¿Sinceridad o simpatía? Porque si optamos por sinceridad, me cuesta. Creo que a todos nos cuesta ver cómo te van saliendo arrugas y la piel te cuelga en algún sitio. O que pierdes pelo, aunque el pelo me importa menos. Estas cosas siempre chocan, también por lo que significan. Pero tampoco es que esté a disgusto con mi aspecto.

Usted es un personaje público. ¿Alguna vez ha sentido presión por encajar en algún canon estético con tal de seguir vigente en la pequeña pantalla?

Con las mujeres todo es más cruel. Yo llego a maquillarme y si estoy diez minutos, ya es mucho, pero una mujer puede estar una hora o dos. Las exigencias sociales son muchísimo mayores para ellas. Es muy complicado porque, en parte, tu trabajo lo tienes porque tienes una presencia física. Yo intento no pensarlo mucho, no se puede pensar más de la cuenta.

En una profesión tan estresante, a veces con horarios intempestivos y constante adrenalina, ¿ha incorporado nuevas rutinas de cuidado a su día a día?

Sí, pero por tener la vejez más saludable posible. He visto a mis padres, que eran de una generación que no se cuidaba porque no había esa cultura. Trabajaron, se esforzaron toda la vida y llegaron a una vejez muy mala, en el sentido de tener poca salud y estar muy fastidiados física y mentalmente. Para evitar eso, más que por el aspecto físico, hago deporte cuatro veces por semana. Lo hago para estar sano, no para ser el campeón del mundo de culturismo y ponerme camisetas sin mangas. Es para estar bien, para que el cuerpo funcione bien y para que mi cabeza esté el mayor tiempo posible sana y en sus cabales.

¿Es de los que mira al pasado y revisa lo vivido con nostalgia?

No, no, qué va. De hecho, no soy nostálgico porque tengo muy mala memoria. Como decía Enrique Rojas: “Buena salud y mala memoria”. No me acuerdo de muchas cosas, pero sobre todo no me acuerdo de las malas. Las buenas las tengo en mi vida porque son mis hijos, la relación con mi exmujer, que es fantástica, la relación con mis amigos, con la familia… ese es para mí el sentido de la vida.

También dicen que cumplir años nos ayuda a seleccionar mejor nuestras batallas y decir más “noes”

Eso no ha cambiado mucho. Lo que puedo haber aprendido en este tiempo, sobre todo, es a no pararme demasiado en las cosas malas, que nos pasan a todos porque la vida es así.

Lo que puedo haber aprendido en este tiempo, sobre todo, es a no pararme demasiado en las cosas malas, que nos pasan a todos porque la vida es así. Foto: IG/santiacostagallo

Viene de una saga familiar vinculada a los medios —es sobrino del inolvidable Federico Gallo—. ¿Qué huella le dejaron sus mayores y qué valores mantiene intactos de aquella educación?

La importancia de cuidar a quienes tienes a tu alrededor. La importancia de intentar que la vida sea más fácil para mis hijos y mis amigos, pero también para toda la gente con la que trabajo. Preocuparse por los demás era un principio fundamental en mi casa. Saber qué necesita el otro y estar pendiente. Luego el valor del trabajo, por supuesto. Si hay que terminar un trabajo, no importan las horas, los días o lo que sea; hay que hacerlo.

Imagino que esos valores los ha transmitido a sus hijos. ¿La paternidad le ha hecho más consciente del paso del tiempo?

Sí, pero es lo mejor que he hecho en mi vida. No hay nada mejor y todo en mi vida está en función de la paternidad. No hay nada que me haya hecho más feliz y que me parezca más importante que dedicar tiempo a tener hijos y formar una familia.

La palabra “jubilación”, ¿qué le suscita a día de hoy?

Y cuando llegue el momento de jubilarse, ¿sabe en qué empleará su tiempo?

No tengo muchas ganas de jubilarme, la verdad. De lo que tendría ganas sería de volver a empezar. Si me jubilase, creo que buscaría la forma de seguir haciendo cosas y viajar.

Mirando al mundo actual, ¿qué es lo que más le preocupa de cara al legado que dejamos a las próximas generaciones?

Me preocupan, por supuesto y como a todos, problemas que dejamos en el planeta, como el calentamiento global. Esos problemas vamos a enfrentarlos, pero sin decirle “vais a morir todos” a las nuevas generaciones, que igual no es el método. En el periodismo, muchas veces pecamos de apocalípticos. Indudablemente, hay cambios, pero hay que afrontarlos y adaptarse. Estamos en un momento de cambio geopolítico muy delicado, con todos los extremismos y populismos, con Trump y Putin… Deberíamos saber reconducirlo para llegar a los valores que teníamos en la Unión Europea. Eso sí que es necesario. Y hay una parte que nosotros podemos ofrecer, que es no estar tan radicalizados. Eso nos quita razón y visión de futuro. De aquí, o salimos todos juntos o no salimos. Estamos juntos, los problemas los tenemos que arreglar entre todos y hay que ver cómo llegamos a acuerdos.

Me habría ahorrado las veces que pude haber hecho daño a alguien. Foto: IG/santiacostagallo

¿Se arrepiente de algo o cualquier tropiezo era necesario?

Me habría ahorrado las veces que pude haber hecho daño a alguien, eso seguro. El resto había que pasarlo y disfrutarlo, sea malo o sea bueno; te hace crecer y la vida es lo que es.

¿Cuáles han sido sus mayores aprendizajes?

Me impresionaron todos los reportajes de investigación que hice al principio de los 2000. Todo lo que he visto de tráfico de drogas, prostitución infantil, tráfico de órganos… y la gente que lo estaba sufriendo. Quiero ser muy consciente del gran lugar en el que vivimos y del gran país que es España, donde tenemos de todo y una seguridad social maravillosa. Tenemos un gran país, con sus problemas, pero cuando estás fuera te das cuenta de que seguimos siendo un gran país. Aquellos reportajes cambiaron mi visión personal; te vuelves más agradecido por lo que tienes, por lo que te da tu familia, tus amigos, tu país, por todo. También me quedo con la sensación de que tengo que dar. No estoy aquí solo para recibir; también tengo que dar a los demás.

Fuente: www.clarin.com

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