Microsoft lo pausó y China lo activó: así funciona el centro de datos bajo el mar para enfriar la IA


China volvió a poner en el centro una idea que hace pocos años sonaba experimental, y continuó con el proyecto que Microsoft pausó. En plena expansión de la inteligencia artificial, el país activó un nuevo esquema de centro de datos bajo el mar que busca resolver cómo enfriar servidores sin disparar el consumo energético.
Detrás de este movimiento hay una presión concreta sobre la industria tecnológica: más procesamiento, más demanda eléctrica y más necesidad de instalar capacidad cerca de grandes polos urbanos o industriales.
En ese contexto, el modelo submarino volvió a ganar espacio como una alternativa para reducir costos de refrigeración y aprovechar recursos costeros. La comparación con Microsoft aparece sola porque fue una de las empresas que más visibilidad le dio al concepto, pero el mapa cambió.
Microsoft pausó su proyecto Natick, que funcionó como experimento y dejó aprendizajes técnicos, mientras que China pasó a una fase de implementación comercial con proyectos propios, primero en Hainan y después con una apuesta todavía más ambiciosa en Shanghái.
En vez de levantar un edificio tradicional lleno de racks y equipos de climatización, los servidores se colocan dentro de módulos sellados que se instalan bajo el agua. Allí, el mar funciona como regulador térmico natural y reduce de forma fuerte la energía que normalmente se destina a refrigeración.
En el caso del proyecto chino más reciente, el esquema suma otra capa: energía eólica offshore. Según la información publicada sobre el centro submarino de Shanghái, más del 95% de la electricidad proviene de turbinas eólicas marinas, con una capacidad total prevista de 24 megavatios en su primera gran fase.
El uso de agua de mar como refrigeración natural reduce la energía destinada al enfriamiento a menos del 10%, muy por debajo de lo que suele pasar en muchos centros de datos terrestres. Además, el proyecto apunta a un PUE de 1,15, una métrica que se usa para medir eficiencia energética en este tipo de instalaciones.
Hay otro punto que explica el interés del sector: el espacio. Un centro de datos tradicional demanda terreno, obras, redes de enfriamiento y mucha infraestructura auxiliar.
En el esquema submarino, el uso de suelo se reduce en más de 90% y desaparece la necesidad de agua dulce para climatización, algo especialmente sensible en un momento en que la IA multiplica la presión sobre los recursos.
La decisión no responde solo a una búsqueda tecnológica. También encaja con una estrategia más amplia de China para vincular nuevos centros de datos, energías limpias y demanda computacional.
El proyecto de Shanghái está visto como un caso de “sinergia entre computación y electricidad”, una fórmula que busca alinear infraestructura digital con generación renovable.
La presión de fondo es clara. El crecimiento de la inteligencia artificial elevó el consumo eléctrico del sector y volvió más costoso sostener grandes volúmenes de procesamiento.
En ese marco, ubicar servidores cerca de la costa y alimentarlos con viento marino permite acercar dos necesidades al mismo tiempo: potencia computacional y energía disponible.
China ya tenía un antecedente importante en Hainan. Allí comenzó a operar en 2023 el que fue presentado como el primer proyecto comercial de centro de datos submarino del mundo, cerca de Lingshui.
La instalación fue descripta como una especie de supercomputadora submarina, con capacidad para procesar más de 4 millones de fotos en alta definición en 30 segundos.
Fuente: www.clarin.com



