Hace 41 años encontró una cueva sumergida: ahora revelan que fue hogar del Homo sapiens


La cueva Cosquer es un tesoro arqueológico que descansa bajo las aguas de Marsella. El buzo Henri Cosquer halló este sitio único en el macizo del cabo Morgiou. El lugar resguarda secretos de miles de años a 37 metros de profundidad bajo el mar Mediterráneo.

El acceso a este santuario prehistórico es complejo y encierra peligros para los exploradores, según detalla la web del Ministerio de Cultura francés. Los buzos deben atravesar un túnel inundado de 137 metros de longitud para llegar a las salas principales. Esta galería termina en un espacio que todavía conserva aire y paredes decoradas por artistas de la antigüedad.

La historia oficial de la cueva estuvo marcada por la tragedia antes de su fama mundial. En septiembre de 1991, tres buceadores perdieron la vida en el conducto de entrada al sitio. Este triste suceso obligó a Henri Cosquer a declarar el hallazgo ante las autoridades el 3 de septiembre de ese año.

Las investigaciones de las últimas tres décadas arrojaron luz sobre quiénes vivieron allí. El sitio recibió grupos de Homo sapiens de forma casi constante entre hace 32.500 y 19.000 años. En aquel tiempo, el nivel del mar estaba mucho más bajo y la entrada era un camino seco.

Sobre la vida de estos antiguos habitantes, el equipo de investigación del Ministerio de Cultura de Francia fue preciso. El informe técnico señaló: “La densidad de las huellas dejadas por los hombres parece indicar una frecuentación abundante durante un periodo muy largo”.

Estos grupos humanos aprovecharon los ricos recursos de la zona para su subsistencia. Los muros de la cavidad muestran una fauna rica y variada que los artistas observaron en su entorno. Existen cientos de grabados y pinturas de caballos, ciervos y bisontes. También hay figuras de animales de las montañas como los rebecos y los íbices.

Lo que hace a esta cueva única en el mundo es la presencia de fauna marina en sus paredes. Los arqueólogos identificaron dibujos de focas y pingüinos, algo muy poco común en el arte de la Edad de Hielo. Estas obras demuestran que los humanos de la época tenían un vínculo estrecho con el litoral.

El paisaje que rodeó a la cueva era muy diferente al que vemos hoy en las costas francesas. La orilla del mar se encontraba a unos 10 kilómetros de distancia de los acantilados actuales. Los hombres de la prehistoria caminaron por lo que ahora es el lecho marino para alcanzar la entrada de su hogar.

Sin embargo, este inmenso patrimonio enfrenta una amenaza crítica por el cambio climático. El ascenso del nivel del océano es la preocupación principal de los expertos, ya que el agua inunda las salas. De hecho, varias obras que eran visibles en 1991 ya desaparecieron bajo las olas.

El informe del Ministerio de Cultura francés también advirtió sobre otros peligros externos. El documento oficial aseguró: “La contaminación marina introducida por las olas puede reforzarse desde la primavera y ser muy presente durante el verano”. Los científicos incluso hallaron microplásticos sobre algunas de las pinturas milenarias.

Para evitar la pérdida definitiva de este legado, los especialistas trabajan en un registro digital total. Desde el 2017, realizan escaneos de alta precisión en tres dimensiones de cada rincón de la cueva. Este esfuerzo busca que la memoria de este sitio sobreviva al avance del mar.

La cueva Cosquer es ahora un Monumento Histórico protegido de forma estricta por el Estado francés. Diversos equipos de arqueólogos, geólogos y climatólogos cooperan para entender este ecosistema tan frágil. El objetivo final es rescatar la mayor cantidad de información antes de que el océano reclame el lugar por completo.

Por último, los investigadores destacaron el valor emocional de los restos que hallaron en el suelo. El texto de síntesis científica resaltó: “La cueva presenta numerosas huellas de las actividades humanas, como fogones con muchos carbones y huellas de manos de niños”. Estos rastros conectan a nuestra sociedad con el pasado más remoto de la especie humana.

Fuente: www.clarin.com

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