Un pueblo de Italia fue invadido por pavos reales: duermen en los tejados y despiertan a todos con sus gritos


Punta Marina está sufriendo una nueva invasión de pavos reales. Esta pequeña aldea perteneciente al municipio de Rávena, en Italia, acarrea este problema desde al menos una década.

El tema volvió a ser noticia porque los vecinos salieron a las calles a protestar. Denuncian que desde la pandemia se reprodujeron y ahora duermen en pinos y tejados.

Causan problemas para dormir, daños en los techos y las filtraciones de agua, destrozos en los jardines y ensucian automóviles y casas con sus plumas.

La Municipalidad procederá llevando a cabo un censo este mes con la utilización de drones, confirmó la agencia Ansa. Está registrado que en 2014 había diez pavos reales en la región y que la mayoría vivía en el pinar que rodea la antigua colonia de la Fuerza Aérea en la aldea.

Según informó la edición local de Resto del Carlino, el zoológico Safari Ravenna, que ya aloja a entre 100 y 120 ejemplares, se puso a disposición para acoger a 20 más. Lo único que pide a la policía es que los capturen, les implanten un microchip para su seguimiento y se encarguen de su reubicación.

Los pavos reales suelen vivir en zonas cálidas, con árboles para refugiarse y espacios abiertos para caminar y buscar alimento.

En estado silvestre, el pavo real más conocido, el pavo real azul o indio, es originario del subcontinente indio, sobre todo de India y Sri Lanka. Habita en bosques abiertos, selvas secas, matorrales, zonas agrícolas y cercanías de aldeas, siempre que haya agua y árboles donde dormir.

También se los ve mucho fuera de su hábitat natural porque fueron introducidos o criados en distintos países. Por eso pueden encontrarse en parques, jardines, reservas, zoológicos, estancias y fincas privadas.

En general, no son peligrosos para las personas. Los pavos reales suelen ser aves más bien territoriales y ruidosas, pero no representan un riesgo serio.

Sí pueden ponerse agresivos en algunas situaciones: si se sienten acorralados, si alguien se acerca demasiado a sus crías, si están en época de apareamiento o si fueron acostumbrados a recibir comida de personas y se vuelven insistentes.

El mayor “peligro” suele ser menor: picotazos, arañazos con las patas o sustos por sus gritos y despliegues. También pueden dañar jardines, ensuciar espacios y atacar su propio reflejo en autos o ventanas.

Fuente: www.clarin.com

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