El misterio de los montículos megalíticos que desconcierta a los arqueólogos


La región de la Serra do Laboreiro, territorio que hoy comparten España y Portugal, resguarda uno de los mayores complejos de arquitectura megalítica de todo el continente europeo. Este escenario arqueológico, poblado por miles de túmulos y dólmenes, supone un enigma persistente para los investigadores de la prehistoria.

Los registros oficiales para el noroeste de la península ibérica superan en la actualidad las 10.000 estructuras funerarias. En el área específica bajo estudio, el número de monumentos identificados ascendió de 64 a casi 200 gracias a las recientes exploraciones de campo y revisiones de bases de datos.

El foco del desconcierto científico radica en la escasez de excavaciones sistemáticas en la gran mayoría de estos yacimientos. Esta falta de información directa sobre el interior de los montículos impide una interpretación definitiva sobre las sociedades que los construyeron hace más de cinco milenios.

“El trasfondo de estos monumentos descansa tras una multitud de prácticas, muchas de ellas desconocidas o mal comprendidas, que se extienden durante un periodo cronológico prolongado”, sotiene un estudio publicado en la revista Journal of Archaeological Science.

La naturaleza de este paisaje no es uniforme ni estática, sino que presenta un marcado carácter diacrónico, explicaron los expertos Denise Lima e Silva (Universidad de Coimbra) y Miguel Carrero-Pazos (Universidad de Santiago de Compostela).

Los grupos humanos utilizaron, abandonaron y transformaron estos espacios a través de los siglos, lo que dificulta la tarea de establecer fases de actividad claras para cada estructura.

El fenómeno destaca por su extrema heterogeneidad y su condición polimórfica. La arquitectura varía de forma considerable entre dólmenes abiertos, cámaras con corredor y cistas megalíticas, lo que sugiere una diversidad de intenciones sociales que la ciencia aún no logra descifrar por completo.

Ante el vacío de datos por excavación, la arqueología moderna emplea hoy tecnologías de vanguardia como el LiDAR y los Sistemas de Información Geográfica (SIG). Estos métodos facilitan la detección de montículos ocultos bajo la densa maleza y el análisis de los patrones espaciales en el territorio.

Los análisis estadísticos aplicados a la zona revelan que la altitud funciona como la variable predictiva más relevante para la ubicación de los sitios. Los constructores mostraron una preferencia clara por las cumbres planas y prominentes, situadas de manera principal entre los 800 y 1.200 metros de altura.

La visibilidad del entorno también influyó de forma decisiva en la colocación de las tumbas. Los investigadores plantean la hipótesis de que estos sitios se establecieron en puntos estratégicos para optimizar la comunicación visual, el control del paisaje o la demostración de un dominio simbólico sobre la tierra.

El misterio de los montículos megalíticos perdura, pero los nuevos hallazgos subrayan la complejidad de la relación entre la cultura antigua y el medio físico. “La agencia humana no se ve determinada por las restricciones ambientales, sino que opera dentro de ellas”, concluyó el estudio sobre este vasto complejo milenario.

Fuente: www.clarin.com

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