Dejar España con 40 años y dos hijos para empezar de cero en Irlanda: “El sueldo es el doble de lo que cobraba en España y aun así está entre los más bajos de aquí”

María Requelme llevaba años imaginando cómo sería vivir fuera de España. La idea le rondaba la cabeza desde antes incluso de tener hijos, pero durante mucho tiempo siempre había alguna razón para dejarla para más adelante. Así, su vida continuaba: formó una familia, llegaron dos hijos, construyeron su rutina en Zaragoza y aquel proyecto fue quedando aplazado hasta que, paradójicamente, fue la edad del mayor la que terminó acelerándolo.
Tiene 14 años y este curso habría empezado tercero de ESO, así que María y su marido pensaron que, si querían vivir la experiencia los cuatro juntos, probablemente había llegado el momento. “Sentíamos que o lo hacíamos ahora o ya se iba a complicar mucho más a nivel de estudios”, recuerda.
El 27 de julio llegaron a Irlanda con sus hijos, de 14 y 9 años, para empezar prácticamente desde cero. María, que cumplirá 40 años en noviembre, trabaja como educadora infantil y buscaba también conocer otra forma de ejercer su profesión, mientras que sus hijos han tenido que dejar atrás colegio, amigos, abuelos y, en el caso de la pequeña, incluso la gimnasia rítmica que practicaba en España. Menos de dos meses después, la familia empieza a construir una nueva rutina entre un colegio distinto, nuevos amigos y otro idioma. El cambio, reconoce, ha tenido momentos de miedo y nostalgia, pero también le ha demostrado que, por mucho que esperes, el momento perfecto no existe.
¿Cuándo decidisteis que ese sueño de vivir fuera tenía que dejar de ser un “algún día”?
Lo teníamos en mente desde antes de tener hijos, pero con ellos lo ves más difícil porque tienes que mover muchas más cosas, cambiar colegios… A finales del año pasado empezamos a sentir que teníamos que hacerlo y también influyó mucho la edad de mi hijo mayor. Tiene 14 años y estaría ahora en tercero de ESO en España. Pensábamos que, si queríamos hacerlo los cuatro juntos, era ahora, porque en cuarto o Bachillerato podía ser mucho más complicado. Nuestra primera opción era Finlandia, pero no terminaba de salir nada y un día pensé: “¿Y por qué no Irlanda?”. Mi hijo ya había estado aquí de intercambio, conocía gente que había vivido en el país y todo fue surgiendo de una manera bastante natural.
¿Qué buscabais en Irlanda que no encontrabais en la vida que teníais en Zaragoza?
Por una parte estaba mi trabajo. Soy educadora infantil de cero a tres años y siempre había querido experimentar cómo era trabajar de otra manera. Aquí hay otras ratios, otras metodologías y, al menos en mi escuela, pasamos muchísimo tiempo al aire libre. También queríamos mejorar el inglés, sumergirnos en otra cultura y vivir en un lugar algo más calmado. La cultura aquí es más tranquila y siento que permite encontrar un equilibrio diferente entre la vida laboral y la personal.
Mucha gente se plantea algo así con 20 o 25 años. ¿Qué pesa más cuando estás cerca de los 40 y tienes dos hijos?
Para mí, sobre todo, el miedo por ellos. La decisión la tomamos entre los cuatro y ellos tenían ilusión, pero como madre piensas: “¿Y si no se adaptan al colegio? ¿Y si echan demasiado de menos a sus amigos?”. Ya no son niños pequeños. Al mismo tiempo, también pensaba que podía ser una manera de abrirles el mundo y enseñarles que, cuando sean mayores, pueden hacer lo que quieran y vivir donde quieran, no únicamente quedarse donde les ha tocado nacer. Eso me parecía muy positivo, pero sin duda lo que más miedo me daba eran ellos.
Eso me parecía muy positivo, pero sin duda lo que más miedo me daba eran ellos. Foto: IG/mariadeviviendoconpeques¿Llegaste a pensar, cuando se acercaba la mudanza, que quizá os estabais equivocando?
El mes anterior sí pensaba muchas veces: “¿Dónde me estoy metiendo?”. Una cosa es soñarlo y verlo con muchísima ilusión y otra empezar a despedirte de tu familia, de tus vecinos y preparar de verdad toda la mudanza. Somos una familia muy unida y también me preocupaba separar a los niños de sus abuelos. Nosotros habíamos vendido nuestra casa un par de años antes y decidimos no comprar otra precisamente porque siempre teníamos esta idea de marcharnos, así que estábamos preparados en ese sentido, pero cuando llega el momento real aparecen todos los miedos.
¿Cómo reaccionaron vuestros hijos cuando entendieron que realmente iban a dejar su vida en Zaragoza?
Lo habíamos hablado muchas veces y ellos sabían que era un sueño familiar. Recuerdo una cena en la que dijimos: “A ver si lo hacemos realidad”. Mi hijo es mucho más lanzado y prácticamente dijo que nos fuéramos al día siguiente. Mi hija necesitó pensárselo. Tenía una relación muy fuerte con nuestras vecinas, que eran casi como hermanas para ella, y además competía en gimnasia rítmica, que también iba a dejar. Me dijo: “Necesito un par de días”. Se los dimos y después nos dijo que sí, que echaría muchísimo de menos todo aquello, pero que nos fuéramos. A partir de ahí intentamos que participaran en todo: buscar la casa, conocer la ciudad y entender cómo iba a ser nuestra nueva vida.
¿Cómo están viviendo ahora la adaptación con 14 y 9 años?
Son dos personalidades completamente distintas, pero los colegios se lo han puesto muy fácil. Prácticamente desde los primeros días regresaban contentos porque habían conocido gente. El mayor ya tiene amigos y ha empezado a jugar a fútbol, aunque todavía está formando su grupo. Cada uno tiene su nostalgia y sus cosas que echa de menos de España, pero también empiezan a tener cosas que les encantan de aquí. El otro día mi hijo de 14 años me dijo que tenía ganas de ir al colegio. En secundaria no suele decirse algo así, así que para mí fue bastante significativo. Aquí además sienten una exigencia escolar algo más relajada y eso también está haciendo la adaptación más llevadera.
¿Qué ha sido lo más difícil desde que llegasteis?
Aprender que puedes sentir muchísima felicidad y nostalgia al mismo tiempo. Lo notamos especialmente cuando vienen los abuelos. Estamos encantados de verlos, pero después llega el momento de despedirnos y ellos se marchan mientras nosotros nos quedamos aquí. Esa mezcla no la habíamos vivido nunca. Por lo demás, llegar en verano ayudó bastante porque los niños tuvieron casi un mes antes de empezar el colegio. No tuvieron que afrontar todos los cambios de golpe y poco a poco empezamos a sentir que esto ya era nuestra casa.
Puedes estar bien en otros lugares. Foto: IG/mariadeviviendoconpequesTú también has empezado de cero profesionalmente. ¿Qué diferencias has encontrado trabajando como educadora infantil?
En mi caso tengo aproximadamente la mitad de niños que tenía en España y eso permite trabajar mucho mejor. El sueldo está entre los más bajos de Irlanda, pero aun así es aproximadamente el doble de lo que cobraba en España. También me ha sorprendido cuánto tiempo pasamos fuera: por la mañana estamos alrededor de una hora y media en el exterior y por la tarde volvemos a salir. Aunque llueva, los niños se ponen las botas de agua y ropa adecuada y juegan con barro, arena o agua. Además, todo está muy controlado. Por ejemplo, cuando están durmiendo la siesta tenemos que registrar cada diez minutos que siguen bien y en qué posición están. Siento que la etapa de cero a tres años está mucho más regulada.
Después de tantos años aplazándolo, ¿qué has aprendido al dar finalmente el paso?
Que puedes estar bien en otros lugares. A veces parece que, como has nacido en una ciudad y allí están tu familia, tus amigos y todo lo que conoces, querer algo diferente significa que eres demasiado ambicioso o que no sabes conformarte. Y no tiene por qué ser así. Nosotros estamos aquí, mis hijos están felices y yo estoy contenta en mi trabajo. Durante años esperas el momento perfecto, pero ese momento nunca va a existir, porque siempre supone salir de tu zona de confort. Para mí ha sido como volver a nacer: descubrir por primera vez un supermercado, empezar un trabajo nuevo, acompañar a tus hijos en su primer día de colegio… Puedes vivirlo desde el miedo o pensar: “Estoy teniendo nuevas oportunidades que creía que ya no iba a tener”. Por eso, si alguien tiene esa inquietud, le diría que lo intente. La edad no es un impedimento para nada.
Fuente: www.clarin.com



