Cavó en el jardín y destapó un crimen olvidado hace 160 años: un perro encontró una botella de veneno del siglo XIX

Cuando Paul Phillips notó que su perro escarbaba casi obsesivamente en el patio trasero de su casa, se acercó para observar qué había descubierto su labrador, llamado Stanley.
Al principio, pensó que se trataba de una pipa, así que decidió cavar la tierra con sus propias manos. Para su sorpresa, se trataba de una botella azul con la leyenda “No debe tomarse“.
Rápidamente, indagó en internet. El hombre de 49 años descubrió se trataba de un antiguo frasco victoriano que comenzó a usarse mediados del siglo XIX. Luego, ató los cabos y recordó el caso de Mary Ann Ashford, una mujer acusada de haber envenenado a su marido William y sentenciada a la horca en 1866.
Un labrador desenterró una antigua botella azul en el jardín de su dueño | Foto: archivo. El hecho ocurrió en Exeter, una ciudad inglesa, junto donde vive él actualmente, y es un caso emblématico, ya que fue la última mujer en ser ahorcada en público -frente a 20 mil personas- en el condado de Devon.
“Es fascinante que hayamos encontrado en mi jardín un pedacito de historia de una mujer que desempeñó un papel fundamental en el fin del castigo corporal hace 160 años”, contó Paul, de acuerdo con medios como Daily Star, Metro y Devon Live, que se hicieron eco de la historia.
Cómo la muerte de Mary Ann cambió el curso de las penas capitales
De acuerdo con el sitio Capital Punishment UK, que narra la historia de la pena capital en Reino Unido, Mary Ann Ashford, de 45 años, mantuvo una relación extramatrimonial con William Pratt, de 23 años.
Su esposo, el zapatero William Ashford, poseía una herencia valorada en 120 libras esterlinas, de la cual Mary Ann era la única beneficiaria. El motivo del crimen fue la intención de iniciar una vida con su amante mediante ese dinero.
El frasco, con la advertencia “No debe tomarse”, sería del siglo XIX | Foto: archivo. El alguacil del pueblo, William Butt, vivía al lado de los Ashford y él y su esposa eran amigos cercanos de ellos. El 3 de noviembre de 1865, la señora Butt, observó una sustancia azul con textura arenosa en el té y las medicinas de William Ashford. Ante la sospecha, retiró una muestra y la envolvió en papel
Durante la madrugada, William Ashford sufrió convulsiones y murió poco después. Tras su muerte, la señora Butt le contó a su esposo sobre el polvo azul. El alguacil arrestó a Mary Ann, quien intentó deshacerse del veneno, pero derramó una parte en su vestido.
Una análisis quimíco descubrió que se trataba de arsénico y estricnina. Entre el 16 y 17 de marzo Mary Ann fue juzgada por el el juez Byles. Fue condenada a muerte y devuelta a la cárcel de Exeter para esperar su ejecución.
La historia remite a Mary Ann Ashford, cuya ejecución impulsó el fin de las ejecuciones públicas | Foto: archivo. Unos días antes, Mary Ann intentó quitarse la vida. Los ruidos en la celda alertaron al carcelero, quien frustró su intento. Un cura intentó que confesará, pero Mary Ann solo aceptó la culta y no brindó más detalles de crimen.
A las ocho de la mañana del 28 de marzo, una multitud se reunió frente a la cárcel. Tres guardias tuvieron que cargar a Mary Ann hasta la horca debido a su debil estado físico. El verdugo William Calcraft ejecutó y Mary Ann tardó tres minudos en morir.
Según registros períodisticos, el verdugo tiró de las piernas de la mujer para acelerar su muerte. El parlamentario William Ewart cuestionó la conducta de este acto ante el Secretario de Estado. Este suceso contribuyó al fin de las ejecuciones públicas, medida que el gobierno adoptó dos años después.
Una reliquia que despierta más preguntas que respuestas
Paul consideró “muy raro” que la botella estuviera enterrada. “El hecho de que hubiera un asesinato por envenenamiento en la casa de al lado de la nuestra; hay que atar cabos. Estaba enterrada y no tirada en la basura, lo que demuestra que alguien intentaba esconderla“, sostuvo.
El frasco estaba enterrado, lo que sugiere que alguien quiso ocultarlo | Foto: archivo. Actualmente, guarda la botella en su garage, a la espera de que un historiador local lo ayude a obtener más información sobre la botella. “Ahora mismo está en el garaje, lo cual es una pena porque es precioso, pero seguro que tiene algo raro“, contó.
“Lo que es una locura es que Stanley, después de desenterrar la botella, no escarvó más allí desde entonces”, agregó.
Fuente: www.clarin.com



