Hervé Barmasse, alpinista y guía de montaña: “Reduje mis expediciones porque contaminan demasiado y subir a la cima más alta del mundo solo para una selfie no es alpinismo; debemos preguntarnos qué es lo que realmente queremos”

Hervé Barmasse es un alpinista italiano reconocido en el panorama internacional por sus ascensiones en solitario y la trayectoria de su familia como respetados guías de montaña. En diálogo con el Corriere della Sera explicó los motivos por los que redujo sus expediciones y reflexionó sobre la situación actual del alpinismo.
Lo conocen como “el amo del Cervino”, creció a los pies de ese monte en Italia y fue el inicio de su pasión por el montañismo. Nacido el 21 de diciembre de 1977 en el Valle de Aosta, es la cuarta generación de la familia Barmasse que se dedica a ser guía y alpinista.
Hervé Bramasse, alpinista italiano. Foto: Facebook/HerveBarmasseOfficial“Cuando solo era un adolescente, empecé a interesarme por la montaña y a los 15 años ya era una promesa del esquí, pero tuve un accidente grave que destrozó mi futuro como profesional”, reveló.
“Me recuperé y tras un año en rehabilitación mi padre me regaló una visita al Monte Cervino, una mañana fría de octubre, e hice mi primera subida al Gran Becca, sin imaginar que gracias a las montañas viviría algunas de las experiencias más emocionantes de mi vida”, expresó.
El amo del monte Cervino, Hervé Barmasse: “Debemos darnos cuenta de que hay algo que no va bien”
Fue el primero en enlazar en invierno y en solitario las cuatro aristas del Cervino, algo que su padre hizo anteriormente, pero no en invierno.
El Cervino, también llamado El Matterhorn, es una icónica cumbre de 4.478 metros de altitud, famosa por su forma piramidal. Se ubica en la frontera entre Suiza e Italia y se lo considera un legendario y exigente desafío para escaladores de todo el mundo.
Fue el segundo alpinista, después del mítico Walter Bonatti, en abrir una nueva ruta en solitario al Cervino, a través del Picco Muzio. Tiene el récord de rutas nuevas en el Cervino en primeras ascensiones en solitario y primeras invernales.
También realizó la primera invernal, en solitario y en autonomía, de los 17 picos del skyline del Gran Sasso, del macizo de los Apeninos, ubicado en la región italiana de los Abruzos, en un recorrido de 67 kilómetros de distancia y 7.200 metros de desnivel.
Su ascenso a Katmandú, punto de partida para las grandes expediciones de alpinismo en el Himalaya. Foto: FB/HerveBarmasseOfficialSu carrera está llena de hazañas en las alturas, dos de las cuales fueron en la Patagonia argentina y chilena. En febrero de 2008 viajó a El Chaltén, en la provincia argentina de San Cruz, y realizó en la primera ascensión directa y apertura de su cara noroeste en el Cerro Piergiorgio, acompañado por el escalador Cristian Brenna.
Además hizo cumbre en el Cerro San Lorenzo, un imponente coloso binacional de 3.706 metros ubicado en la frontera de Argentina y Chile. En Pakistán también hizo importantes ascensos en las montañas del Karakórum.
Más allá de su trayectoria como alpinista, Barmasse también mostró la montaña en toda su dimensión en su faceta de escritor y director. En 2011 ganó el premio del público por Línea continua y suele ser un invitado habitual en el Festival de Cine de Trento.
“Si observamos los resultados en el alpinismo, como en todos los deportes, hubo una mejora en la tecnología, que nos brindó nuevas oportunidades y hace que nuestro rendimiento pueda mejorar, pero el alpinismo no es un deporte común, es una actividad al aire libre y no debería reducirse a una competición para ver quién conquista más cumbres”, definió Barmasse.
Con amigos o en solitario, el alpinista italiano dedica su vida a las montañas. Foto: FB/HerveBarmasseOfficialRecordó las fotos que se viralizaron del monte Everest lleno de toneladas basura y la descontaminación que ocurrió durante la pandemia de coronavirus, y apeló a los valores éticos y morales de cada alpinista.
“Debemos darnos cuenta de que hay algo que no va bien. El rendimiento no basta, hay que cuestionarse también la ética de lo que se está haciendo y entender si se trata de una evolución o de una involución“, manifestó.
“Lo que ocurre en el Everest ocurre en las 14 montañas más altas del mundo. Sin embargo, los alpinistas, incluidos muchos profesionales, suben en fila exactamente igual que los turistas y siguen mostrándose reacios a denunciar esta involución”, señaló.
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“Mientras sigamos poniendo el Everest como ejemplo, todo el mundo caerá en el mismo error. Subir a la cima de la montaña más alta del mundo solo para tomarse una selfie no es montañismo”, sentenció.
Las dos reglas del alpinismo, en jaque
Desde hace algún tiempo empezó a utilizarse el gas xenón para reducir los tiempos de aclimatación. Algunos escaladores lo inhalan para mejorar el rendimiento frente a la falta de oxígeno antes de escalar montañas muy altas, pero su uso genera controversia.
“Bastaría con entrenar y llegar más preparados. Si se recurre a ese gas, ya no se habla de alpinismo, sino que todo se reduce a un impacto continuo sobre la montaña y el medio ambiente“, remarcó Barmasse.
“Si respetamos la montaña podemos sumergirnos en una experiencia igualmente profunda. Para mí lo importante es intentar superar nuestros límites, no solo físicos, sino en intentar hacer algo diferente para contribuir al mundo”, sostuvo.
Puso como ejemplo el impacto de la huella de carbono en el derretimiento de los glaciares. “¿Qué suelen hacer los alpinistas más famosos? Organizan expediciones al otro lado del mundo, que implican una logística en cadena y en masa, suben a aviones y aumentan inevitablemente su impacto medioambiental”, detalló.
El alpinista reflexionó sobre la contaminación medioambiental. Foto: FB/HerveBarmasseOfficial“Por eso, personalmente, decidí reducir mucho mis expediciones, porque contaminan demasiado. Pasé de cuatro expediciones al año a una, como mucho dos”, reveló.
Como director cuestionó también el tipo de imaginario que algunas películas contribuyen a difundir. “En los documentales de alpinismo se valoran sobre todo las grandes expediciones fuera de Europa, los viajes lejanos, casi como si se sugiriera que la aventura es tanto más auténtica cuanto más nos alejamos de casa“, argumentó.
“Se podría premiar más también a las experiencias cercanas, a las que se puede llegar con medios sostenibles, que también son historias profundas y significativas”, continuó.
“Creo que todos pueden poner de su parte, incluso renunciando a algo. El alpinista debería dar ejemplo y respetar al menos dos reglas del alpinismo: el respeto por el territorio y el respeto por las personas“, sentenció.
“Nuestras montañas se están empobreciendo del elemento más preciado que tenemos: el agua, en forma de hielo y nieve. Lo dramático es que no se quiere intentar ponerle remedio. Como seres humanos somos tan necios que en lugar de pensar en nuestro futuro, seguimos destruyendo el de otras naciones y otros pueblos”, lamentó.
“Esto ya lo dijo en 1996 Jon Krakauer, alpinista, periodista y escritor estadounidense. Pasaron 30 años, pero muchas cosas no parecen haber cambiado”, manifestó.
¿La IA puede impactar en el alpinismo?: la respuesta de un experto
Barmasse sostuvo que las grandes expediciones no tienen por qué ser necesariamente el ejemplo que todos deban seguir. “Es un poco lo que ocurre con la inteligencia artificial: creamos cosas porque pensamos que son más lindas que la realidad, pero pronto nos daremos cuenta de que no es así”, sostuvo.
“Hoy no se puede escalar una montaña mediante la inteligencia artificial. La IA nunca podrá recrear la emoción que se siente al estar en la cresta sobre nieve inestable. Podrá generar una imagen similar, pero desde una habitación nunca se sentirá lo mismo, ni con realidad aumentada ni con ninguna tecnología”, sentenció.
Hervé Barmasse hace una o dos expediciones por año para mantener su compromiso sustentable. Foto: FB/HerveBarmasseOfficial“La pregunta correcta que debemos hacernos es: ¿qué es lo que realmente queremos? Creo en las emociones que se viven al practicar algo que te gusta, al experimentar algo que probablemente nunca antes se haya vivido”, remarcó.
Habló de “emoción auténtica” y del equilibrio entre lo que somos capaces de hacer y lo que aún nos queda por aprender. “Aprender, cuesta esfuerzo, y la montaña nos lo enseña muy bien, y a ese valor de la constancia no hay que darle la espalda”, agregó.
“Sino nos encontraremos persiguiendo aquello que ahora queremos evitar mediante la inteligencia artificial: el esfuerzo, la experiencia, la verdad, incluso cuando resulta incómoda. Quien lo comprenda antes tendrá una gran ventaja”, dijo con convicción.
Centrado en dar un mensaje diferente, asegura que la aventura no depende de la distancia recorrida, sino de la perspectiva con la que se experimentan las montañas y el territorio.
“Quizás las cosas cambien cuando otra generación ocupe el lugar de quienes están actualmente en el poder, que solo están causando daños”, denunció.
“Las organizaciones centradas en la sostenibilidad, como el Festival de Cine de Trento, podrían convertirse en un ejemplo aún más sólido al promover progresivamente producciones y métodos de viaje de bajo impacto. Sería una decisión difícil, sin duda, pero también una gran señal cultural”, proyectó.
Fuente: www.clarin.com



