el nuevo capítulo político y judicial de Cristina


Cada señal, por sí sola, pesa una enormidad. Pero allí están, juntas, una arriba de la otra, sobre las espaldas de Cristina Kirchner. El nuevo capítulo de su vida política y judicial, con su presencia este martes en Tribunales, bien podría titularse “La Caída”.
Hay datos excepcionales: la expresidenta debió ir a declarar a Comodoro Py en la causa de corrupción más escandalosa de la historia argentina; los “Cuadernos de las Coimas”, un entramado nefasto entre funcionarios y empresarios para saquear durante años al país.
Pero también hay en esta serie datos ordinarios: Cristina tuvo que ir en persona, después de que le ajustaran el funcionamiento de su tobillera electrónica, y debió contestar, como cualquier reo/a que comparece ante un juez, si tenía algún apodo en particular.
La propia exmandataria, que lleva 278 días detenida en un departamento en la calle San José 1111, reconoció que puede “morir presa”. “Con estos jueces”, aclaró, para decir que esto “no es un persecución política”, sino que se trata de “prácticas mafiosas”. La estrategia del lawfare que tan poco resultado le dio hasta ahora.
Desde temprano, se hicieron eco su hijo Máximo y algunos dirigentes fieles, como la exintendenta de Quilmes Mayra Mendoza. Agradecimiento de por vida: ambos le deben su carrera política a Cristina. También, en parte, se la debe Axel Kicillof, que tuiteó pero en paralelo trabajó para su presente y futuro: hizo un reclamo de fondos en la Corte y participó de un acto pensando en su candidatura 2027.
Kicillof, quien en la intimidad insiste en que nunca se va a pelear con Cristina, se emancipó el año pasado cuando la desoyó y decidió separar la elección bonaerense. Lo que antes era una orden que había que cumplir, ahora es una sugerencia que se puede desoír.
Lo del gobernador no es aislado. Son cada vez más los dirigentes del PJ que entendieron que lo que viene depende cada vez menos de la voluntad de la exmandataria. Cristina está impedida de por vida para ocupar cargos públicos. Ni siquiera puede votar. La borraron del padrón.
Aun así, es cierto que cuando les preguntan a los votantes peronistas por sus principales referentes, la expresidenta sigue figurando arriba. Ella y Kicillof, ambos con números magros. En lenguaje político, pelea de enanos.
Pero más allá ese dato casi de interna peronista bonaerense, ante la opinión pública en general, Cristina parece encontrarse en una posición de no retorno. Desde que dejó la presidencia, en 2015, convive con un rechazo sólido, inconmovible, cercano a los 60 puntos.
Días atrás, una consultora que trabaja hace años para el kirchnerismo indagó sobre ese rechazo. Las conclusiones que aparecen allí son lapidarias: la responsabilizan por la degradación ética del país y el robo del futuro. También, por haber desperdiciado una oportunidad única para la Argentina. Volviendo al tema de los apodos, la califican como “chorra”, “corrupta”, “sádica” y “dictatorial”.
Esta orfandad, que nunca será reconocida en público, explica por qué La Cámpora, con su hijo a la cabeza, entendieron que deben aferrarse a los cargos y a las cajas que aún manejan para sostenerse. Ayer revolucionarios, hoy sobrevivientes.
Fuente: www.clarin.com



