Encontraron huesos de camellos medievales en una fortaleza romana del año 100


La fortaleza de Belgrado, conocida como Kalemegdan, es el corazón histórico de la capital serbia. Durante siglos, ocupó una posición estratégica del sureste de Europa, en la confluencia de los ríos Sava y Danubio, conectando rutas fluviales, corredores terrestres y zonas fronterizas entre la península balcánica y la cuenca de los Cárpatos.
Situada en la parte alta de un promontorio de 125 metros, por allí pasaron dacios, tracios, tribus celtas, legiones romanas, invasores godos y hunos, ávaros, turcos, austríacos, serbios… y hasta camellos, según explican los arqueólogos que trabajan en el yacimiento.
En 2014, durante unas excavaciones frente a la Puerta Este de la Ciudad Baja, se encontraron restos de varias especies animales. Las evidencias, sin embargo, se almacenaron sin ser estudiadas a fondo. Hasta que hace unos meses se examinaron como parte del primer estudio zooarqueológico de huesos de la fortaleza.
A priori, casi nadie ubicaría camellos en el Belgrado medieval. Pero los análisis revelaron que fueron habituales en la ciudad entre los siglos XV y XVII, ofreciendo una valiosa evidencia de desplazamientos a larga distancia a través de los Balcanes centrales y occidentales, según revelan los expertos en un artículo publicado en la revista Archaeological Science: Reports.
La presencia de camellos en el sitio (cuyos restos se han descubierto junto a muestras de otros 271 especímenes) sugiere que la zona no solo era un bastión militar y administrativo, sino también un punto de contacto en redes más amplias de comercio, transporte y movilidad.
A finales de la Edad Media, la antigua fortaleza romana de Singidunum, base de la Legio IIII Flavia Felix, siguió siendo un importante centro defensivo que permitía el control del tráfico a lo largo del Danubio y a través de los Balcanes. Los restos recién identificados entrarían en este movimiento por un paisaje fronterizo densamente conectado.
El estudio comparó restos de animales de estratos romanos datados entre los siglos I y II d.C. con los del final de la Edad Media (siglos XV y XVII). El primer conjunto estaba compuesto principalmente por ganado vacuno, ovino y caprino, con una menor cantidad de huesos de cerdo y animales salvajes. Algunos animales fueron sacrificados siendo aún jóvenes, probablemente para el consumo de carne.
Los restos de finales de la Edad Media era más diverso. Incluía ovejas, cabras, ganado vacuno, équidos y camellos. La mayoría de estos animales parecen haber sobrevivido hasta la edad adulta, lo que podría indicar su uso para la obtención de productos secundarios como la leche y la lana y para trabajos, tracción o el transporte.
Un resultado destacó de inmediato: los huesos de cerdo no aparecían en los depósitos medievales. Los investigadores sugieren que este patrón podría reflejar las normas dietéticas introducidas durante el dominio otomano, cuando el consumo de carne de cerdo estaba prohibido por la ley islámica.
Los huesos de camello se confirmaron mediante la técnica de huella peptídica de colágeno, conocida como ZooMS. Este método analiza los marcadores proteicos conservados en el colágeno óseo y puede ayudar a identificar especies animales incluso cuando los huesos están fragmentados o son difíciles de distinguir solo por su forma.
Como muchos han podido suponer, los camellos no son animales habituales en la economía ganadera medieval típica de los Balcanes centrales y occidentales. Por eso el hallazgo de sus huesos en Belgrado sitúa el yacimiento en un contexto más amplio de transporte, intercambio y movilidad, dicen los investigadores.
Los arqueólogos creen que estos mamíferos artiodáctilos más habituales de las zonas desérticas de Arabia llegaron a la fortaleza mediante desplazamientos de larga distancia, probablemente relacionados con el comercio, la logística militar o las redes de transporte.
Los registros históricos muestran que los camellos estaban presentes en algunas partes de los Balcanes durante la Edad Media. Los gobernantes húngaros y serbios eran sus propietarios, y los ejércitos otomanos los utilizaban para transportar suministros y equipo pesado.
En la Eurasia medieval y de principios de la Edad Moderna, los camellos eran valorados como animales de carga por su capacidad para transportar objetos pesados a largas distancias. Su presencia en la actual Serbia podría reflejar el movimiento de caravanas, comerciantes, suministros militares o tráfico administrativo a través de la región.
Aunque unos pocos huesos de camello no pueden reconstruir por sí solos toda una red, en una fortaleza situada entre ríos, caminos y fronteras políticas son suficientes para demostrar que el Belgrado medieval estaba conectado a un mundo mucho más amplio que sus murallas.
Fuente: www.clarin.com



