Qué rol tenían los perros en la cultura maya: las nuevas pistas de la ciencia


Nuevos estudios bioarqueológicos realizados en las tierras bajas de Guatemala determinaron que los antiguos mayas gestionaban el comercio y la crianza de perros con fines ceremoniales y alimenticios desde el año 400 a.C.

El rol de estos animales en la cosmovisión mesoamericana trascendía la simple compañía doméstica. Según las excavaciones lideradas por la arqueóloga Ashley Sharpe del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales, los perros no solo convivían con los humanos, sino que eran piezas clave en el engranaje social y religioso de las ciudades-estado.

Las pruebas científicas aplicadas a los dientes de los ejemplares hallados demuestran que los animales consumían dietas ricas en maíz. Este dato es fundamental para los investigadores, ya que indica que los perros eran alimentados por la mano del hombre de forma sistemática y no sobrevivían únicamente de la carroña o de la caza silvestre.

Los análisis de isótopos de estroncio permitieron identificar que muchos de estos canes no eran originarios de las zonas donde fueron enterrados. Esto sugiere la existencia de una red de intercambio de animales a larga distancia, lo que posiciona al perro como un bien de prestigio y un recurso económico vital para la estructura política de la época.

En el plano espiritual, el perro funcionaba como un guía hacia el inframundo o Xibalbá. El estudio de la Universidad de Arizona sobre los depósitos ceremoniales en Ceibal muestra que los animales eran sacrificados en momentos de renovación arquitectónica. Estos actos buscaban atraer la prosperidad y garantizar la protección de los edificios públicos y templos.

Las crónicas visuales en códices y cerámicas ya daban pistas sobre este vínculo, pero la ciencia moderna ha validado la importancia física del animal. No solo eran guías espirituales, sino también una fuente de proteína en banquetes de la élite, diferenciándose claramente entre los ejemplares de trabajo y los destinados a las mesas de los gobernantes.

La investigación destaca que la diversidad de razas, incluyendo variedades sin pelo como el antepasado del Xoloitzcuintli, ya era gestionada con criterios de selección específicos. Estos descubrimientos cambian la percepción de la economía maya, demostrando que la domesticación animal estaba mucho más avanzada de lo que se pensaba en los registros previos.

El hallazgo de esqueletos completos en posiciones rituales específicas refuerza la idea de que el sacrificio de un perro era una ofrenda de alto valor. Para los mayas, entregar la vida de un acompañante tan cercano representaba un compromiso profundo con las deidades, vinculando el mundo terrenal con el cosmos de una forma directa y sumamente tangible.

Fuente: www.clarin.com

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