Juanjo, veterinario: “Se ha demostrado que la voz de bebé que todos ponemos para hablarle a nuestra mascota es la más eficiente”


Juanjo, veterinario y divulgador, señaló que en muchas casas se repite una misma escena en la que una persona cambia la voz apenas se acerca a su perro o a su gato. El tono se vuelve más agudo, más suave y casi infantil.
No hace falta una situación especial, puede pasar al llamar a un gato desde el sillón, al saludar a un perro cuando se vuelve a casa o al ofrecerle comida. La voz cambia antes de que la persona lo piense demasiado.
El tema parece menor, pero hablarle con voz de bebé a una mascota puede generar más respuesta que una voz común.
“Se ha demostrado que la voz de bebé que todos ponemos para hablarle a nuestra mascota es la más eficiente”, explicó Juanjo, veterinario que realiza vídeos de divulgación en sus redes sociales y es conocido por sus contenidos sobre perros, gatos y convivencia con animales.
La frase se entiende rápido porque describe algo muy común. Muchas personas no le hablan igual a su mascota que a otro adulto. Suben el tono, alargan algunas palabras y usan una entonación más dulce. Ese cambio tiene un efecto. No porque el animal entienda toda la oración, sino porque puede reconocer una señal distinta dentro del ruido normal de la casa.
En los perros, la reacción suele ser más evidente. La cola, las orejas, el movimiento del cuerpo o la búsqueda de contacto muestran rápido que algo fue registrado.
En cambio, en los gatos, el registro puede ser más silencioso. A veces apenas cambian la postura. Otras veces se acercan de a poco. No siempre hay una demostración intensa, pero eso no significa que no hayan detectado el llamado.
La llamada voz de bebé para perros y gatos suele tener varios rasgos juntos. Es más aguda, más lenta, más repetida y con una musicalidad diferente a la voz que se usa en una conversación normal.
Esa diferencia ayuda a que el mensaje sobresalga. En una casa hay pasos, televisores, celulares, puertas, conversaciones y ruidos de todo tipo. Una voz con tonalidad y cadencia distinta puede cortar ese fondo.
Además, para una mascota, la voz no llega sola. Llega con una postura del cuerpo, una mirada, una mano que se acerca, un plato de comida o una correa cerca de la puerta. Todo eso arma una misma escena.
Por eso, el tono de voz que mejor entienden las mascotas no tiene relación con hablar más fuerte. De hecho, elevar demasiado la voz puede generar el efecto contrario y provocar tensión, miedo o distancia.
Un tono suave y reconocible puede ser más efectivo porque no invade. Llama la atención sin poner al animal en alerta. Esa diferencia es clave, sobre todo en animales más sensibles o menos acostumbrados al contacto.
Fuente: www.clarin.com



