Qué tomar en ayunas para cuidar el hígado graso: seis bebidas y hábitos clave


Beber en ayunas más una rutina sostenida puede ayudar a reducir el exceso de calorías, mejorar la sensibilidad a la insulina y favorecer una pérdida de peso gradual cuando hay sobrepeso.
El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) señala que el tratamiento de la enfermedad por hígado graso no alcohólico, hoy también llamada MASLD, se basa en actividad física regular, alimentación saludable y pérdida de peso.
Incluso una reducción del 3% al 5% del peso corporal puede disminuir la grasa hepática; para bajar inflamación y fibrosis, en algunos casos se necesita perder entre 7% y 10%.
Tomar agua al levantarse no “desintoxica” el hígado, pero ayuda a empezar el día sin azúcar, sin calorías líquidas y sin bebidas ultraprocesadas.
En personas con hígado graso, ese cambio no es menor: muchas calorías ocultas vienen de gaseosas, jugos industriales, bebidas saborizadas o cafés endulzados.
La segunda opción es café negro, sin azúcar ni crema. La guía de la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas menciona que el consumo de café, si no hay contraindicaciones, se asocia con menor riesgo de enfermedad hepática avanzada.
Harvard Health también recoge estudios que vinculan el consumo regular de café con menor progresión de hígado graso simple a formas más inflamatorias o con fibrosis.
No debe tomarse como medicamento ni en extractos concentrados -que pueden ser riesgosos-, sino como bebida dentro de una dieta saludable.
Su ventaja es que reemplaza opciones azucaradas y aporta compuestos vegetales. Si causa acidez, insomnio o palpitaciones, conviene evitarlo o consultarlo.
Un vaso grande de jugo de frutas puede concentrar mucha azúcar y poca fibra en comparación con la fruta entera.
Para el hígado graso, suele ser más útil desayunar alimentos con fibra (avena, fruta entera, yogur natural sin azúcar, frutos secos en porción moderada) que tomar licuados prometidos como depurativos.
Mayo Clinic recomienda la dieta mediterránea para personas con MASLD y destaca que perder entre 5% y 10% del peso puede mejorar significativamente la enfermedad.
Esa alimentación prioriza vegetales, legumbres, cereales integrales, pescado, aceite de oliva, frutos secos y menos harinas refinadas, embutidos, frituras y dulces.
Una caminata, entrenamiento de fuerza o actividad aeróbica regular ayuda incluso cuando la balanza no cambia de inmediato.
El NIDDK remarca que la actividad física por sí sola puede ser beneficiosa y que la pérdida rápida de peso o las dietas extremas pueden empeorar la enfermedad hepática.
Fuente: www.clarin.com



