Víctor Küppers, experto en psicología positiva: “El talento, el dinero y el trabajo son importantes, pero es más importante ser buena persona”

Víctor Küppers, doctor en Humanidades, licenciado en Administración y Dirección de Empresas, profesor universitario y formador, sostiene una idea que atraviesa buena parte de su trabajo: la manera en que una persona enfrenta la vida puede ser determinante mucho más allá de sus conocimientos o capacidades.
En su mirada sobre la educación y las relaciones humanas, el especialista en psicología positiva pone el acento en cuestiones que no siempre aparecen entre las prioridades de la vida cotidiana. Estas son la bondad, la alegría, la esperanza, la amabilidad y la capacidad de cuidar los vínculos.
En una de sus intervenciones para los videos de Aprendemos Juntos de BBVA, el escritor -nacido en Eindhoven, Países Bajos-profundizó sobre las enseñanzas que considera fundamentales para transmitir dentro de una familia.
La primera enseñanza: ser una buena persona
Para Küppers, el primer principio que debería inculcarse es la bondad. “En la vida el talento es importante, el dinero es importante, el trabajo que tienes, pero es mucho más importante ser buena persona”, afirmó.
En su planteo, la manera de ser no puede separarse de las distintas funciones que una persona desempeña. Por eso sostuvo que resulta incompatible ser un buen profesor y, al mismo tiempo, una mala persona, del mismo modo que no se puede ser una buena pareja dejando de lado la calidad humana.
Quejarse menos, una constante a tener en cuenta según el conferencista.La idea atraviesa también su concepción de la educación. Para el especialista, formar a una persona no consiste únicamente en transmitir conocimientos o desarrollar determinadas habilidades. También implica ayudarla a construir una manera de relacionarse con los demás.
Por qué la alegría también se aprende
El segundo consejo que Küppers dijo transmitir a sus hijos está relacionado con la alegría. Pero no se refería a ser gracioso ni a mantener permanentemente un estado de euforia. Habló de algo diferente: la “alegría de vivir”.
“Uno tiene que intentar vivir alegre, porque no es un tema genético, se desarrolla y se aprende viendo lo positivo antes que lo negativo”, explicó quien fuera profesor en universidades españolas.
Según su mirada, una actitud más alegre puede repercutir directamente en los vínculos. Cuando una persona consigue sostenerla, las relaciones con los demás funcionan mejor y también disminuye la tendencia a enfadarse.
Eso no significa ignorar las dificultades. Küppers planteó que una persona alegre es capaz de asumir que la vida contiene tanto situaciones que gustan como otras que no.
Por eso destacó el esfuerzo de quienes intentan quejarse menos y prestar mayor atención a aquello que funciona bien, incluso cuando atraviesan problemas.
“Es mucho más difícil ser optimista que pesimista”
Küppers reconoció que vivir con ilusión y alegría puede implicar ir a contracorriente.
“Es mucho más difícil ser optimista que pesimista. Pero es un esfuerzo, es una lucha que vale mucho la pena”, sostuvo.
Para él, una de las claves consiste en comprender que la actitud también puede ser una elección.
Hay personas que se comprometen con esa forma de vivir y, cuando fallan, vuelven a intentarlo. Se caen y se levantan. Incluso frente a dificultades personales o profesionales, consiguen seguir sonriendo, trabajando con alegría y transmitiendo ilusión.
“¿Qué hacen esas personas?, porque si lo hacen algunas, lo podemos hacer todos”, planteó.
La observación apunta a una idea central de su pensamiento: el optimismo no debería entenderse simplemente como una característica con la que algunas personas nacen y otras no, sino como una disposición que puede trabajarse.
La importancia de no perder nunca la esperanza
Para Küppers, hay un límite que no debería cruzarse: abandonar la esperanza. “Nunca hay que perder la esperanza, nunca. Cuando uno pierde la esperanza, se ha acabado”, afirmó.
El especialista reconoció que las generaciones jóvenes enfrentan una sociedad compleja y difícil, que no siempre les ofrece las mejores condiciones. Sin embargo, consideró que las circunstancias no deberían llevar a perder el ánimo.
“Piensa que cuando pierdes el ánimo, pierdes lo mejor que tienes”, señaló.
Su explicación se relaciona con una fórmula que utiliza para describir el valor de la actitud. Una persona vale por sus conocimientos, por sus habilidades o experiencia y por su actitud o manera de ser. Pero, según Küppers, hay una diferencia fundamental, que es que la actitud multiplica.
Qué pasa cuando una persona pierde el ánimo
Desde esa perspectiva, el desánimo no hace desaparecer los conocimientos ni la experiencia acumulada. Una persona puede atravesar un momento de profundo desaliento y continuar aprendiendo. Lo que se modifica es su actitud.
Por eso Küppers sostuvo que, cuando alguien se desanima, pierde precisamente aquello que considera más valioso de su fórmula.
“Cuando tú te desanimas, tú no pierdes conocimientos, tú no pierdes experiencia, alguien puede estar muy desanimado pero sigues aprendiendo. Cuando te desanimas, pierdes lo mejor que tienes que es tu actitud, es tu manera de ser”, explicó.
En su planteo, ese cambio puede alterar incluso la forma en que una persona se desempeña profesionalmente.
“Cuando tú te desanimas pasar de ser una persona absolutamente estratosférica, a ser una persona del montón, de ser un profesional brillante a ser una profesional mediocre”, afirmó. De allí surge otra de sus definiciones: “La vida es estado de ánimo”.
El papel de los profesores: ayudar a no perder el ánimo
Küppers considera que quienes trabajan en educación tienen una responsabilidad que va más allá de enseñar una materia. Cuando un profesor no atraviesa un problema grave y tiene la posibilidad de ayudar, una de sus tareas consiste en contribuir a que los demás no pierdan el ánimo.
“Este es uno de los trabajos importantes que tiene un profesor”, sostuvo. Pero su función tampoco termina allí.
Para el especialista, la educación debería ayudar a los jóvenes a preguntarse cuál es su objetivo en la vida y qué es aquello que los motiva. En especial porque, según señaló, muchos jóvenes pueden sentirse confundidos respecto de su futuro.
Educar también significa, desde esta perspectiva, “dar luz sobre cuál es el sentido que puede tener tu vida”.
Küppers relacionó esa búsqueda con la vocación. “Yo siempre he pensado que la felicidad en la vida es encontrar el sentido, y cada uno tiene el suyo, lo que se llama la vocación”, afirmó.
El tercer consejo: hacer extraordinariamente las cosas ordinarias
El tercer principio que Küppers dijo transmitir a sus hijos tiene que ver con el trabajo. No se trata necesariamente de hacer algo excepcional o de buscar permanentemente grandes hazañas.
“Cuando tengas un trabajo, cuando estás trabajando, no se trata de hacer cosas extraordinarias, se trata de hacer de manera extraordinaria las pequeñas cosas ordinarias”, explicó. La diferencia estaría, entonces, en la forma de realizar las tareas cotidianas.
La amabilidad como una forma de mejorar los vínculos
Entre las actitudes que Küppers quisiera que incorporaran sus hijos también aparece la amabilidad.
Para explicar su importancia, parte de una reacción humana que considera indiscutible: hacer algo bueno por otra persona genera bienestar en quien lo hace.
El voluntariado, señaló, es un ejemplo evidente. Quienes realizan este tipo de actividades suelen experimentar la gratificación de ayudar a los demás.
Pero Küppers encontró en la amabilidad varios efectos al mismo tiempo. “Cuando eres amable te cambia el carácter, eres mucho más alegre”, sostuvo.
Además del bienestar propio y del que recibe la otra persona, destacó una tercera consecuencia: la amabilidad obliga a intentar convertirse en la mejor persona posible.
Ser amable, explicó, puede significar escuchar a alguien, sostener una puerta, acompañar a otra persona o simplemente estar presente. Y esas acciones requieren desarrollar cualidades como la paciencia y la generosidad.
La regla para comunicarse mejor con los demás
En ese contexto, Küppers resumió una de sus ideas sobre las relaciones humanas en una regla sencilla.
Victor Küppers resalta los efectos de ser optimista.“La regla de oro para comunicarnos mejor es ‘trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti’”.
La frase condensa una forma de entender los vínculos basada en considerar al otro y prestar atención a la manera en que las propias acciones repercuten en los demás.
“Una sociedad es rica por la calidad humana de las personas”
Küppers también cuestionó una idea habitual sobre lo que determina la riqueza de una sociedad.
“Yo creo que una sociedad no es rica porque tenga petróleo bajo las piedras o gas. Una sociedad es rica por la calidad humana de las personas que la forman”, afirmó.
Desde esa perspectiva, el futuro de una comunidad depende en buena medida de las generaciones que se están formando. “Necesitamos futuras generaciones que cambien la sociedad, y se cambia con educación”, sostuvo.
Y para él, la educación también se expresa en comportamientos aparentemente pequeños.
“Por favor” y “gracias” aparecen en su explicación como ejemplos de dos palabras cuya importancia va mucho más allá de la cortesía.
“La educación es cuando alguien utiliza «por favor» y «gracias», que son dos palabras que las quitaran del diccionario por falta de uso”, señaló.
Cómo se cuidan las relaciones: cariño y tiempo
Para Küppers, las relaciones humanas no pueden mantenerse únicamente por la existencia del vínculo.
Necesitan cuidado. “Las relaciones se cuidan cariño y tiempo”, afirmó.
Para explicarlo recurrió a una comparación sencilla: “planta que no riegas, planta que palma”.
La misma lógica, sostuvo, se aplica a los vínculos con los hijos, la pareja y los amigos. “Lo que no cuidas, palma”, resumió. El cariño, en su mirada, necesita estar acompañado por presencia.
Por qué el tiempo de calidad no reemplaza al tiempo
Küppers puso en duda una de las justificaciones más habituales cuando se habla de la falta de tiempo para los hijos: la idea de que unos pocos minutos pueden compensarse si son de “calidad”.
Para él, esa explicación no alcanza.
“Aquello de: ‘yo poco tiempo, pero de calidad’, es un cuento chino, que alguien se inventó para tener la conciencia tranquila”, sostuvo.
Como ejemplo, mencionó una estadística oficial según la cual la media de televisión por persona y día en el país al que se refería era de cuatro horas. A partir de ese dato cuestionó la afirmación de que no existe tiempo disponible para dedicar a los hijos.
Su comparación volvió a ser la de una planta: si se le ponen apenas dos gotas de agua al mes, aunque sean de máxima calidad, terminará muriendo igualmente.
Víctor Küppers y su mirada sobre la actitud
Küppers es doctor en Humanidades y licenciado en Administración y Dirección de Empresas. Es profesor universitario y formador, y es autor de libros como “El efecto Actitud” y “Vivir una vida con sentido”.
Su trabajo está vinculado con la psicología positiva y con una defensa de la actitud como un elemento esencial tanto en la educación como en la vida cotidiana.
En sus reflexiones, la actitud aparece como un punto de encuentro entre el desarrollo personal, la educación, el trabajo y las relaciones humanas. Y, en definitiva, entre aquello que una persona sabe hacer y la manera en que decide hacerlo.
Fuente: www.clarin.com



