Actualmente, en Japón, la edad legal de jubilación se sitúa en los 65 años, una cifra inferior a la edad establecida en España. Sin embargo, el país asiático sigue encabezando la lista de población más envejecida. En 2025 batía un récord histórico al alcanzar 36,19 millones de personas mayores de 65 años, lo que representa el 29,4 % de su población. Esta situación se ha considerado uno de los problemas sociales del país: desde hace unos años se viene advirtiendo que los jubilados japoneses no podrán vivir de sus pensiones.
Verónica Pérez es neuropsicóloga especializada en rehabilitación neurocognitiva y hace una década trabajó durante más de cuatro años en Japón, en una residencia con ancianos con demencia y Alzheimer. Su experiencia en Tokio le permitió conocer de cerca una cultura del trabajo y una manera de vivir la jubilación distintas a la española. Pérez explica a La Vanguardia su visión, basada en su experiencia en un país donde se popularizan conceptos idealizados como el ikigai, pero donde también existe el karoshi, la muerte por exceso de trabajo. Esta sobrecarga laboral supuso 67 fallecimientos por enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares y 88 por suicidios en 2024, según el Instituto Japonés de Políticas Laborales y Formación.
Hay que tener mucho cuidado cuando se habla de cultura asiática y ves unos posts en redes sociales que se contradicen con la visión de los ciudadanos japoneses. Ellos se sorprenden ante esto, te dicen: “¿Pero qué estás contando?”. Hay una moda de mistificar la cultura asiática, de hacerla mucho más mística de lo que en realidad es. Lo del ikigai, yo no lo vi.
Allí tienen una cultura de trabajo totalmente distinta a la de España. Hay una cultura por y para el trabajo: de estar desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche. Si tu jefe no se va, aunque tú hayas terminado, no te puedes ir. Es una norma no escrita.
Según lo que yo vi, una norma bastante aceptada socialmente es que, si tu jefe te dice que tienes que ir a beber con él, no le puedes decir que no. Allí destaca la diferencia entre el kohai (junior) y el senpai (senior). Cuando entras en un sitio nuevo, eres el kohai y tienes que hacer todo lo que te digan las personas con más antigüedad o tu jefe. Es una raíz cultural que no existe solo en el trabajo, sino también en los clubes deportivos, en los colegios o en otros ámbitos. Se lleva muy a rajatabla el respeto y cumplir lo que te dicen las personas sénior. Y en Japón no se echa a nadie y el “no” directo no existe. Te van mandando señales y tú tienes que interpretarlas porque no está bien visto despedir a alguien ni decirle las cosas directamente.
Muchas veces, cuando un trabajador no cumple las expectativas, se le va apartando. Normalmente se le cambia de sitio y se le sitúa cerca de las ventanas. Dicen: “Bueno, como no hacen nada, pues por lo menos que miren por la ventana, a ver si cogen la indirecta”.
Yo creo que a nivel de eficiencia en el trabajo sí, pero no creo que les haya beneficiado en otro sentido. No tenemos datos de cuánta gente con depresión, ansiedad o trastornos mentales derivados del trabajo hay verdaderamente allí, porque también se oculta mucho.
Ahora sí que se está teniendo un poco más en cuenta, pero hace diez años no tenían presente la salud mental, el burnout y demás trastornos como en España. Si estabas quemado, es que eras un flojo.
He tenido compañeros en los que esa presión daba lugar a problemas de alcoholismo, porque lo único que les sacaba de su día a día y les quitaba esa presión y ese estrés era el alcohol.
Es cierto que eso era hace diez años. Hoy tengo constancia de que la gente joven ya no sigue esos patrones. Pero sí está la gente más mayor, de otras generaciones, que sigue haciéndolo. Ellos sienten que en su trabajo tienen que estar siempre disponibles. El problema es que cuando ves que no puedes, que no llegas o que te exigen más de lo que puedes, eso puede derivar en esos problemas. Se puede convertir en una carga, porque puedes llegar a hacer cosas que están en contra de tus valores. Sobre eso hay un proverbio japonés: “El clavo que sobresale es el que más golpes recibe”. Entonces, quieras o no, la sociedad les fuerza a ser igual que los demás y castiga al que es diferente.
No. El problema muchas veces de Japón está en el sistema de pensiones. Allí el sistema de pensiones es muy bajito. Entonces, muchos jubilados siguen trabajando porque no pueden vivir solamente con la pensión que reciben del Estado.
Sí. Si vas a Japón, muchas veces ves a gente trabajando en restaurantes que a lo mejor tiene 90 años. Puede pasar por dos cosas. Una, que por el sistema de pensiones necesites esa ayuda. Y otra, que como has vivido toda tu vida trabajando, no tienes otro modelo de vida que trabajar. Cuando cortas esa rutina, te sientes vacío y necesitas seguir con esos hábitos que tenías anteriormente.
Japón es una sociedad mucho más individualista y menos familiar que la nuestra. Aquí, cuando te jubilas, normalmente tienes un apoyo familiar y un apoyo social. Pasas por un colegio de mayores, tienes tus amigas o tu grupito. Hay mucha más red social de la que hay en Japón. En Japón son mucho más individualistas y por eso les afecta mucho más dejar el trabajo, porque no tienen esa red social para poder hacer esas actividades. Sin embargo, en Tokio hay muchas más actividades para fomentar el ejercicio. Ibas al ayuntamiento y tenías actividades gratuitas, o diferentes grupos en el barrio. Los japoneses, antes de empezar a trabajar, también hacían unos ejercicios. Por ejemplo, en el sector de la construcción, antes de empezar la obra por la mañana, se reunían todos los obreros en círculo para hacer ejercicios. Aquí en España hay más tendencia al sofá y a estar quietos.