Susana Carmona, psicóloga y neurocientífica: “El cerebro de los hombres cambia tras convertirse en padres, primero por la madre y después por el bebé”

La capacidad de adaptación y transformación del cerebro, conocida como neuroplasticidad, se investiga desde hace décadas. Se han hecho múltiples estudios para determinar qué etapas de la vida humana activan este mecanismo, pero muy pocos se enfocan en los cambios de las conexiones neuronales tras la paternidad.
Durante décadas se creyó que el proceso fisiológico relacionado a la maternidad era exclusivamente femenino, que la madre atravesaba el boom de las hormonas del embarazo y el padre permanecía “biológicamente inalterado”.
Pero la ciencia se ocupó de desmentirlo. El cerebro de los hombres también se transforma con el nacimiento de un hijo, aunque con algunas aclaraciones pertinentes.
Los papás que pasan tiempo con sus hijos transforman sus conexiones neuronales. Foto: ilustración Shutterstock.Tal como se ha demostrado en estudios previos, el comportamiento paterno se observa solo en el 5% de las especies de mamíferos. Con más razón, la participación parental directa y las bases neuronales que la sostienen, era uno de los grandes misterios para los científicos.
La “matrescencia”: adolescencia y maternidad combinadas
La neurocientífica y psicóloga clínica Susana Carmona es una exponente internacional, fuente de consulta habitual por sus investigaciones. Es líder del grupo Neuromaternal del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón, centro de referencia internacional en el estudio del impacto neurológico del embarazo.
Además es autora del libro Neuromaternal: ¿Qué le pasa a mi cerebro durante el embarazo y la maternidad?, detalló qué ocurre con el cerebro de las mujeres antes y después de ser mamás.
Susana Carmona, neurocientífica y psicóloga clínica creó Neuromaternal, centro de investigación médica. Foto: LinkedInMas allá de un contexto de cambio sociocultural, la doctora Carmona explica que las transformaciones que viven las futuras madres ayudan al cambio en el cerebro del padre.
“La matrescencia, una palabra que utilizo para definir la maternidad y la adolescencia en conjunto, y ambas tienen en común que son etapas caracterizadas por importantes cascadas hormonales acompañadas de profundos cambios físicos, psicológicos y sociales”, detalló en diálogo con El País.
En particular, las feromonas de las mujeres, que se transmiten a través de la piel y de la sudoración, generan que el cerebro del futuro papá empiece a descender su nivel de testosterona hasta en un 33% y que en la recta final del embarazo aumente la prolactina en más de un 20%.
“Dichos cambios no son intrínsecos, como les sucede a las mujeres; sino que solo se producen cuando interactúan con el contexto, cuando el hombre se involucra en la paternidad“, señala Carmona.
“El cerebro masculino experimenta cambios, pero suceden por el entorno: primero, por su vínculo con la madre, y después por la interacción con el bebé”, indica.
Sus afirmaciones se sustentan no solo en su experiencia como investigadora, sino en el análisis de los niveles hormonales de 27 parejas que esperaban un hijo.
“Aquellos varones que tuvieron un mayor descenso de la testosterona durante el embarazo y que incluso sincronizaron sus niveles con los de su pareja, estuvieron mejor preparados para la paternidad y para el compromiso con la familia y eso los preparó para una participación más activa en la crianza”, explicó.
Los cambios hormonales de los hombres antes y después de ser padres
El primer antecedente académico se remonta al año 2000, cuando las investigadoras Katherine Wynne-Edwards y Anne Storey demostraron que algunos hombres también atravesaban cambios hormonales.
“Los hombres que son padres tienen niveles de testosterona significativamente más bajos que los hombres sin hijos“, afirmaron Storey y Wynne-Edwards.
Ese descenso, confirmado por estudios posteriores, comienza durante el embarazo si está involucrado en la relación y continúa durante el cuidado de los hijos.
Desde el embarazo comienzan los cambios químicos en el cerebro de los futuros padres. Foto ilustración Shutterstock.“La reducción de la testosterona parece estar directamente relacionada con la capacidad del hombre para responder con más empatía al llanto del bebé”, indicaron.
Se sabía que en la mujer aumenta la producción de más oxitocina, la llamada “hormona del amor”, que potencia el instinto protector y fortalece el vínculo emocional, algo que también ocurre en los hombres.
“Los niveles más altos de oxitocina se encuentran en quienes interactúan constantemente con bebés menores de seis meses o con niños de entre uno y dos años”, indicó.
Papás con un cerebro más ágil
Los cambios no son solo químicos, sino también estructurales. Un estudio realizado por el Instituto de Salud Carlos III de Madrid y la Universidad del Sur de California reveló que el cerebro de los padres experimenta una reducción del volumen de materia gris de entre un 1 % y un 2 % tras el nacimiento de su primogénito.
Contrario a como suena, esto no representa una pérdida de capacidad, sino un proceso de optimización. El cerebro elimina las conexiones neuronales menos utilizadas para optimizar aquellas dedicadas al cuidado del bebé.
Hasta los 2 años del niño se experimentan los cambios más notorios en el cerebro parental. Foto: ilustración Shutterstock.Este fenómeno ocurre principalmente en la corteza cerebral, el área responsable del procesamiento social o la capacidad de empatía. El cerebro se mejora a sí mismo para descifrar con mayor rapidez las necesidades del recién nacido.
Las resonancias magnéticas muestran que incluso ciertas áreas de la corteza visual se vuelven más reactivas en los padres: implica una evolución biológica que les permite detectar al instante un cambio en la expresión de su hijo o un movimiento que considere “sospechoso”.
Otra investigación publicada en la revista científica PNAS revela que la biología paterna es extremadamente sensible a la experiencia práctica: cuanto más involucrado esté el padre y más tiempo dedique al cuidado de sus hijos, experimentará más neuroplasticidad.
Para los neurocientíficos, este dato sugiere que la implicación directa desencadena la transformación del cerebro. “El comportamiento del padre es un proceso de aprendizaje, y cuanto más se practica, más se especializa y más se sintoniza con el bebé”, concluye la doctora Magdalena Martínez García, coautora del estudio e investigadora del cerebro parental en la Universidad de California en Santa Bárbara.
Fuente: www.clarin.com



