Román, perito de automóviles: “El renting es ideal para quien odia los imprevistos o cambia de coche a menudo”


Román, perito de automóviles: “El renting es ideal para quien odia los imprevistos o cambia de coche a menudo”

Cambiar de auto sin afrontar una compra tradicional es una posibilidad cada vez más visible. El renting permite utilizar un vehículo durante un plazo determinado a cambio de una cuota mensual que suele agrupar varios gastos.

La fórmula resulta atractiva porque simplifica el mantenimiento y permite saber con bastante precisión cuánto se pagará cada mes. Sin embargo, el renting de coches no funciona igual para todos los conductores.

Antes de elegirlo conviene mirar más allá de la cuota y calcular qué ocurre al final del contrato. Allí aparece una de las principales diferencias frente a la compra: el usuario paga por utilizar el vehículo, pero no necesariamente se queda con él.

Román, perito de automóviles: “El renting es ideal para quien odia los imprevistos o cambia de coche a menudo”

Para Román Álvarez, perito de automóviles, el renting es especialmente conveniente para quien busca un gasto fijo, quiere evitar imprevistos o suele cambiar de coche con frecuencia.

El esquema permite concentrar en una misma cuota servicios que, con un vehículo propio, se pagan por separado. Dependiendo del contrato, pueden incluirse seguro, mantenimiento, asistencia y otros gastos vinculados al uso.

Esa previsibilidad tiene un precio. El perito pone como ejemplo una cuota de 400 euros mensuales durante cuatro años, que representa un desembolso total de 19.200 euros.

Al terminar ese período, el usuario devuelve el automóvil y no conserva un vehículo que pueda vender o seguir utilizando sin cuotas. Por eso, Álvarez resume la lógica del sistema como pagar por el uso y por reducir preocupaciones.

Según el especialista, esa comodidad puede ser útil para quienes no quieren inmovilizar una suma elevada en la compra de un auto o prefieren renovar el vehículo cada pocos años.

La principal diferencia económica está en la propiedad. En una compra tradicional, una vez terminado el pago, el vehículo continúa siendo del dueño y mantiene un valor de reventa, aunque se haya depreciado.

Con el renting, en cambio, la cuota paga principalmente el derecho de uso durante el plazo pactado y los servicios incluidos. Cuando termina el contrato, lo habitual es devolver el automóvil y decidir si se inicia uno nuevo.

El ejemplo de los 400 euros mensuales permite ver con claridad cómo se acumula el gasto. En 48 meses se pagan 19.200 euros, sin contar posibles cargos adicionales previstos en el contrato.

Por eso, el análisis no debería limitarse a comparar una cuota mensual con la letra de un préstamo. También hay que sumar seguro, mantenimiento, impuestos, reparaciones y depreciación cuando se calcula el costo de tener un auto propio.

Álvarez advierte que, a largo plazo, el renting suele terminar costando más que mantener un vehículo durante muchos años. La ventaja aparece en otro lado: transforma varios gastos variables en una cifra mensual más previsible.

No todos los contratos de renting de coches incluyen exactamente los mismos servicios. Ese detalle puede cambiar de manera importante el costo real de la operación. Uno de los puntos a revisar es el kilometraje permitido. Muchos contratos establecen un límite anual y pueden aplicar cargos adicionales cuando se supera la cantidad acordada.

También conviene verificar qué ocurre con los neumáticos, el mantenimiento, las averías y el vehículo de sustitución. Algunos planes cubren estos conceptos y otros los dejan fuera o fijan condiciones específicas.

Otro aspecto importante es la duración del contrato y el costo de cancelarlo antes de tiempo. Salir anticipadamente de un acuerdo puede generar penalizaciones, por lo que el plazo debe ajustarse al uso real que se espera darle al auto.

Fuente: www.clarin.com

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