Parménides y su discutida sentencia sobre el pensamiento auténtico: “Una misma cosa es el pensar y el ser”


“Lo mismo es pensar y ser“, escribió Parménides de Elea hace más de 2.500 años para expresar que solo aquello que existe puede ser objeto del pensamiento verdadero.

Si algo enseñaron los filósofos de la Antigua Grecia es a cuestionar la realidad con pensamiento crítico, y entender el mundo a través de la razón. Muchos de ellos nos muestran la importancia del autoconocimiento y este pensador griego no fue la excepción.

Se trata de una de las frases icónicas del filósofo presocrático (se le dice así a los anteriores a Sócrates o contemporáneos a él, pero con un enfoque diferente) que sentó las bases de la ontología o el estudio del ser.

La formulación en griego (τὸ γὰρ αὐτὸ νοεῖν ἐστίν τε καὶ εἶναι) se encuentra en el Fragmento 3 de la recopilación tradicional y propone que el pensamiento y la realidad son una misma cosa: no se puede pensar en “nada” y todo lo que se piensa “es”.

Además, podría ligarse a la reinterpretación moderna de René Descartes, quien en 1637 pronunció su “Pienso, luego existo” (“Cogito, ergo sum”). Ambos colocan al pensamiento (o la razón) como el criterio supremo de verdad y la base para confirmar la existencia. Aunque, si bien están conectadas, los objetivos son diferentes.

Mientras Parménides en la antigüedad da una afirmación ontológica (sobre el ser) en la modernidad, Descartes obtiene una afirmación epistemológica (sobre el conocimiento) y su punto de partida es subjetivo (el “yo”), para construir todo el conocimiento científico tras la duda metódica.

Se dice que Parménides escribió una sola obra y se trató de un poema filosófico en verso épico, del cual conocemos solo algunos fragmentos a través de citas de otros autores. Con esa frase sienta una diferencia también entre la realidad y la apariencia, idea central en su filosofía. Opone una verdad, firme y confiable, frente a la opinión, que puede ser engañosa.

El filósofo argumenta que el ser es único, inmutable y eterno, mientras que el no ser es impensable e innombrable. Esta dicotomía radical desafía la noción de cambio y devenir. La distinción entre apariencia y realidad en la filosofía de Parménides nos recuerda la importancia de cuestionar nuestras percepciones y buscar un conocimiento más profundo y auténtico.

Además, la frase establece una idea que relaciona la capacidad de pensar de manera racional y la existencia verdadera. Lo que es puede ser pensado y captado por la razón. No podemos pensar en la “nada”, porque en el momento en que pensamos en algo, estamos asumiendo que tiene un modo de ser.

Un salto importante, si se quiere analizar así, es unir la existencia con la conciencia, ya que si algo puede ser pensado, entonces existe. Si no existe, es impensable. Así se establece que el pensamiento racional y la realidad del ser son idénticos.

Parménides habla también de la responsabilidad de la coherencia, ya que si pensar y ser son lo mismo, la calidad de nuestra existencia depende directamente de la profundidad de nuestras ideas y pensamientos. No hay una “vida verdadera” que ocurra fuera de nuestra capacidad de razonar y entender el mundo. Por esto, la falta de curiosidad intelectual puede tomarse como una renuncia al potencial del propio ser.

Fuente: www.clarin.com

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