Parece cruel, pero ayuda a salvar a estas aves en peligro de extinción: por qué las tiran desde acantilados en Islandia


La imagen es impactante. La pequeña ave se esfuma rápidamente en el abismo luego de que un humano la arrojara lo más lejos posible de tierra firme. Sin embargo, un trasfondo hace de esta una acción loable.

A simple vista la escena —producida en las costas de Islandia— podría resumirse de la siguiente manera: una persona avanza con seguridad al borde del acantilado y lanza sin duda ni queja a una pequeña ave que tenía entre sus manos.

La aparente falta de humanidad es en realidad un método de salvación. Es que inmediatamente después de la expulsión, el frailecillo despliega las alas y desaparece rumbo al océano. Ocurre que este se había perdido en el mundo urbano, donde afortunadamente sus habitantes se acostumbraron a las tareas de rescate.

No a todos los frailecillos les ocurre esta (posiblemente mortal) distracción. Sus protagonistas son los más jóvenes, específicamente las crías. A los mismos les afecta gravemente la luz artificial de los pueblos en la mencionada isla europea.

Confundidos por este tipo de brillo, terminan vagando por las calles en completa desorientación. Para entonces ya no son capaces de volver a volar.

Los humanos no fueron indiferentes. Se organizaron para su rescate, llevándolos en cajas hasta los acantilados. Es entonces cuando los lanzan hacia el Atlántico para que continúen su ciclo vital, detalló la histórica revista estadounidense National Geographic.

Por un lado, los animales recuperan la vida tan cercana a lo que parecía un final inevitable, mientras que por el otro los islandeses fortalecen sus vínculos comunitarios. Entre sus otras consecuencias también está el mayor conocimiento de los habitantes con su entorno natural.

La relación entre los habitantes de Islandia y los frailecillos lleva largos siglos. Según la organización The Puffling Patrol, estas aves marinas no solo formaron parte del paisaje, sino también de la subsistencia: durante generaciones su caza aportó alimento y plumas.

Con el tiempo, esa lógica de aprovechamiento en recursos se fue transformando. Pasó a ser un gesto de cuidado. Particularmente en las islas Vestman, al sur de dicho país.

Allí se despliega cada agosto una escena que va entre lo ritual y la conciencia ambiental. En ese mes del año, familias enteras recorren las calles al caer la noche. Lo hacen con linternas y cajas en busca de pufflings -las crías de frailecillo-.

Entre los países que también cuentan con presencia de frailecitos se encuentra el Reino Unido. Allí se dio un extraño fenómeno teniendo en cuenta el delicado estado de esta especie.

Ocurre que estas aves se encuentran marcadas con la condición de “vulnerable” según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Así y todo, la pequeña isla Skomer —ubicada cerca de las costas de Gales— se convirtió en un éxito en la conservación de estas especies, susceptibles a la extinción.

A modo de ejemplo, en 2025 se registraron 43.626 frailecillos en la isla Skomer. Fue el número más alto jamás contabilizado. El motivo se encuentra nada menos que en el “éxito de conservación”, según afirmaciones del Fondo para la Vida Silvestre del Sur y el Oeste de Gales rescatadas por la cadena británica BBC.

Tal organización se encarga de la fauna de aves marinas en la isla de no más de 2,92 kilómetros cuadrados. Sus tareas de cuidado están favorecidas por el carácter aislado de aquel territorio, lo que la protege de depredadores como zorros y ratas, y también del impacto humano.

Fuente: www.clarin.com

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