Miriam Ruiz, experta en salud mental: “No necesitamos que haya ocurrido una gran tragedia para estar mal; a veces hay cansancio acumulado y necesidades que hemos ignorado”

A más de uno le pasó alguna vez de sentirse agobiado, cansado o apagado sin saber exactamente por qué. No hubo una mala noticia ni un problema puntual que explique ese estado.

La psicóloga Miriam Ruiz asegura que esta sensación es uno de los principales motivos de consulta. Según explica, no siempre existe un hecho concreto detrás del malestar:

En ese sentido, señala que “no necesitamos que haya ocurrido una gran tragedia para estar mal; a veces hay cansancio acumulado, ansiedad, frustración, necesidades que llevamos mucho tiempo ignorando”.

“El problema aparece cuando ese cansancio o desmotivación dejan de ser algo puntual y se mantienen en el tiempo”

La experta advierte que, en ocasiones, el hecho de sentirse mal sin una razón evidente puede llevarnos a cuestionar lo que nos pasa una y otra vez, hasta tal punto que esa búsqueda sin respuesta concreta se convierte en un problema.

“Muchas veces, en lugar de intentar entender qué nos está pasando, nos culpamos y pensamos que no tenemos derecho a sentirnos mal porque hay personas que están peor o porque, sobre el papel, nuestra vida está bien. Y esa culpa acaba empeorando todavía más el malestar”, explica en diálogo con el medio español Clara.

Miriam Ruiz, experta en salud mental: “No necesitamos que haya ocurrido una gran tragedia para estar mal; a veces hay cansancio acumulado y necesidades que hemos ignorado”

La psicóloga menciona que algunas de las señales que pueden aparecer cuando ese estado comienza a prolongarse son la pérdida de interés por actividades que antes generaban ilusión, agotamiento y la dificultad para afrontar incluso las tareas cotidianas.

Sin embargo, remarca que sentirse cansado o desmotivado durante unos días no significa necesariamente que exista un problema emocional.

Una mala semana, dormir poco o atravesar un período con demasiadas responsabilidades pueden afectar el estado de ánimo.

La diferencia, según Ruiz, está en observar cuánto dura ese estado y hasta qué punto afecta la vida cotidiana.

“El problema aparece cuando ese cansancio o esa desmotivación dejan de ser algo puntual y se mantienen en el tiempo”, apunta e indica que si la situación se agrava con el tiempo se debe consultar con un profesional.

“Puede pasar por muchísimas razones y, muchas veces, no existe un único motivo concreto”

A la hora de buscar las causas, Ruiz sostiene que no siempre hay una sola explicación. En algunos casos, el malestar puede ser el resultado de pequeñas situaciones que, acumuladas durante un largo período, terminan teniendo un peso mayor del que parecía.

“Puede pasar por muchísimas razones y, muchas veces, no existe un único motivo concreto. Puede ser la acumulación de pequeñas cosas que, por separado, parecen asumibles, pero juntas terminan pesando muchísimo”, afirma en la entrevista con Clara.

Falta de energía cansancio hombre 50 años

A esto se suman las exigencias de trabajar, hacer ejercicio, alimentarse bien, mantener los vínculos, cumplir con las responsabilidades, cuidar la imagen y, al mismo tiempo, encontrar tiempo para descansar.

Las redes sociales también pueden contribuir a esa comparación constante. Al ver solo una parte de la vida de otras personas, pueden generar la impresión de que los demás siempre están bien, avanzan, disfrutan y cumplen con todo.

“Estamos comparando nuestra vida completa con unos minutos seleccionados de la vida de otra persona, sin conocer sus circunstancias, sus recursos o lo que no está mostrando. Eso genera comparación, presión y muchas veces culpa”, subrayó.

“Estamos acostumbrados a hacer, hacer y hacer, pero muy poco acostumbrados a observarnos”

Para Ruiz, otro de los factores que pueden influir es el ritmo acelerado con el que transcurre la vida en tiempos en los que las exigencias del mundo son cada vez más.

Mujer celular (Foto: Pexels).

“Vamos muy rápido, tenemos muchas responsabilidades, recibimos información constantemente y apenas dejamos espacio para parar y preguntarnos cómo estamos. Estamos muy acostumbrados a hacer, hacer y hacer, pero muy poco acostumbrados a observarnos”, señala al medio español.

En ese contexto, frenar a analizar qué sentimos puede quedar relegado frente a las obligaciones de todos los días.

Y cuando ese estado se mantiene durante demasiado tiempo, incluso aquello que antes generaba entusiasmo puede perder su atractivo.

“Cuando pasamos demasiado tiempo funcionando en automático y demasiado poco conectando con nosotros mismos. Por eso, no siempre tiene que haber ocurrido algo concreto; a veces simplemente llevamos demasiado tiempo acumulando, exigiéndonos y viviendo sin escucharnos”, concluye.

Fuente: www.clarin.com

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