Milei reapareció en el acto en honor a San Martín: mensaje contra “los enemigos internos y externos” y abrazo con Sturzenegger


Luego de diez días de ausencia en actividades públicas, Javier Milei volvió a mostrarse en ocasión de una nueva conmemoración del paso la inmortalidad del general San Martín donde pareció dar inicio a la etapa electoral con la que buscará su reelección: aseguró que los argentinos “no tenemos un pasado al que regresar” y advirtió que “hoy la libertad nos enfrenta a enemigos internos y externos”.
En medio de una nueva fría jornada sin sol, Milei arribó 14.50 a la plaza San Martín del barrio Retiro donde se encuentra el monumento ecuestre al Libertador y a los Ejércitos de la Independencia. Atravesó la alfombra roja ladeado por la Fanfarria del Alto Perú y del otro lado, por su gabinete, autoridades legislativas, el jefe de gobierno porteño Jorge Macri y una comitiva de la administración porteña.
Sólo saludó al alcalde porteño y a sus ministros: se destacó el fuerte abrazo que le dedicó a Federico Sturzenegger -el primero del equipo de gobierno en llegar al acto- en medio de los cuestionamientos internos al titular de Desregulación por los últimos traspiés políticos que ocasionaron los proyectos impulsados por el funcionario.
Acompañado por su hermana Karina Milei, el mandatario fue recibido por el ministro de Defensa, el general Carlos Presti -enfundado en su uniforme militar-, quien luego lo acompañó hasta el monumento junto al alcalde porteño para dar cumplimiento a tradicional entrega de una ofrenda floral al Padre de la Patria. En los hechos, fueron 2 granaderos quienes transportaron el arreglo floral y lo depositaron frente al figura ecuestre. Luego Milei subió los escalones del monumento y se inclinó “a la hora” -las15- en la que el creador del cuerpo de Granaderos dio paso a la “inmortalidad” dando inicio a un minuto de silencio.
Luego el libertario regresó a la plaza San Martín donde, munido de una carpeta, tomó la palabra para dar un discurso breve, que no alcanzó los 10 minutos. En su alocución se apoyó, como no podía ser de otra forma, en una frase que pasó a la historia: “(San Martín) nos dejó un legado inmortal encarnado en una frase que es una obligación para todos nosotros: seamos libres, que lo demás no importa nada”.
Como suele hacer, el Presidente le dio un particular sentido a la palabra libertad: reivindicó el rumbo de su gobierno y las desregulaciones que, por ejemplo, hicieron caer el capítulo de Tierras de la ley de propiedad privada porque posibilitaba la compra de grandes porciones de territorio por parte de extranjeros. “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”, aseguró y dijo que ser libres “no es el estado natural de las sociedades: es más fácil fijar un precio que dejarlo libre”.
Pero el segmento más sustancial de su breve discurso pareció teñido de la política a la que, asegura, tanto detesta. En este marco, el mandatario enfatizó que “hoy la libertad se enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos internos y externos”. En referencia a lo segundo, fundamentó su alineamiento con Estados Unidos e Israel en que “nos enfrentamos a un mundo cada vez más complejo e incierto, donde las distintas potencias recurren a herramientas más sofisticadas para valer sus intereses”.
Si bien no identificó a los “enemigos internos”, explicó que “hay algunos que quieren que vuelva el pasado en el que vivíamos, porque, si bien la mayoría se empobreció con el modelo anterior, una mínima minoría se benefició enormemente”. Pareció apuntarle al kirchnerismo pero también a industriales como Paolo Rocca al que no dudó en el pasado en llamar “Don Chatarrín”. Por eso volvió a defender su postura vigorosa “en la batalla cultural para explicar la prosperidad basada en los valores que nos hicieron grandes. Nos quieren hacer creer que el pecado es justo y la justicia es pecado”. Lo dijo días después que el titular de la libertaria Fundación Faro, Agustín Laje, afirmó que “la gente no come batalla cultural” y se esperanzó en una pronta mejora del poder adquisitivo.
También el mandatario afirmó que “un pueblo libre requiere de fuerzas de seguridad capacitadas y provistas de las herramientas necesarias para proteger lo más preciado que tenemos” en momentos en que aún resuenan las quejas de los uniformados que tienen que hacer horas extras en Uber u otras plataformas o están endeudados porque no les alcanza el salario que perciben mes a mes.
Al finalizar, el Presidente saludó al titular del Cuerpo de Granaderos, Cristián Castellanos, y luego se dirigió al auto oficial que lo devolvió a la residencia de Olivos. Karina demoró un poco más ya que se tomó el tiempo para saludar a los ministros. Ambos se perdieron la Marcha de las Malvinas que ensayó minutos después la Fanfarria presente. Una lástima: durante el acto al Presidente se lo vio entonar con enjundia el Himno nacional argentino y la Marcha de San Lorenzo, que había dado un final protocolar a la ceremonia.
Fuente: www.clarin.com



