Mil años de historia y solo 15 habitantes: el pueblo escondido del Valle del Silencio en España


El Valle del Silencio aparece una y otra vez en las rutas por El Bierzo por una razón bastante concreta: ahí se conserva Peñalba de Santiago, un pueblo pequeño, de montaña, con un trazado corto y una escala que no cambió demasiado con los años.

No es un destino de volumen ni de grandes servicios. El atractivo pasa por otra parte: pocas casas, un edificio central muy definido y un entorno que sigue pesando más que cualquier intervención reciente.

La entrada ya marca el tono. No hay una secuencia larga de monumentos ni una lista de cosas para tachar rápido. El pueblo se entiende de otra manera: una calle, otra calle, la iglesia, la piedra, la ladera.

Mil años de historia y solo 15 habitantes: el pueblo escondido del Valle del Silencio

La referencia es Peñalba de Santiago, una localidad del municipio de Ponferrada situada en la entrada del Valle del Silencio.

Su origen se vincula con la llamada Tebaida berciana, una zona donde entre los siglos IX y X se asentaron eremitas y comunidades religiosas que buscaron aislamiento en estos valles de montaña.

El nombre que más aparece en ese origen es el de San Genadio, monje y luego obispo de Astorga, que impulsó la fundación del monasterio entre 909 y 916.

Con el tiempo, el núcleo quedó reducido a un caserío compacto de piedra y pizarra. No hubo una expansión grande hacia afuera ni una transformación que le cambiara el tamaño original.

En 2008, Peñalba de Santiago fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Etnológico, y la iglesia de Santiago ya tenía además la protección de Monumento Nacional desde 1931.

El punto más fuerte del recorrido es la Iglesia de Santiago de Peñalba, una de las piezas más conocidas del arte mozárabe en León.

El monasterio fue fundado en tiempos de San Genadio y la iglesia actual fue consagrada en 1105, aunque mantiene rasgos que la vuelven una referencia clara dentro de este tipo de arquitectura. Entre esos rasgos aparecen la planta en cruz y el uso del arco de herradura, especialmente visible en el acceso.

Además, las viviendas mantienen muros de piedra irregular, cubiertas de pizarra y una disposición adaptada a la pendiente.

El pueblo escondido no se termina en sus calles. Muy cerca aparece la Cueva de San Genadio, vinculada al retiro espiritual del obispo, y una de las rutas más repetidas del entorno sale justamente desde Peñalba.

El sendero es corto y suma vistas abiertas del valle, por eso suele funcionar como una extensión natural de la visita.

También forma parte del contexto la Ruta de la Tebaida berciana, que conecta distintos puntos ligados a la tradición eremítica de la zona. Ahí se entiende mejor que Peñalba no es un caso aislado, sino una pieza dentro de un sistema histórico más amplio.

A pocos kilómetros se suman además las ruinas del Monasterio de San Pedro de Montes, que amplían la lectura del valle y del proceso religioso que marcó esta parte de El Bierzo en la Edad Media. Ese cruce entre pueblo, iglesia, cueva y monasterio cercano es lo que le da espesor al viaje.

Ahí está una parte de la fuerza del lugar, ya que Peñalba de Santiago no funciona por cantidad, sino por concentración: muy poca población, pocas calles, una iglesia decisiva y un paisaje que sigue teniendo más peso que el turismo.

Fuente: www.clarin.com

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