Marco Tulio Cicerón y una defensa sobre la amistad: “¿Qué hay más dulce que tener a alguien con quien puedas hablar de todo como contigo mismo?”


El filósofo romano, político, escritor y jurista Marco Tulio Cicerón (106 a.C. – 43 a.C.), fue conocido por ser una de las figuras más polifacéticas e influyentes de la antigua Roma. Defensor acérrimo de la República frente a la tiranía autoritaria, el autor reflexionó sobre las relaciones humanas. Qué significa su frase en latín “quid dulcius quam habere quicum omnia audeas sic loqui ut tecum?, traducida al castellano como, ¿Qué hay más dulce que tener a alguien con quien puedas hablar de todo como contigo mismo?.

Nacido en el año 106 a.C. en Arpino, una ciudad al sur de Roma, su origen no fue aristocrático. Así y todo, llegó a ser cónsul en el año 63 a.C., el cargo más alto de la república, debido su inteligencia y la fuerza de su palabra.

Vivió en uno de los períodos más convulsos de la historia romana: la caída de la república, las guerras civiles, el ascenso de César y, finalmente, el de Marco Antonio, quien ordenó su muerte en el año 43 a.C.

Fue autor de obras fundamentales de la filosofía y la retórica occidentales, entre ellas De República, De Officis y las célebres Catilinarias. Su labor fue vital para Occidente encargándose de traducir y adaptar conceptos de la filosofía griega al latín.

El tema de la amistad para Cicerón no era algo menor, de hecho, escribió en el 44 a. C. el “Laelius de amicitia” (también conocido como De amicitia), un tratado filosófico sobre el tema, a petición de su amigo Ático. Este autor tenía en las relaciones entre los seres humanos y el sentido de la vida sus principales preguntas que plasma en ese tratado.

En él, resalta el rol de la amistad y la necesidad humana de tener relaciones sociales. Da múltiples ejemplos de la vida política romana, y plasma este escrito cuando intenta sostener una red de relaciones contra el poder de Marco Antonio. Dio una serie de discursos para denunciar a este último como un tirano, tras la muerte de Julio César.

Le da a la amistad una importancia social única. En la frase, el valor aritmético de la amistad se puede calcular fácilmente. Al decir que “duplica las alegrías”, asegura en pocas palabras que contar con amigos le da más valor a lo que nos pasa.

Compartir un logro, o ver el logro del otro, cuando se lo quiere y aprecia, no hace que el placer se fragmente, sino al revés: se expande o “multiplica”. Por otro lado, al definir que la amistad “divide las angustias” tiene un efecto contrario: matiza el dolor.

En la metáfora, la amistad actúa como un soporte estructural. La pena de uno (o la de un amigo), se hará más liviana si se cuenta con alguien con quien compartirlo. Alguien que escuche, atienda (y entienda). Hará más ligera la carga. Si bien no elimina el problema, no sentirse solo y estar acompañado hará que suavice el dolor.

Profundizando en la ética filosófica, en su tratado De Amicitia, Cicerón escribió que la amistad le da brillo a la prosperidad, y hace que la adversidad sea más leve. Para los demás autores de esa línea de pensamiento, la amistad no es una posibilidad o entretenimiento, sino que debería ser una necesidad ética para llevar adelante una vida más plena.

Fuente: www.clarin.com

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