La cocina de un gran invento argentino: la Oleneta va por más :: Olé

Primero lo primero. Y aunque suene un poco cursi en tiempos en que todo pasa rápido: gracias. Gracias a todos y a todas. A esa audiencia fiel que nos sigue cada día, esté donde esté el logo de Olé (ahora renovado). Porque este cumpleaños de 30 nos moviliza a quienes hacemos el diario, pero también pertenece a los hinchas y a todos los que sienten que el deporte les hace la vida un poco más linda. Nuestro pan de cada día que nos conmueve igual hoy que como cuando arrancamos; como si un partido cualquiera, una carrera, una pelea, cualquier competencia o amistoso, fueran determinantes para el mundo mundial. Así somos, no es joda lo de la pasión, una palabra que a veces se vulgariza como si cualquiera la tuviera.

Pasión, posta. Basta pasar un rato por la redacción de Olé para entenderlo. La rutina ya no se parece a la de aquellos años en los que todo terminaba cuando cerraba la tapa y salían las páginas. Hoy es todo el día, todo el tiempo, minuto a minuto. Y por eso los debates, las discusiones y las diferencias forman parte de una adrenalina cotidiana. Para publicar rápido las noticias, para analizar casi en tiempo real las miles de polémicas que tenemos y que tendremos, analizar situaciones, declaraciones, interpretar, sentenciar. En nuestra casa de Tacuarí, decorada con gigantografías de tres estrellas de Messi, Maradona y Passarella con las copas del 2022, 1986 y 1978, respectivamente, se respira amor por la camiseta. Hay puntos de vista cruzados, contrapuntos álgidos (siempre con respeto), alguna cargada de los que son más hinchas, gritos de gol de unos pocos, fanatismo por algunos deportes. También movimiento permanente en nuestros grupos de WhatsApp de laburo, que se alimentan a toda hora. También hay algún aroma de cocina con el hornito eléctrico que tiene más partidos que Messi en la Selección y clima de amistad en el comedor con banquetas. Por delante, siempre, Olé. Pase quien pase, siempre Olé, a la hora que sea y el día que sea, en un oficio de 365 días al año.

Gran parte de lo que es Olé, de las distintas áreas que hacen el día a día (ARIEL GRINBERG)Gran parte de lo que es Olé, de las distintas áreas que hacen el día a día (ARIEL GRINBERG)

La mirada retroactiva lleva a miles de recuerdos, con historias, anécdotas, producciones, productos y una empresa que adoptó a Olé como uno de sus hijos predilectos. Porque más allá de problemas coyunturales que de base atravesamos por vivir en Argentina, en la redacción de Olé se hace escuela desde hace rato. Hay bullicio, se la pasa bien, se discute con libertad, se opina, se les abre la puerta a todos. Desde el “pasante” de Olé, un personaje ficticio de las redes sociales, con tantos ex pasantes que ya son titulares indiscutidos, pasando por los invitados y la gente de todas las áreas, sea quien sea. En Olé se juega en equipo: la Oleneta. Sin un Messi, con varias figuras y muchos que dan la talla en diferentes posiciones. Y como Scaloni, con un recambio de los necesarios, de los buenos, abriendo puertas a quienes vienen de abajo, a quienes empujan para el mix con los más grandes: hoy por suerte hay muchos y muchas que suman y que no habían nacido cuando salió Olé. Es inevitable renovarse y estar a la altura de la exigencia.

Treinta años después de aquella primera edición, de no creer, Olé sigue intentando hacer lo mismo: contar con pasión, personalidad y un lenguaje cercano a la gente. No tuvimos que caretearla para adaptarnos al mundo de las redes: muchas tapas de Olé, bastante antes de que existiera la palabra meme, ya funcionaban como memes. Cambiaron las plataformas, cambiaron los consumos, cambió la velocidad con la que circula la información y hasta cambió la manera en la que se discute. Y hay algo que se mantiene intacto: la búsqueda cotidiana de enganchar, entretener, informar y estar donde se vive el deporte.

Hoy Olé tiene un alcance impensado para aquel diario que nació en papel en 1996, con la conducción de Ricardo Roa y años después de Leo Farinella. La web, las redes sociales, el video, el streaming, TikTok, el canal de WhatsApp y las nuevas plataformas multiplicaron la audiencia y derribaron fronteras. Ya no hablamos solamente con el lector que compra el diario —como dos de fierro, Roberto Saporiti y Guillermo Coppola— o entra a una página desde la Argentina: hoy convivimos todos los días con una comunidad global que vive el deporte desde cualquier rincón del mundo y en tiempo real. Esa internacionalidad también nos transformó. Nos obligó a crecer sin dejar de ser lo que somos.

Claro que hacer lo que hacemos tiene su precio. Todo sucede ya, ahora. Todo se opina al instante. Equivocarse puede pasar, porque trabajamos en medio de una vorágine constante, pero en Olé siempre creímos que lo más importante es ser honestos: chequear, corregir cuando corresponde, disculparse. Y en un mundo donde todos generan contenido, donde cualquiera puede publicar cualquier cosa, esa honestidad y esa credibilidad son (y serán) más valiosas que nunca.

Las redes sociales potenciaron el alcance y también multiplicaron el ruido. Hay millones de likes, sí, pero también en los comentarios nos critican, nos cuestionan y nos discuten. Los hinchas de Boca nos acusan de ser de River y los de River, de ser de Boca. Algunos creen que bancamos a la AFA y otros que estamos operados por la contra. Si publicamos táctica nos pueden decir que somos aburridos, si hacemos algo periférico al deporte, preguntan irónicamente en qué se transformó Olé. Si celebramos los 30 con un campaña creativa hecha con IA, también surgen detractores. Y probablemente eso siga pasando siempre. Lo asumimos como parte del juego y de la relevancia.

En estos 30 años también aprendimos algo importante: el deporte nunca deja de ofrecer nuevas historias, ídolos nuevos. Y Olé siempre intentó estar cerca de esos fenómenos desde el principio. Pasó con Lionel Messi cuando todavía era un chico que empezaba a maravillar al mundo y Olé, con el trabajo inolvidable del queridísimo Topo López —que en paz descanse—, decidió seguir cada uno de sus pasos como pocos medios lo hicieron. Hoy, mientras nos acercamos a la posibilidad de disfrutar su sexto Mundial, dimensionamos mejor todo lo que significó acompañar desde tan temprano una carrera irrepetible.

Y algo parecido ocurre ahora con Franco Colapinto, desde que anunciamos que lo iba a fichar Alpine y sufrimos hasta que lo hicieran oficial por la tarde, en una mañana eterna. Porque Colapinto ya es mucho más que un piloto talentoso: representa una ilusión colectiva, una personalidad distinta, una conexión muy fuerte con las nuevas generaciones y un fenómeno que excede al automovilismo. En Olé entendimos rápidamente que detrás de sus resultados había una historia enorme para contar, y por eso también decidimos seguirlo de cerca, aprender un mundo nuevo y convertirnos en especialistas de una categoría que volvió a despertar el interés masivo de los argentinos.

Tal vez ahí esté una de las claves de estos 30 años: seguir renovándonos sin perder identidad. Conviven periodistas históricos con nuevas generaciones que traen otras miradas, otros formatos y otras maneras de consumir. Hay experiencia, memoria y oficio, también una búsqueda permanente por entender hacia dónde va la conversación. Porque el desafío no es solamente adaptarse a los cambios, sino hacerlo sin dejar de sentirse Olé.

Y justo cuando cumplimos 30, otra vez aparece un Mundial. Nada menos. Encima llegamos como campeones. Lo que nos desordena los horarios, nos altera el humor y nos maneja el día a día. Ahí va a estar Olé. Como estuvo siempre. Con enviados, coberturas, streaming, historias, debates, videos, posteos, análisis, memes y ojeras. Tratando de llegar antes, pero también de contar mejor. Y también de seguir soñando cosas nuevas: hoy con shorts, minidocumentales y formatos que hace unos años ni imaginábamos. Y mañana, quién sabe, tal vez con ese gran documental que todavía nos debemos. De eso se trata hace tres décadas.

Fuente: www.ole.com.ar

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