La batalla de Adorni, libertarios en modo K y quieren privatizar las candidaturas


¿A quién le conviene?

El Gobierno tiene claro que le conviene ir al choque esta semana en el Congreso y librar la batalla de Adorni. Es la oposición la que debe decidir si le conviene sumarse a esa confrontación en la que lleva las de perder. El Gobierno echa el resto en la confrontación de superficie, llevando a la colectividad a la pelea callejera para ver si recluta nuevos amigos, identifica enemigos y acentúa el mecanismo tóxico de la polarización.

Es un retablo que dominará el oficialismo y que le puede servir a algún diputado silvestre que sueña con el clip por Youtube de su intervención, aunque seguramente la transmisión oficial amortiguará cualquier voz que busque esmerilar al jefe de Gabinete. El protagonista, además, puede hacer la gran Guillermo Francos, decirse ofendido al primer insulto, y retirarse del recinto dejando a los anfitriones colgados del pincel.

Ante esa eventualidad completamente previsible, algún cacique legislativo podría declarar que un funcionario investigado no es digno de ser recibido en el recinto y que es mejor que vuelva cuando ya tenga la ficha limpia. Alimenta más la inoportunidad para la oposición de prestarse a esta trampa, el hecho de que Adorni es un funcionario intrascendente de quien no depende ninguna función importante del Estado ni del Gobierno.

Vale lo que sus mandantes creen que vale, como vocero de un gobierno que solo hace propaganda y que les teme a los comunicadores al punto de cerrarles las puertas de la sede central. Solo por esa decisión, tomada por Adorni, merecería que el Congreso no lo reciba. Y menos para que agravie a los legisladores desde el podio.

“Batatas” culturales, ¿para qué?

Es una oportunidad para aventureros. Pero no para un proyecto opositor sólido ante la caída de prestigio del Gobierno que -por su propia responsabilidad- está ya por debajo de la media. O es la economía o es la intención del oficialismo de insistir en el método kirchnerista de insultar al electorado del que depende su subsistencia. Cristina de Kirchner, como antes Néstor, se dedicó a destratar al electorado de CABA porque votaba al PRO. Así les fue.

El Gobierno repite el método con el resto de los ciudadanos, a quienes insulta por lo que son y no por lo que hacen. Desprecia a sindicalistas, empresarios, economistas, legisladores, dirigentes del fútbol, a periodistas y comunicadores.

Dio esta semana el ejemplo en la Feria del Libro. El secretario de Cultura, que además es productor de teatro, se subió a la tarima de la inauguración para decirles a los asistentes que el país le debía la bonanza a Javier Milei. La platea, como era esperable, estalló en silbidos y él repitió los gritos la consigna, jaleada por una barra de “batatas” que ingresó y se fue con él. Y eso que había que contar con una rigurosa invitación.

¿Qué sentido tiene insultar a una vecindad que no está con el Gobierno, que obtuvo en las últimas elecciones el 30,7% de los votos (el 15% por sobre la totalidad del padrón con un altísimo número de abstenciones)? En esas elecciones, los partidos que gobiernan el distrito desde hace casi 20 años sacaron, sumados, casi lo mismo (29,27%) y el otro tercio cercano al 28% se lo llevó el peronismo.

El mileísmo no representa a la mayoría, tiene 2/3 en contra y más bien le valdría tratar de entenderse con ese electorado, representarlo y no enojarse.

Meteorología adversa

En este punto puede ser que el Gobierno defienda su interés, que es dar batallas imaginarias. Pero seguro que no cumple la tarea de representar. El mileísmo es una fuerza que tiene que crecer si quiere ganar la reelección del Presidente. Eso se hace sumando votos y adhesiones, no aprovechando cada oportunidad que tiene para disparar orines contra el viento.

Esta confrontación es aún menos oportuna para un gobierno que nació débil y que en el examen de renovación legislativa de 2025 llegó al 40% de los votos y su oposición del peronismo alcanzó 34%. Ese resultado prueba que todavía no ha crecido como para soñar una elección cómoda. Quizá toqueteando el régimen electoral cree que lo hará. Pero no está tampoco claro que el Congreso quiera hacerle un favor a un gobierno que lo destrata.

Tampoco existe el clima de reelección que pudo tener un Menem en 1993, después de las elecciones exitosas que precedieron al Pacto de Olivos. Los ilusiona el ejemplo de Cristina 2011, porque la reelección por amplio margen de ese año se hizo con la aplicación de las PASO por primera vez en las presidenciales.

La oposición, que hasta ese momento no había querido entender el sistema, se desentendió en el debate, lo rechazó con el voto, y concurrió a las urnas deshilachada. La segunda fuerza fue la de Hermes Binner, con 16,87% de los votos. Una miseria, diría el Beto.

Peligra el sistema que mejor funciona

El debate sobre la reforma electoral con eje en la abolición de las PASO responde al mismo ejercicio de la contradicción como método. Busca desbaratar el sistema institucional que mejor funciona en Argentina para retroceder al tiempo de las oligarquías partidarias. Cumple también kirchnerianamente, con la misma rutina de sus modelos: Milei fue presidente por las PASO; y ahora su gobierno se suma a quienes rechazan el sistema que lo hizo llegar a donde está.

En 2009, el gobierno peronista creó las PASO para desbaratar a la oposición. Cristina llegó al gobierno, pero nunca más las quiso. El eje de la reforma que propone el gobierno consiste en sacar las PASO y hacer elecciones con listas nacionales, provinciales y municipales en distritos donde se vote en una misma fecha.

Eliminar las PASO privatiza el sistema de elección de candidaturas que había estatizado la ley de 2009. También busca imponer condiciones muy duras para crear y sostener partidos políticos. En un año, si se aprueba la norma, deberán presentar un mínimo de10 mil avales -antes eran 4 mil-. Es una aventura que lastima al sistema que mejor funciona en el país.

La Argentina es el país de la región que mejor asegura la alternancia, que es sinónimo de democracia. En el país gobiernan quienes ganaron las elecciones -algo que no pueden decir muchos países de la región y hasta del occidente europeo-. El público vota; casi no hay denuncias de fraude que prosperen; el que gana gobierna y el que pierde acepta el resultado sin chistar.

Disidentes: internas sin PASO

El gobernador Raúl Jalil, que es como la radiografía del gobernador peronista disidente con la conducción nacional, dio una señal sobre el debate de las PASO: “El peronismo -afirmó- tiene, como todos los partidos políticos, la madurez política para resolver los candidatos a través de internas y a través de lo que decidan los partidos políticos”.

En ese lenguaje habla de internas dentro de los partidos, no habla de PASO, y da una señal de apoyo al Gobierno. Está en línea con la idea de Sergio Uñac de armar una serie de elecciones internas de candidatos del peronismo entre noviembre y marzo de 2027.

Este proceso seguiría un itinerario desde el Interior hacia el área metropolitana, como una señal de federalismo y de desprendimiento de la hegemonía que ejerce el peronismo del AMBA sobre el interior. La misma idea tenía José Manuel de la Sota antes de que existiesen las PASO.

De la Sota rechazaba la simultaneidad

Graciela Camaño, que era presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados en 2009 cuando se discutió la ley PASO, cuenta que antes de ingresar el proyecto al Congreso, el apoderado Jorge Landau le informó qué tratarían. Serían unas internas abiertas, simultáneas y obligatorias.

Camaño recuerda que antes del debate legislativo se encontró con De la Sota en un local del sindicato de los gastronómicos porteños y se lo contó. De la Sota se enfureció al escuchar “simultáneas”. “¿Simultáneas? De ninguna manera, no es lo que hablamos con Néstor”. Y partió a quejarse.

La idea de De la Sota era que también se hicieran varias primarias por regiones y que avanzasen del Interior hacia el AMBA como una reivindicación del federalismo. En 2014, De la Sota reflotó la idea de primarias federales del Interior hacia el centro y calificó el sistema como una encerrona del cristinismo. Igual participó en las de 2015 como vice de Sergio Massa.

PJ y Cambiemos se resisten

El peronismo de los bloques cristinistas de José Mayans y de Juliana di Tullio parece alineado en el rechazo frontal. Los disidentes del peronismo que dependen de gobernadores tienen libertad para decidir si apoyan al Gobierno nacional o no. La reforma que propone Olivos es para las elecciones nacionales. Las provincias tienen sistemas de elección de candidaturas diversos. Algunos tienen PASO y otros no.

Las familias políticas que integran las coaliciones del PJ y de Cambiemos tienen liderazgos en crisis. El mecanismo de las PASO es el más apropiado y no es seguro que les convenga resignarlos solo porque le conviene al gobierno de Milei. El que está en el gobierno no quiere PASO ni entorno, porque el dedo y la lapicera ordenan las conductas.

Cuando pasan a la oposición, piden PASO: es como la relación que tienen los presidentes con los partidos. Cuando están en la presidencia, los peronistas desprecian al PJ, pero cuando salen del cargo y vuelven al llano se aferran a la marca. Lo hizo Menem, que ignoraba al PJ y gobernaba con los Alsogaray y Cavallo, pero cuando dejó el cargo se hizo elegir presidente del partido.

Lo mismo hizo Néstor Kirchner después de 2007: pidió ir al partido, lo hizo perder en 2009 y renunció enojado sabe Dios con quién. Cristina se llenó de argumentos para destratar al PJ, pero cuando dejó el gobierno en 2023 se hizo elegir presidenta del partido.

La casa está en orden

De paso, el consejo del partido, que encabeza José Mayans con otros cuatro vicepresidentes, ofició a la jueza María Servini que Cristina no tiene ninguna función como autoridad del PJ. Fue por la demanda de militantes que piden la intervención, por la inhabilitación que tiene la expresidenta. La cúpula cree que con esa respuesta Servini no tomará ninguna medida, ni intervención ni destituirla.

Esta semana se reunirá el Consejo Nacional para revisar la suerte del trámite en sedes intervenidas como Salta y Jujuy, que están impugnadas por un juez local. Además, convoca para dentro de un mes al Congreso Nacional del partido. Allí se decidirán medidas para actualizar la agenda política pensando en 2027.

En el peronismo han estallado los encuentros territoriales que disparó Miguel Pichetto cuando visitó a Cristina. El diputado se reunió en el hotel Palladio con Ricardo Quintela, hoy un soldado de Axel Kicillof, que partió el viernes hacia La Quiaca para un acto con Victoria Tolosa Paz.

Ese mismo viernes asumió Axel la presidencia del PJ de Buenos Aires. Fue el broche a una guerra que nadie sospechaba con este final: desplazó a Máximo Kirchner de la conducción del PJ. Es una victoria ante Cristina, que fue quien lo llevó a la fama, pero en quien ahora no confía.

Alex le toma gusto a la calle

Julio Alak, intendente y precandidato a suceder a Axel en la gobernación, hizo un ejercicio de bilocación y el viernes estuvo en la presentación del acto de Oscar Parrilli, que intentó competir con el de la asunción de Axel en La Plata. Después presidió la jura del gobernador. En pocos días más -el martes 5 de mayo- recibirá a Pichetto en La Plata, como parte de esta sucesión de encuentros que configurarán un frente para una PASO del espacio.

Alak y Axel estarán esta semana en la calle para reclamar contra el ajuste fiscal que redujo la recaudación y la coparticipación. Junto al “Cuervo” Larroque van a las puertas del ministerio de Sandra Pettovello para señalarla como responsable de las reducciones de la asistencia alimentaria de los pobres.

Esperan que estén por lo menos Quintela y el gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto, y representantes de Gildo Insfrán, que ni se muestra mucho en Capital, pero que hoy forma parte del proyecto de Axel. Animará una algarada alternativa a la del Congreso, que contará con la asistencia de Adorni y, si se anima, Javier Milei.

Fuente: www.clarin.com

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