Junhao Wen, neurocientífico: “La interacción entre el sueño y el envejecimiento de nuestros órganos es bidireccional, pero se puede modificar”

Un estudio basado en los datos de medio millón de personas, realizado por científicos de la Universidad de Columbia sobre el reloj biológico de diversos órganos del cuerpo humano y publicado en la revista Nature, asegura que tanto dormir demasiado como dormir muy poco se asocian a un envejecimiento prematuro, especialmente en el cerebro, el corazón, los pulmones y el sistema inmune.
Junhao Wen, un joven doctor en neurociencia computacional de la Universidad de Columbia en Nueva York, se propuso investigar el efecto de la duración del sueño en diferentes órganos del cuerpo humano.
Wen admitió que él mismo tiene un “sueño ligero” y se despierta con frecuencia por la noche. Experto en procesamiento de imágenes médicas, inteligencia artificial y bioinformática multiorgánica, actualmente se desenvuelve como director de investigación en genética de imágenes en el Centro de Innovación en Biomarcadores de Imágenes y Diagnóstico Integrado (CIMBID) de la Universidad de Columbia.
También es cofundador y copresidente del grupo de trabajo de Genética de Imágenes Cerebrales de la Sociedad Internacional para el Avance de la Investigación y el Tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer, la mayor comunidad internacional de investigación sobre el Alzheimer.
La paradoja del sueño: si dormís mucho, envejecés antes, pero si dormís muy poco, también
Junto a varios colegas recurrieron al UK Biobank (Biobanco del Reino Unido), un banco de datos de más de 500.000 voluntarios, que incluye datos de salud como cuestionarios sobre estilo de vida, imágenes cerebrales y muestras de sangre.
El sueño, gran regulador del cuerpo humano. Foto: Pexels.Al reunir toda la información desarrollaron 23 parámetros de relojes biológicos para identificar las características biológicas del envejecimiento en órganos específicos y determinar si una persona envejece más rápido o más lento que su edad cronológica.
El método de análisis integró diversas fuentes de información, desde imágenes médicas hasta proteínas específicas de órganos y moléculas presentes en la sangre. Por ejemplo, en el caso del hígado se entrecruzaron datos de proteínas, índices metabólicos e imágenes médicas.
Al comparar la edad biológica indicada por los relojes biológicos con las horas de sueño de cada individuo, surgió una clara correlación: quienes duermen menos de 6 horas y quienes duermen más de 8 horas al día envejecen más rápido; mientras que quienes duermen entre 6,4 horas por día y 7,8 horas envejecen más lentamente.
“Esto no significa que la duración del sueño por sí sola cause un envejecimiento más rápido o más lento de los órganos, sino que sugiere que tanto la falta como el exceso de sueño pueden ser indicadores de una peor salud general”, aclaran en el estudio.
El análisis exhaustivo en medio millón de adultos confirma el punto óptimo de duración saludable del sueño diario entre seis y ocho horas, relacionado con un menor riesgo de muerte prematura.
Los patrones de sueño anormales
El equipo buscó vínculos genéticos con patrones de sueño anormales, y para su sorpresa, encontraron muy pocos. “Eso significa que el sueño podría estar más influenciado por factores ambientales que por la herencia genética”, indicó el doctor Wen.
“Es un mensaje importante para el público, porque implica que se puede modificar”, señaló. Los datos refuerzan la hipótesis de que mejorar la duración del sueño podría ser una forma viable de reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con la edad.
Abigail Dove, neuroepidemióloga del Instituto Karolinska de Estocolmo, no participó en el estudio, pero coincide con los resultados. “El sueño afecta a todos los órganos del cuerpo, y en cierta medida, que se pueda modificar es una herramienta que podría ser muy útil”, explicó.
Dormir menos de 6 horas y más de 8, asociado al “envejecimiento prematuro” según un nuevo estudio. Foto: Pexels.Investigaciones previas también examinaron la relación entre la duración del sueño y la edad biológica de una persona, y sugieren que diferentes órganos del cuerpo pueden envejecer a ritmos distintos.
Alexandra Badea, ingeniera biomédica de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, se dedica a investigar sobre diferentes tipos de demencias. “Es como me decía mi abuela: ‘Tienes que cuidar tu salud en general, porque estos sistemas se comunican entre sí”, manifestó.
¿Cada órgano humano necesita diferentes horas de sueño?: los indicios del estudio
El doctor Wen indicó que observaron un patrón en forma de “U”, donde el punto más bajo de la curva no siempre se encontraba en la misma posición y cambiaba según el órgano analizado.
En el corazón, por ejemplo, la cantidad de sueño asociada a los mejores resultados era de seis horas; para el cerebro los mejores resultados se alcanzaban con ocho horas. Y en algunos casos, el tiempo óptimo de sueño difería entre mujeres y hombres.
Las diferencias entre los patrones de sueño de hombre y mujeres, otro aspecto a investigar. (Foto: IA Gemini).Ese dato determina una nueva vía de investigación. Las tasas de afecciones como la diabetes tipo 2 y la depresión fueron más bajas para las personas que dormían entre seis y ocho horas diarias.
“Si la duración del sueño afectó directamente al envejecimiento y la salud de los participantes, o el envejecimiento y la salud afectaron a su sueño, es una pregunta interesante, y personalmente creo que es bidireccional“, indicó el neurocientífico.
Significa que ambos factores posiblemente se retroalimentan, con causas y efectos que se relacionan en ambos sentidos, atravesados por los hábitos de cada persona y los factores preexistentes, tanto genéticos como el contexto ambiental.
“La interacción entre el sueño y el envejecimiento de nuestros órganos es bidireccional, pero se puede modificar”, sostuvo Wen, convencido de que los cambios en la duración y la calidad de nuestro sueño pueden tener efectos positivos en la salud general.
El estudio ofrece una de las visiones más completas de la interacción entre el sueño y el envejecimiento en todo el organismo, más precisamente en 17 órganos del cuerpo humano.
“El análisis se realizó principalmente con los participantes del Biobanco del Reino Unido, así que los resultados podrían no ser extrapolables a otras poblaciones”, anticipó Wen, dejando la puerta abierta a futuras investigaciones.
Con información de la agencia ANSA.
Fuente: www.clarin.com



