Gana miles de millones con el petróleo, pero cada vez lo usa menos: la paradoja de Noruega

Como efecto de medidas políticas que implementó haces varios años, Noruega disminuyó el consumo de hidrocarburos y es uno de los Estados más “verdes” del mundo.

A la par, es uno de los mayores exportadores de gas y petróleo de Europa.

En el último tiempo, los grandes conflictos bélicos internacionales han acelerado esta tendencia paradojal.

Un país líder en energías limpias y en exportaciones de hidrocarburos: la paradoja noruega

Noruega es uno de los primeros países europeos en los que se estableció un impuesto al carbono. Esto ocurrió en 1991, por impulso del Gobierno laborista de la primera ministra Gro Harlem Brundtland, y su propósito era fomentar energías limpias.

Muchos años después, el Partido Conservador sancionó una norma en el mismo sentido, lo que evidencia que la idea es transversal a los distintos partidos políticos. En 2017, bajo el mandato de Erna Solberg, el parlamento aprobó la ley del Clima, que fijó el objetivo de reducir las emisiones de carbono entre un 50 % y un 55 % para 2030 (respecto a 1990).

Brundtland, la primera ministra que impulsó el impuesto al carbono. Foto: Wikipedia (CC BY-SA 2.0)

Gracias a estas medidas, el país nórdico tiene, desde hace décadas, una de las infraestructuras más limpias de Europa, traccionada por energía hidroeléctrica.

En 2005, Noruega se convirtió en el líder mundial en autos eléctricos. Para 2024, en tanto, nueve de cada diez vehículos nuevos vendidos fueron eléctricos.

Otro dato que demuestra el éxito del Estado en esta materia es que es el miembro de la Agencia Internacional de la Energía que registra la mayor proporción de consumo de electricidad en relación con su consumo energético total.

A pesar de todo (o a la par de todo), el país no ha dejado de aumentar su producción de gas y petróleo, combustibles fósiles contaminantes que exporta masivamente y que le suponen la mayor fuente de ingresos.

Las exportaciones del sector energético suponen más del 60% del total de los bienes vendidos al exterior y representan más del 20 % del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.

El Estado mantiene una participación mayoritaria en el conglomerado Equinor, principal operador en la plataforma continental noruega, y destina la mayor parte de los ingresos al fondo soberano —el llamado “Fondo del Petróleo”— que garantiza la solvencia del generoso sistema de pensiones y otros beneficios del Estado del bienestar.

En 2025, el fondo petrolero tenía alrededor de 1,9 billones de dólares. Foto: Pixabay (MichelleMaria_Pitzel)

El mencionado fondo contaba, a finales de 2025, con activos por un valor estimado de 1,9 billones de dólares, el equivalente a un ahorro de 350.000 dólares por cada ciudadano.

La contradicción de este Estado entre la descarbonización interna y su papel como gran exportador global de fósiles ha sido bautizada como “la paradoja noruega” y genera, desde hace años, un intenso debate político y social.

“Cuando el mundo arde, el dinero fluye hacia nuestro presupuesto”: la paradoja noruega en el contexto actual

Por si la contradicción no era ya acentuada, en los últimos años, debido al contexto internacional, se profundizó.

A pesar de la reducción en el consumo interno de hidrocarburos y de la presión de una parte de la sociedad por dejar de extraer hidrocarburos, los conflictos en Ucrania e Irán han obligado incluso a los partidos más “verdes” a aceptar que el gas y el petróleo noruego son un “mal necesario” para la seguridad energética europea y la supervivencia del Estado noruego.

Esto quedó de manifiesto en 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania redujo drásticamente las exportaciones de Moscú hacia Europa.

Desde entonces, Noruega se erigió en el último proveedor fiable de un continente acosado por la crisis energética.

“Hoy proveemos alrededor de un 30% del gas y un 15% del petróleo que se consume en Europa, adonde enviamos el 90% de nuestras exportaciones”, explicó recientemente Thina Saltvedt, analista de la corporación financiera Nordea, a BBC Mundo.

Tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, la dinámica parece repetirse. Como consecuencia del bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula un 20 % de la producción mundial de petróleo (y un porcentaje similar de la de GNL), el Estado noruego aumentó sus exportaciones de petróleo y, desde el inicio de la guerra, recaudó 5000 millones de dólares adicionales.

Store no tiene intenciones de abandonar la producción de hidrocarburos. Foto: Wikipedia

En consecuencia, y pese al pedido de los sectores más jóvenes de su partido, el primer ministro Jonas Gahr Store no tiene intención de plantear un calendario de abandono para la producción de hidrocarburos.

De hecho, parece querer potenciar la extracción de gas y petróleo: recientemente ofreció 57 nuevas licencias de exploración, mientras que apuesta por el mar de Barents —la zona menos explotada— para compensar el declive de los yacimientos maduros.

Algunos voceros del Gobierno laborista de Store han tratado de contrarrestar la idea de que el país que entrega el premio Nobel de la Paz se enriquece como consecuencia de los trastornos de la guerra. Así lo hizo el ministro de Finanzas, Jens Stoltenberg, quien señaló que Noruega “se beneficia más de la paz”.

Sin embargo, como afirmó Cecilie Langum Becker, columnista del medio estatal Norsk Rikskringkasting (NRK), en el contexto actual, a Noruega le reditúa aumentar la producción de hidrocarburos. “La cruda realidad es que, cuando el mundo arde, el dinero fluye hacia nuestro presupuesto estatal“, sostuvo la periodista.

Fuente: www.clarin.com

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