Fabrizio Oliva, cardiólogo: “El colesterol malo ya no es un factor de riesgo, es un factor causal que se acumula en las arterias desde una edad temprana sin causar síntomas”

Cada cinco años la Asociación Americana del Corazón (AHA) confecciona una guía alimentaria con recomendaciones para la buena salud cardiovascular. A fines de marzo de 2026 se publicó una nueva edición, y el doctor Fabrizio Oliva, presidente de la Federación Italiana de Cardiología, profundiza en cada uno de los hábitos mencionados y agrega algunos más.

Oliva, que también es director del Departamento de Cardiología Clínica del Hospital Niguarda de Milán, es autor de más de 100 publicaciones científicas y revisor del British Medical Journal, el European Journal of Heart Failure y el Italian Journal of Cardiology.

“En Italia, si bien la mortalidad por enfermedades cardiovasculares ha disminuido gracias al diagnóstico precoz y a los tratamientos de vanguardia, los factores de riesgo como la obesidad y el sedentarismo han aumentado en los últimos 10 años”, indicó Oliva en diálogo con el Corriere della Sera.

Se trata de un contexto global, con cifras provistas por la AHA. En Estados Unidos, más de la mitad de los adultos padecen una enfermedad cardiovascular, y los expertos creen que esa cifra aumentará a un 60% en 2050.

Los factores de riesgo se deben en gran medida a hábitos poco saludables: más del 50% de los adultos estadounidenses y el 60% de los niños estadounidenses siguen una dieta poco saludable.

Se estima que solo 1 de cada 4 adultos y 1 de cada 5 niños de entre 6 y 17 años cumplen las recomendaciones de actividad física, lo que contribuye a las tasas de obesidad que afectan a más del 40% de los adultos y a más de 1 de cada 5 niños.

El ejercicio físico, clave para activar el corazón y evitar factores de riesgo. Foto: Shutterstock.

El exceso de peso afecta actualmente al 46% de la población adulta en Estados Unidos, y al 26% de los niños de entre 3 y 17 años, registrándose el mayor crecimiento entre los adultos jóvenes, de 18 a 34 años.

La guía alimentaria para la buena salud cardiovascular

La AHA publicó su Guía Alimentaria 2026 en la revista Circulation, un documento basado en la evidencia científica más reciente sobre la salud cardiovascular a lo largo de la vida.

Bajo el argumento probado científicamente de que la mala calidad de la dieta está fuertemente asociada con un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad por enfermedades cardiovasculares, difunden recomendaciones para mejorar la salud a nivel integral.

“Es una guía alimentaria basada en la evidencia y una revisión compleja que evoluciona junto con la investigación emergente”, aseguró Alice H. Lichtenstein, líder de la Dirección de Dieta y Prevención de Enfermedades Crónicas en el Centro de Investigación en Nutrición Humana sobre el Envejecimiento Jean Mayer del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, en la Universidad Tufts, en Boston.

El primer punto mencionado en la guía es el equilibrio entre las calorías consumidas y la medida del ejercicio que genere un apropiado gasto calórico, para mantener un peso saludable.

Equilibrar ingesta alimentaria con ejercicio, recomendación básica para la salud. Foto ilustrativa: Archivo Clarín

Oliva va más allá de esa afirmación y explica que todo forma parte de un sistema interconectado que genera cambios positivos en el cuerpo humano.

“Habla de prevención ‘primordial, es decir, de adoptar un estilo de vida saludable lo antes posible para prevenir la aparición de factores de riesgo, incluso desde el primer año de vida”, afirma el cardiólogo italiano.

Sostiene que hay medidas recomendadas de ejercicio físico: al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada a vigorosa para adultos, 60 minutos diarios para niños y adolescentes, con ejercicios de fortalecimiento muscular en todas las edades.

Otro consejo se refiere a limitar el consumo de alcohol, basado en que puede incrementar el riesgo de presión arterial alta y otras enfermedades.

“Todas las indicaciones se complementan entre sí, y a la hora de lo que ponemos sobre la mesa para comer, lo que se aconseja se traducen en un retorno a la verdadera dieta mediterránea, en las cantidades adecuadas”, aclara Oliva.

El cardiólogo explica que dentro de los beneficios de ese tipo de alimentación se encuentra la disminución de los principales factores de riesgo cardiovascular, como la presión arterial y los niveles de lípidos en sangre.

El colesterol y el azúcar en sangre, factores de riesgo para el corazón. Foto ilustrativa Archivo Clarín.

“El colesterol LDL, conocido como colesterol malo, ya no se considera un simple factor de riesgo, sino un factor causal que comienza a acumularse en las arterias a una edad temprana sin causar síntomas“, argumenta.

Ante la falta de señales de alarma expresadas en el cuerpo hasta que las afecciones ya están desarrolladas, enfatiza en la importancia de la buena alimentación a lo largo de la vida y evitar la fijación de malos hábitos. La prevención comienza desde el inicio de la ingesta alimentaria y requiere de paciencia, información y seguimiento profesional.

Dieta mediterránea: qué alimentos poner sobre la mesa

El siguiente punto de la guía se refiere a las comidas, con la recomendación de abundantes frutas y verduras, incluso congeladas o enlatadas, siempre que no tengan azúcar ni sal añadidos.

Elegir cereales integrales, como el trigo integral, la avena, la quinoa, la cebada y el centeno, en vez de los cereales refinados, para asegurar una mayor ingesta de fibra y nutrientes esenciales.

Los cereales y las semillas ayudan a mantener la salud cardiovascular. Foto: Archivo Clarín

En lo que respecta a las proteínas, los especialistas dan luz verde al consumo regular de pescado y mariscos, mientras que en el caso de los lácteos, aseguran que es preferible optar por las versiones bajas en grasa o deslactosadas, si bien se reconoce que aún existe debate sobre los beneficios de estas últimas en comparación con la leche entera.

Para el consumo de carne roja, recomienda cortes magros y evitar las carnes procesadas como la panceta y los embutidos. Este mismo enfoque también se aplica a las grasas alimentarias: sustitución de las grasas saturadas y los aceites tropicales -como el de coco- por grasas insaturadas como el aceite de oliva.

Es fundamental optar por alimentos mínimamente procesados ​​en lugar de los ultraprocesados, que suelen tener un alto contenido de azúcar y sodio.

Además, reducir el consumo de sal mediante el uso de hierbas, condimentos o limón ayuda a controlar la presión arterial, un efecto que se ve potenciado por los alimentos ricos en potasio.

Los ocho pilares de la prevención de la salud cardiovascular

Ese mismo patrón alimentario que protege las arterias y ayuda al corazón, también beneficia al cerebro y los riñones, reduciendo el riesgo de diabetes tipo 2, ciertos tipos de cáncer y el deterioro cognitivo.

“Lo ideal es incluir la dieta en el marco más amplio de los ocho pilares esenciales para la vida de la AHA, los ocho pilares que definen la calidad de la salud cardiovascular”, indica Oliva.

Guía de prevención para enfermedades cardiovasculares. Foto: Shutterstock

Se refiere a la combinación de los siguientes cuatro hábitos; nutrición, actividad física, abandono del tabaquismo, sueño de buena duración y de buena calidad; en conjunto con estos cuatro parámetros de control a los que debemos estar atentos en cada consulta médica: peso, colesterol, azúcar en sangre y presión arterial.

“Mejorar pequeños aspectos de esas ocho pautas en conjunto puede prevenir hasta el 80% de los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares, las principales causas de muerte tanto en Italia como en el resto del mundo”, detalla Oliva.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares causan más de 6,5 millones de muertes prematuras cada año, superando a los diagnósticos de cáncer y a las enfermedades respiratorias.

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior