Elvira Lindo, escritora de 64 años, sobre la muerte de su madre: “No me di cuenta de lo que perdía, sino de que algo que todo el rato estaba en mí se acababa. Y hubo una especie de paz extraña”


Elvira Lindo, escritora de 64 años, sobre la muerte de su madre: “No me di cuenta de lo que perdía, sino de que algo que todo el rato estaba en mí se acababa. Y hubo una especie de paz extraña”

Una tragedia familiar marcó la infancia de Elvira Lindo. La célebre escritora española tenía apenas nueve años cuando su madre enfermó. A partir de ese momento, afrontó una vida que derivaría en el origen de lo que la también periodista denominaría como “pensamientos mágicos”.

Asimismo, la enfermedad materna no fue solamente una excusa para refugiarse en la imaginación. También condicionó los años siguientes, cuando llegó a la adolescencia y aparecieron sentimientos que la propia autora describió como especialmente “dañinos”.

En una entrevista del año pasado con Fernando Navarro para El tercer acto, el videopodcast del diario El País, Lindo volvió sobre aquellos recuerdos y explicó cómo vivió una de las etapas “más difíciles de su vida”.

El mayor daño de Elvira Lindo

La necesidad de contar con una figura materna fuerte y protectora se enfrentó entonces con una realidad completamente diferente. “Lo que más daño me hizo fue… creo que ha abarcado mi vida la debilidad de mi madre”, señaló. Tal factor fue crucial, siendo que “todos los hijos necesitan tener una roca a la que aferrarse”, según sus propias palabras.

En su caso, esa “roca” o seguridad se había visto alterada por la enfermedad. Y, frente a lo que ocurría, comenzó a desarrollar una idea que terminó condicionando buena parte de su infancia: “se crearon en mí muchos pensamientos mágicos como de que yo podía salvarle la vida”.

No se trataba de una responsabilidad que pudiera asumir realmente una niña. Pero la esperanza de encontrar alguna solución la llevó a buscar distintas maneras de ayudarla.

El cuidado para “salvar” a su madre

Lindo -nacida en 1962 en Cádiz, Andalucía– recordó que llegó a imaginar que determinadas acciones podían mejorar la salud de su madre. “Creía que yo podría salvarle la vida. Los niños piensan cosas así. Entonces, le preparaba cosas, zumos, pensaba que tenía como un poder […] Y llegó un momento que, todo ese cuidado, para una niña tan pequeña, fue agotador. Y cuando murió yo ya estaba agotada“.

Los pensamientos mágicos eran mecanismos a través de los cuales intentaba encontrar una salida a una situación que no estaba en sus manos resolver.

Finalmente, su madre murió cuando ella tenía 16 años, después de siete años desde que había comenzado a enfermarse. “Cuando murió no me di cuenta de lo que perdía, sino de que algo que todo el rato estaba en mí se acababa. Y hubo una especie de paz extraña”, reveló.

El cambio que experimentó al llegar a la adolescencia

Al comparar a la niña que había sido con la adolescente en la que se convirtió, Lindo reconoció un cambio. Así y todo, afirmó haber habitado el universo de su infancia toda su vida. “No he salido de ahí”, confesó entre risas.

Su recuerdo de la infancia está asociado con una personalidad afectuosa y confiada. Se describió como una pequeña que todavía conservaba cierta ingenuidad: “era muy cariñosa, inocente, de los que puedes engañar con un truco de magia, de los que no se lo saben todo”.

Sin embargo, esa manera de relacionarse con el mundo cambió durante los años setenta. “La adolescencia fue tremenda para mí”, dijo distanciándose de aquella etapa. “Ahí empezaron a surgir muchas manías”, contó. Tampoco se sintió identificada con sus “convulsos años de juventud”.

La escritora no atribuyó esa transformación a una sola causa. “No sé si fueron las hormonas, pero había algo de rebeldía hacia la situación que empezamos a vivir en mi familia y empezaron a brotar en mí sentimientos muy dañinos”, señaló.

Al dejar atrás esa etapa optó por preservar las cosas infantiles. “Me resultan más comprensibles. Soy más yo”, afirmó.

La memoria familiar como uno de los ejes de su literatura

La historia personal de Elvira Lindo permite acercarse a algunos de los temas que aparecen con frecuencia en sus libros. La familia, los recuerdos y la influencia de las experiencias pasadas forman parte de una escritura que suele partir de situaciones comunes para llegar a reflexiones más amplias sobre la vida.

Periodista, guionista, novelista y cronista, Lindo desarrolló una trayectoria marcada por una mirada atenta a los comportamientos humanos. Su estilo combina humor, ironía, sensibilidad y una particular capacidad para descubrir significados en los detalles de todos los días.

Esa forma de narrar fue relacionada con la denominada crónica sentimental, en la que la descripción de escenas cotidianas convive con observaciones sobre las relaciones personales y los sentimientos.

Su popularidad llegó, entre otras obras, con Manolito Gafotas, pero su producción abarcó también novelas, textos autobiográficos y columnas periodísticas.

En Lo que queda de vida (2010), la autora abordó la relación entre las experiencias anteriores y la manera en que cada persona construye su identidad. Allí aparece una idea que atraviesa parte de su obra: para comprender el presente también es necesario mirar hacia atrás y reconocer cuánto influyeron en nosotros las personas, los acontecimientos y las historias que formaron parte de nuestra vida.

Esa preocupación por la memoria y los vínculos también está presente en Don de gentes (Seix Barral, 2026), una recopilación de sus columnas más destacadas publicadas en El País.

El TERCER ACTO de ELVIRA LINDO, con Fernando Navarro | 1×2

Fuente: www.clarin.com

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