El pequeño país sudamericano que halló una fortuna bajo el mar y pasó a ser una de las economías de mayor crecimiento del mundo


Hay un pequeño país que en pocos años pasó de ser una economía periférica de Sudamérica a convertirse en uno de los casos más llamativos de crecimiento económico del mundo.

El descubrimiento y la explotación de enormes reservas de petróleo en aguas profundas cambiaron el perfil de este país de menos de un millón de habitantes, ubicado entre Venezuela, Surinam y Brasil, y con una identidad fuertemente vinculada al Caribe.

Estamos hablando de Guyana.

Según un reporte de Reuters, el país ya era considerado la economía de más rápido crecimiento del mundo antes de que el conflicto entre Estados Unidos-Israel e Irán elevara los precios internacionales del crudo, o petróleo sin refinar.

Este escenario de tensión energética global puede ampliar todavía más los ingresos petroleros de Guyana, que cuenta con reservas estimadas en unos 11.000 millones de barriles.

De acuerdo con el Banco Mundial, el PBI de Guyana creció 43,4% en 2024, impulsado por una producción petrolera que llegó a 225 millones de barriles ese año. El organismo también destacó que el crecimiento no petrolero fue del 13,1%, apoyado por inversión pública, construcción, manufactura y agricultura.

La velocidad del cambio se explica, en gran parte, por el bloque Stabroek, operado por un consorcio encabezado por ExxonMobil.

Reuters informó que la producción superó los 900.000 barriles diarios en apenas siete años, un ritmo inusual para proyectos offshore de esa escala. Entre el inicio de la producción, en 2019, y 2024, el PBI guyanés se multiplicó por más de cuatro hasta llegar a unos 27.500 millones de dólares.

La transformación ya se nota en Georgetown, la capital. La expansión de la industria petrolera impulsó obras, hoteles, oficinas, viviendas y servicios asociados al sector energético. También abrió oportunidades para empresas locales de transporte, alimentación, salud y logística, que buscan integrarse a la cadena de valor petrolera.

El gobierno intenta que una parte mayor de esa riqueza quede dentro del país. Para eso, Guyana avanzó con normas de “contenido local”, que obligan a las compañías del sector a contratar determinados servicios con proveedores guyaneses. Según Reuters, las autoridades evalúan ampliar esos requisitos para que más rubros queden cubiertos y para elevar algunos porcentajes de contratación local.

Aunque las cifras macroeconómicas son excepcionales, gran parte del crecimiento está concentrado en el petróleo. Reuters señaló que el petróleo, el gas y los servicios relacionados representaron más del 75% del PBI del país el año pasado, un dato que muestra el riesgo de una economía demasiado dependiente de un solo sector.

El Fondo Monetario Internacional también remarcó que el panorama de Guyana sigue siendo “altamente favorable”, con una producción petrolera en expansión y un crecimiento no petrolero sostenido por inversión en infraestructura, diversificación y programas de bienestar.

El gran interrogante es cómo administrar la bonanza. Guyana creó un fondo soberano para manejar los ingresos petroleros y financiar proyectos de desarrollo, pero la población todavía convive con problemas estructurales: cortes de electricidad, infraestructura insuficiente, servicios urbanos limitados y aumento del costo de vida.

Además, como el país no refina su propio combustible, debe importar gasolina, diésel y otros derivados. Eso significa que un precio internacional más alto del petróleo puede beneficiar las cuentas públicas, pero también encarecer productos básicos, transporte y energía para los hogares.

El desafío de Guyana es evitar una historia conocida en América Latina: crecer rápido por un recurso natural, depender demasiado de él y quedar expuesta a los ciclos de precios internacionales. Por eso, la discusión ya no es solo cuánto petróleo puede producir, sino qué hará con esa riqueza.

Fuente: www.clarin.com

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