Una final que la vivo con el corazón: que todo un país vuelva a emocionarse :: Olé

Hay partidos que valen tres puntos. Hay partidos que clasifican a una final. Y hay partidos que, además de todo eso, despiertan recuerdos, emociones y sentimientos que ningún reloj puede medir. Para mí, cada vez que Argentina juega contra Inglaterra pasa exactamente eso.
Como argentino, es imposible no pensar en nuestra historia. Es imposible no recordar a los héroes de Malvinas. También es imposible no volver a emocionarse con aquel Diego eterno que nos regaló la Mano de Dios y el Gol del Siglo, dos momentos que quedaron grabados para siempre en el corazón de nuestro pueblo.
Yo también tuve el privilegio de enfrentar muchas veces a Inglaterra con la camiseta de Los Murciélagos. Y puedo decir que cada gol que les convertí tuvo un sabor especial. No era un partido más. Era defender nuestros colores, nuestra bandera y todo lo que sentimos cuando representamos a la Argentina.
Por eso el triunfo de la Selección me emocionó tanto. Porque vi un equipo con personalidad, con carácter y con un compromiso enorme. Porque nunca dejó de creer y porque volvió a demostrar que esta camiseta siempre encuentra un motivo para hacerse más grande.
Quiero hacer un párrafo aparte para felicitar a Los Murciélagos. El mismo día en que todos celebrábamos la victoria frente a Inglaterra, ellos volvieron a dejar bien alto el nombre de nuestro país al conseguir la medalla de plata en el Sudamericano después de una final muy pareja frente a Brasil. Sé el esfuerzo que hay detrás de cada entrenamiento, de cada viaje y de cada sacrificio. Por eso mi reconocimiento es enorme. Esa medalla también llena de orgullo al deporte argentino.
Ahora nos espera España. Una final. Noventa minutos que pueden quedar en la historia. Y cuando llega una instancia así, aparecen la ilusión, los nervios y la esperanza. Pero también aparece la confianza. Porque este equipo ya demostró que sabe competir, que nunca baja los brazos y que siempre juega pensando en los millones de argentinos que empujamos desde cualquier rincón del mundo.
Yo voy a vivir esa final como viví toda mi vida el deporte: con el corazón. Porque hay emociones que no necesitan de los ojos para sentirse. Y si algo me enseñó el deporte, es que los sueños se construyen creyendo hasta el último segundo.
Vamos, Argentina. Estamos con ustedes. Una vez más, hagan que todo un país vuelva a emocionarse.
Fuente: www.ole.com.ar




