“El lujo es vulgaridad”: ¿el mayor “cover” que el Indio Solari hizo de Borges?


¿Qué habría pensado el mayor escritor argentino de la coincidencia entre sus palabras y uno de los mayores hits del Indio Solari en tiempos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota?
“El lujo es vulgaridad”, canta el Indio en “Un poco de amor francés” y convirtió la frase en una de las máximas más repetidas del cancionero ricotero. Uno de sus hits más adhesivos de la cultura popular argentina que incluye frase eterna.
Lo curioso es que, mucho antes de llegar a una canción de Los Redondos, esa idea ya había aparecido en boca de Jorge Luis Borges.
El Indio, su pluma, su verba, el perfume de su poesía cantada, dejó versos y frases que son parte del habla cotidiana, un esperanto invisible que hoy y siempre tiñe titulares de diarios, títulos, fragmentos y esquirlas de canciones que explotan en el oído personalísimo de cada oyente.
Como se le oyó decir a un fan en la previa de uno de sus shows más multitudinarios, sin poder contener las lágrimas: “El Indio me cantaba al oído“.
“Vencedores vencidos”, “El futuro llegó hace rato”, “Los ojos ciegos, bien abiertos”, “Mi único héroe en este lío”, “Vivir solo cuesta vida”. De casi cada canción del Indio y Los Redondos quedó una máxima, un lema o una frase destinada a sobrevivir a la canción que la vio nacer.
La pista aparece en los diálogos que Borges mantuvo con Osvaldo Ferrari y que luego fueron reunidos en el libro En diálogo, II.
“Siempre pensé que sus hábitos de vida, Borges, que son austeros, se relacionan no con el ascetismo místico sino con el estoicismo filosófico”, le dice Ferrari, entrevistador.
La respuesta del escritor es inmediata:
“Sí, desde luego; además, a diferencia de Manuel Mujica Lainez, por ejemplo, el lujo me parece algo horrible a mí. No sé, habrá algo… bueno, quizá mi ascendencia metodista. El hecho es que yo siento el lujo como una forma de guarangada, ¿no?, me parece vulgar“.
Y Borges extiende esa desconfianza al lenguaje.
“Me ocurre lo mismo con el lenguaje: me parece que conviene evitar las palabras lujosas y las lujosas descripciones”.
Y agrega una observación aún llamativa, mínima y curiosa:
“La palabra palacio, por ejemplo, me parece tan, tan vulgar”.
¿Escuchó o leyó el Indio esa frase en Borges? Difícil saberlo. Tampoco importa. Pero lo asombroso, de ser así, es lo que hizo con eso.
Porque más que una cita literal, lo que aparece es una reformulación. La idea pasa de la conversación filosófica a literatura del rock. Una especie de cover literario. La frase sale de la biblioteca y entra al rock argentino.
La relación entre Solari y la literatura excede largamente esta coincidencia con el autor de “El Aleph”.
En 2014, la Biblioteca Nacional le dedicó una muestra que reunió manuscritos, dibujos, pinturas, cuadernos y materiales de trabajo. El catálogo de aquella exposición permitía asomarse a una faceta menos difundida: la de ilustrador, pero también la del escritor obsesivo que corrige, anota y trabaja las palabras con una dedicación poco frecuente dentro del rock argentino.
La exhibición proponía leer a Solari más allá de su condición de músico. Como letrista, narrador visual, dibujante y constructor de un universo propio. El catálogo de la muestra El tesoro de los inocentes, disponible para descarga gratuita, conserva buena parte de ese recorrido y permite descubrir sus ilustraciones, manuscritos y materiales de trabajo.
La conexión con Borges no es extraña como parece a primera vista. Ambos entendieron que una frase podía ser mucho más que una frase. Que sobreviviría a quien la escribió.
Fuente: www.clarin.com



