El caballo de Przewalski: cómo encontro el refugio ideal en la zona radioactiva de Chernobyl


El caballo de Przewalski encontró un refugio ideal en la zona de exclusión de Chernobyl después del desastre radioactivo, la evacuación humana de aquella zona transformó completamente el paisaje alrededor de la central nuclear.
Lo que quedó vacío tras el accidente empezó a llenarse lentamente de fauna salvaje y una de las especies que más llamó la atención fue justamente este caballo originario de Asia central que había estado cerca de extinguirse.
Las primeras imágenes aparecieron años después de la explosión del reactor número 4. Entre edificios abandonados, rutas cubiertas de vegetación y aldeas vacías empezaron a verse manadas de caballos moviéndose dentro de la zona de exclusión.
Los caballos no aparecieron solos. Fueron introducidos en la zona de exclusión en 1998 como parte de un programa experimental impulsado por científicos y organismos ambientales ucranianos. El objetivo inicial era aprovechar las enormes extensiones vacías alrededor de Chernobyl para estudiar si la especie podía adaptarse y reproducirse lejos de la presión humana.
En aquel momento liberaron cerca de 30 ejemplares provenientes de reservas europeas. La expectativa era moderada porque todavía existía mucha incertidumbre sobre el impacto de la radiación en animales grandes.
Sin embargo, las manadas empezaron a expandirse rápido alrededor de bosques jóvenes, antiguos campos soviéticos y caminos abandonados donde ya no había agricultura, tráfico ni actividad industrial constante.
Qué descubrieron los científicos sobre la fauna salvaje en la zona radioactiva de Chernobyl
Uno de los puntos más estudiados en Chernobyl es la contradicción entre radiación y recuperación animal. Aunque el ambiente sigue contaminado en muchas áreas, la fauna salvaje aumentó de forma evidente desde los años noventa.
El caballo de Przewalski empezó a convivir con lobos, alces, ciervos, linces y jabalíes dentro de una región donde prácticamente desapareció la presencia humana permanente.
Investigadores que trabajan con cámaras trampa detectaron incluso que algunas poblaciones animales son más grandes dentro de la zona de exclusión que en reservas naturales cercanas.
En el caso de los lobos, varios estudios mostraron densidades hasta siete veces mayores que en otros parques de la región. Eso llamó bastante la atención porque durante años se pensó que la radiación impediría una recuperación fuerte de ecosistemas grandes.
Con los caballos pasó algo parecido. La ausencia de carreteras activas, maquinaria agrícola y urbanización permitió que las manadas encontraran alimento y espacio suficiente para moverse libremente.
El caballo de Przewalski está considerado el último caballo salvaje del planeta. A diferencia de otras razas ferales, nunca fue domesticado completamente por humanos.
Tiene cuerpo compacto, patas fuertes, crin corta y erguida y un pelaje marrón claro adaptado originalmente a climas extremos de Mongolia y Asia central.
Durante décadas la especie sobrevivió únicamente en zoológicos y programas de cría controlada. En libertad prácticamente había desaparecido hacia mediados del siglo XX.
Por eso el crecimiento de las manadas en Chernobyl llamó tanto la atención de especialistas en conservación.
Aunque todavía existen debates sobre los efectos a largo plazo de la radiación en algunas especies, el caso del caballo de Przewalski volvió a convertir a Chernobyl en uno de los laboratorios naturales más observados del planeta.
Fuente: www.clarin.com



