“El arte tiene la misión de servir al público, no solamente de entretener”


“El arte tiene la misión de servir al público, no solamente de entretener”

Hablar de Francisco es hablar de una figura que excedió los límites de la Iglesia y cuya trayectoria quedó ligada a algunos de los momentos más complejos de la historia reciente. Jorge Bergoglio fue protagonista de una vida atravesada por transformaciones políticas, sociales y culturales, pero también por preguntas sobre el servicio, la solidaridad y la relación con quienes sufren. Llevar esa experiencia al teatro implica elegir qué contar, desde dónde hacerlo y cómo evitar que la representación quede reducida a un retrato solemne. Para María Luján Zalazar, la respuesta está en el lenguaje escénico. Directora de Francisco, el musical del fin del mundo una pieza original de teatro musical, encuentra en la combinación de texto, música y danza una posibilidad de acercarse al personaje desde una dimensión humana y colectiva. La propuesta parte de la autobiografía de Bergoglio y recorre distintos momentos de su vida, vinculándolos con acontecimientos que marcaron a la Argentina y al mundo. La puesta, según explica, privilegia lo simbólico y lo sutil, en consonancia con una concepción austera del espectáculo. Pero hay otra pregunta que atraviesa el proyecto: qué lugar ocupa el arte en una sociedad que parece cada vez más distraída frente al sufrimiento ajeno. Zalazar: “Hablar de Jorge Bergoglio y de Francisco es hablar de servicio. Creo muy fervientemente que el arte tiene esa misión: servir al público y no solamente entretener y gustar. Es complejo decirlo así, porque quienes nos subimos al escenario pretendemos que al público, en principio, le guste. Encuentro en esta pieza original de teatro musical la posibilidad de servir, de dar, de exponer, de conocer, de admirar y de sentir nuestra identidad como pueblo desde la figura de un líder sin igual, con un lenguaje simple, cercano y, a la vez, profundo. Eso es posible únicamente desde la conexión entre texto, danza y música”.

—¿Cómo trabajaron esa dimensión humana sin convertirlo en una figura idealizada?

—En principio, trabajamos siendo profundamente humanos nosotros mismos, reconociendo nuestras fortalezas, nuestras discrepancias, nuestros puntos de encuentro y nuestras diferencias. Trabajamos la obra de Francisco desde lo que entendemos que nos legó. Nunca idealizamos a Francisco, aunque sí lo admiramos cada vez más a medida que nos adentramos en su vida y en su “código”.

Esto no les gusta a los autoritarios

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—El espectáculo también plantea atravesar acontecimientos sociales y políticos de la historia argentina, incluyendo sus zonas más incómodas. ¿Cómo decidieron qué contar y desde qué lugar hacerlo?

—La vida de Jorge Bergoglio es tan rica en tantos sentidos que fue muy complejo seleccionar los momentos que queríamos destacar. Buscamos plasmar su presencia y su participación activa en los momentos más duros de nuestra historia, como la dictadura militar, la crisis de 2001 y la pandemia, además de un mundo atravesado por grietas, guerras y crisis que remiten a muchas décadas de las que le tocó vivir, incluso los tiempos actuales, después de su partida. Creemos que sus palabras en los años noventa, en los 2010 y las que nos puede transmitir hoy prácticamente son las mismas: sirvan, promuevan la alegría, hagan, luchen, sean, acompañen a quienes más lo necesiten. Elegimos hacerlo desde la voz real de Francisco, dado que cada parte que se verá en la obra está basada en su autobiografía. La historia se cuenta desde ahí, desde su mirada humana, con aciertos y errores. Elegimos un lenguaje teatral en el que predominan lo simbólico y lo sutil. La puesta es minimalista y austera, tal como a Francisco le gustaría que fuera.

La urgencia de volver a mirar al otro

J.M.D.

—Hay una pregunta muy fuerte detrás de la obra: qué puede hacer una persona frente al sufrimiento y a quienes quedan al margen.

—Esas palabras sí pertenecen a Francisco porque emergen de un corazón tan humano como el de cualquiera de nosotros. Lo que pasa es que muchas veces, como sociedad, nos encontramos distraídos. Volver a esa pregunta acerca de qué hacemos con el sufrimiento del otro no es únicamente volver a la voz de Francisco, ¡y a la vez sí lo es! Al mismo tiempo, esas palabras adquieren hoy no solo un significado más amplio, sino también importancia, alerta, alarma y emergencia. El reencuentro con nuestra condición humana es vital y está en el orden de lo urgente, a mi entender. Si esta obra puede ayudarnos a recordarlo desde la voz de Francisco, ¡bienvenido sea!

—¿Qué significa para vos, como directora, construir una obra sobre una figura tan cercana y a la vez tan discutida como Francisco, y qué te gustaría que le pase al espectador cuando salga del teatro?

—En principio, nunca pensé la dirección de Francisco como una tarea tradicional de dirección teatral. Dirigir Francisco no es dirigir únicamente una puesta en escena. Para mí, es un gran desafío en muchos sentidos y, además, implicó responder a un llamado muy potente. Pero eso te lo podré contar en detalle en alguna otra nota. Lo que me gustaría que le pase al espectador es que se llene de vida. Que ver Francisco sea una posibilidad para abrir preguntas acerca de qué estamos haciendo con el valioso tiempo del que disponemos. ¿Dónde estamos mirando? ¿A quién? ¿De qué manera podemos volver a abrir el corazón y ser faro? ¿Podemos transformar las cosas y hacer una diferencia? La pregunta por el sufrimiento ajeno atraviesa la propuesta y conecta el recorrido biográfico con una reflexión sobre el presente.



Fuente: www.perfil.com

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