Carmen Domínguez, socióloga: “Vivimos obsesionados con optimizar el tiempo, cuando muchas veces lo que necesitamos es saber parar”


Carmen Domínguez, socióloga: “Vivimos obsesionados con optimizar el tiempo, cuando muchas veces lo que necesitamos es saber parar”

Suena el despertador, comienza la carrera. Alguien sale de la cama con prisa, se prepara mirando los minutos que pasan y, al cerrar la puerta de casa, corre, de una forma u otra, hacia el trabajo. De camino se repite constantemente: “No llego a todo”. Y llena su día de tareas, planes y compromisos. Es entonces cuando esa persona ya no está cansada de correr, sino que también, como dice el filósofo Byung-Chul Han, está agotada por la autoexigencia y la hiperproductividad que definen buena parte de la sociedad.

“Vivimos obsesionados con optimizar el tiempo, cuando muchas veces lo que necesitamos es saber parar”, sentencia Carmen Domínguez, socióloga y máster en Medicina y Fisiología del Sueño. La especialista explica a La Vanguardia que actualmente vivimos pendientes de la siguiente tarea que hay que hacer, sin concedernos un tiempo para procesar lo pasado. Esa manera de vivir, señala, puede generar una lista de efectos negativos tanto para la salud física como mental.

Para Domínguez, existen dos motivos principales por los que hay personas que, aun sintiéndose agotadas, siguen trabajando más horas, asumen más responsabilidades o llenan su tiempo libre con planes que no les permiten descansar ni desconectar. Por un lado, habla del miedo a perder el trabajo en un contexto en el que acceder a una vivienda digna, alimentarse, mantener a la familia y llegar a fin de mes es cada vez más difícil. También apunta que “estamos normalizando el malestar, el asociar el descanso con una pérdida de tiempo y el estar ocupados con el éxito. Muchas personas siguen trabajando incluso cuando están agotadas porque han entrado en una dinámica de exigencia constante de la que les cuesta salir”.

Toda esa carga, sumada a la sensación de querer llegar a todo, mantiene al cerebro en un estado de alerta permanente, lo que “acaba generando estrés, fatiga mental, irritabilidad y dificultades para desconectar”, enumera. El problema se agrava cuando ese estrés se cronifica: “Perdemos la capacidad de escuchar las señales de cansancio o de malestar del cuerpo”.

En la misma línea, la psicóloga especializada en el ámbito laboral Dolors Liria subraya que “le damos más valor a cualquier actividad que a descansar porque creemos que eso es vivir mejor, cuando en realidad vivir mejor implica también reparar y cuidarse, que también son acciones”.

Para bajar el ritmo en el trabajo, Domínguez aconseja cuidar la desconexión digital, respetar las pausas breves, moverse con frecuencia, reducir o evitar la multitarea y aumentar los momentos de foco. “Al reducir el ritmo y hacer microdescansos, no solo mejoramos el bienestar, también se potencia la productividad”, explica.

Domínguez insiste en la importancia de dar valor a los momentos de improductividad y dejar de lado, cuando sea posible, modas como levantarse a las cinco de la mañana para producir antes y más que los demás. Vivir con urgencia, al final, también desgasta. Y quizá lo urgente es aprender a parar para, simplemente, vivir. “Descansar no es dejar de ser productivo, es la condición necesaria para seguir siéndolo”, concluye Domínguez.

Fuente: www.clarin.com

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