Antoni Ramos-Quiroga, psiquiatra: “Dejar de disfrutar del tiempo con los nietos es una señal frecuente de depresión en las personas mayores”

La depresión no afecta únicamente al estado de ánimo. “Cuando se producen alteraciones cerebrales que generan esa tristeza profunda, la incapacidad para sentir placer o una visión constantemente negativa del futuro, también aparecen cambios en otros sistemas del organismo”, explica el doctor Antoni Ramos-Quiroga.

Se trata de un trastorno que puede repercutir en la energía, el sueño, el apetito, la concentración y las relaciones sociales.

Para detectarla a tiempo, conviene estar atentos a ciertas señales. “Cuando alguien deja de interesarse por aquello que siempre le ha gustado o empieza a aislarse progresivamente, debemos prestarle atención”, advierte el profesional.

El catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y especialista del Hospital Vall d’Hebron explica en una entrevista con La Vanguardia cómo reconocer los síntomas de la depresión y por qué es fundamental detectarla cuanto antes.

¿Cómo saber cuándo una tristeza forma parte de los altibajos vitales y cuándo puede tratarse de una depresión que requiere ayuda especializada?

La tristeza, por sí misma, es una emoción universal y básica que todas las personas experimentamos en algún momento de nuestra vida. Forma parte de lo esperable. Prefiero utilizar esa palabra antes que “normal”, porque lo normal es simplemente lo más frecuente desde un punto de vista estadístico.

La tristeza la podemos sentir todos, pero no ocurre lo mismo con la depresión. La depresión es un trastorno mental que afecta profundamente a la vida de quien la padece y que puede llegar a tener consecuencias muy graves.

La persona con depresión experimenta una tristeza profunda y persistente. Foto: Shutterstock

¿Qué señales deberían hacernos pensar que no estamos ante una tristeza pasajera, sino ante un posible cuadro de depresión?

La tristeza no es el único síntoma. La persona con depresión experimenta una tristeza profunda y persistente que invade su día a día, limita su funcionamiento y condiciona toda su vida.

Suele ir acompañada de una pérdida de la capacidad para disfrutar de actividades que antes resultaban placenteras, dificultades para dormir o alimentarse correctamente, una gran falta de energía física y problemas cognitivos, como déficit de atención o dificultades para concentrarse. También es frecuente que aparezca ansiedad.

¿Qué otros aspectos se deben tener en cuenta?

Otro aspecto importante es la duración. Todos podemos pasar unos días difíciles después de una situación complicada, dormir mal o sentirnos más decaídos. Eso forma parte de la vida y de nuestra capacidad de adaptación.

En la depresión, en cambio, hablamos de una intensidad desproporcionada y mantenida en el tiempo, que muchas veces aparece incluso sin una causa aparente.

Ha mencionado síntomas físicos. ¿Por qué una enfermedad como esta puede acabar afectando también al cuerpo?

Todavía existe la idea de que mente y cuerpo son entidades separadas, cuando en realidad no lo son. La mente es el cerebro en funcionamiento, y el cerebro forma parte de nuestro cuerpo. Controla el corazón, el sistema digestivo, la respiración y muchas otras funciones esenciales.

Cuando se producen alteraciones cerebrales que generan esa tristeza profunda, la incapacidad para sentir placer o la visión constantemente negativa del futuro, también aparecen cambios en otros sistemas del organismo. Se altera la inmunidad, el sistema digestivo y el funcionamiento cardiovascular.

Los cambios suelen aparecer de manera gradual. Foto Shutterstock.

¿Por qué a veces resulta tan difícil identificar la depresión?

Porque muchas veces lo primero que percibe la persona no es la tristeza, sino el cansancio constante, la falta de concentración, la pérdida progresiva de interés por las cosas o la sensación de no tener fuerzas para hacer nada.

Además, estos cambios suelen aparecer de forma gradual. No ocurren de un día para otro. Poco a poco, la persona se vuelve más reservada, se aísla, deja de participar en actividades o rechaza planes que antes disfrutaba.

¿Qué cambios en el comportamiento o en la forma de relacionarse con el entorno pueden alertarnos de que una persona está atravesando una depresión?

Cuando alguien deja de interesarse por aquello que siempre le ha gustado o empieza a aislarse progresivamente, debemos prestarle atención. En las personas mayores que atraviesan una depresión, por ejemplo, es frecuente observar que dejan de disfrutar incluso de momentos que antes les resultaban especialmente gratificantes, como pasar tiempo con sus nietos.

Ese cambio suele ser difícil de explicar por otras razones. También es importante evitar ciertos mensajes bienintencionados pero poco útiles, como “anímate”, “tienes que estar bien” o “la vida te va bien”. Lejos de ayudar, suelen generar más ansiedad y culpabilidad. La persona siente culpa por no poder actuar como antes y también por percibir que su situación afecta a quienes la quieren.

¿Qué tipo de apoyo suele ser más útil para quien está atravesando esta situación?

Lo más útil es transmitir que existen tratamientos eficaces, que va a poder recuperarse y preguntarle de qué manera podemos ayudarla. A veces basta con estar presente, escuchar, llamar o adaptarse a las limitaciones que pueda tener en ese momento.

Cuando alguien sufre un accidente grave, entendemos que necesita tiempo para recuperarse y no le exigimos que vuelva inmediatamente a la normalidad. Con la depresión debería ocurrir exactamente lo mismo: acompañar, escuchar y no cuestionar el sufrimiento.

¿Cuáles son las principales barreras que encuentran las personas afectadas a la hora de buscar ayuda?

Cada situación es diferente. Hay personas que reconocen que tienen un problema y aun así les cuesta pedir ayuda, igual que ocurre en otros trastornos, como las adicciones. En esos casos, la falta de conciencia de enfermedad o de motivación puede dificultar mucho el tratamiento.

Lo importante es transmitir que existen opciones eficaces y adaptadas a cada persona. También es fundamental explicar que los tratamientos no cambian la personalidad.

A alguien le seguirá gustando el fútbol, la música o cualquier otra afición. Lo que desaparece es el sufrimiento que provoca la enfermedad. El objetivo no es cambiar quién eres, sino aliviar un malestar que resulta profundamente incapacitante.

¿Cómo se trata actualmente la depresión?

El tratamiento debe adaptarse a cada caso y a la gravedad de la enfermedad. En las depresiones leves, los tratamientos psicológicos, especialmente la terapia cognitivo-conductual, suelen ser la opción más eficaz.

Cuando hablamos de depresiones moderadas o graves, añadimos tratamiento farmacológico con antidepresivos. Son medicamentos que llevan décadas utilizándose y sobre los que disponemos de una amplia experiencia clínica.

Buscar ayuda profesional es clave para superar la depresión. Foto: Freepik

Se habla de la depresión como una enfermedad recurrente. ¿Puede acompañar a una persona durante toda la vida?

Sabemos que una persona que ha sufrido un episodio depresivo tiene aproximadamente un 50% de probabilidades de presentar otro a lo largo de su vida. Si ha tenido dos episodios, el riesgo aumenta hasta alrededor del 70%, y tras un tercero puede alcanzar el 90%.

Sin embargo, eso no significa que todas las depresiones sean necesariamente recurrentes. Muchas personas experimentan un único episodio y no vuelven a sufrir otro.

¿Es posible su prevención?

Sí, por eso es tan importante no solo tratar el episodio agudo, sino el abordaje preventivo para reducir el riesgo de recaídas. Disponemos de estrategias terapéuticas que permiten disminuir significativamente esa probabilidad.

Además, prevenir recaídas no solo evita sufrimiento. También protege el cerebro, ya que sabemos que los episodios depresivos repetidos pueden afectar áreas relacionadas con la memoria y las funciones cognitivas, como el hipocampo.

¿Existen diferencias entre hombres y mujeres en la forma en que se manifiesta la depresión?

Sí. Sabemos que la depresión es más frecuente en mujeres que en hombres. Además, existen situaciones específicas relacionadas con el embarazo y el posparto que aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad.

También observamos que las mujeres suelen consultar antes cuando aparecen los síntomas, mientras que muchos hombres tienden a retrasar la búsqueda de ayuda. En ocasiones intentan aliviar el malestar mediante estrategias poco saludables, como el consumo de alcohol o drogas, con la intención de reducir el sufrimiento emocional o los problemas de sueño.

Por eso es fundamental seguir trabajando para reducir el estigma asociado a la salud mental y facilitar que cualquier persona, independientemente de su sexo, pueda pedir ayuda cuando la necesite.

Por Judit González Pernías, La Vanguardia.

Fuente: www.clarin.com

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