¿Por qué la tripulación de Artemis II no puede llorar?


La misión Artemis II de la NASA marca un nuevo capítulo en la exploración espacial: es el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna después del de Apolo 11.

A medida que la nave Orion se acerca al gran satélite, crecen las expectativas y la emoción.

Sin embargo, en relación con esto, hay un detalle que despierta curiosidad: en el espacio no se puede llorar de manera tradicional, por lo que los sentimientos que experimenten los astronautas se manifiestan de otra manera.

Aunque suene extraño, no se trata de una imposibilidad emocional, sino física. Los miembros de la misión, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, sí pueden sentir tristeza o emoción, pero las lágrimas no se comportan igual en condiciones de microgravedad, el entorno en el que viaja la nave Orion.

En la Tierra, la gravedad hace que las lágrimas caigan por las mejillas. Sin embargo, en el espacio no existe esa condición que guíe el movimiento de los líquidos. Como resultado, las lágrimas quedan adheridas al ojo y forman pequeñas burbujas que no se desprenden fácilmente.

Es que en la microgravedad, condición en la que los objetos —y también los fluidos del cuerpo humano— flotan o se redistribuyen sin una dirección clara, los líquidos tienden a concentrarse en la parte superior del cuerpo, lo que también explica por qué los astronautas suelen tener el rostro más hinchado.

Cuando uno de ellos llora en el espacio, las lágrimas no caen: se acumulan alrededor del ojo formando una especie burbuja líquida. Si el llanto continúa, esa burbuja puede crecer y extenderse hacia la nariz o incluso el otro ojo, generando incomodidad e irritación.

Por tanto, llorar se puede convertir en un problema operativo. La acumulación de líquido puede nublar la visión y dificultar tareas críticas, algo especialmente delicado en misiones complejas como Artemis II, donde cada movimiento cuenta.

Este tipo de fenómenos demuestra hasta qué punto el cuerpo humano está adaptado a la vida en la Tierra. En el espacio, incluso las acciones más cotidianas cambian por completo.

Fuente: www.clarin.com

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