La villa medieval fortificada junto al mar que muchos consideran la más bonita de España


España tiene decenas de villas costeras que destacan por su belleza, pero pocas combinan paisaje y patrimonio histórico de forma tan contundente como Tossa de Mar. Este destino de la Costa Brava es uno de los más elegidos no solo por sus playas, sino por una postal única: un recinto medieval amurallado junto al mar.
Más que una lista de playas, el atractivo central está en su casco antiguo, la Vila Vella, una fortificación construida para defender la costa de ataques marítimos. Hoy, esa muralla de piedra no solo se conserva en pie, sino que organiza la identidad del pueblo y funciona como un imán para visitantes de todo el mundo.
Recorrer Tossa de Mar implica descubrir el destino por capas. Primero, caminar la muralla y sus torres con vistas abiertas al Mediterráneo. Después, dejarse llevar por el mar como telón de fondo constante. Y, finalmente, completar la experiencia con la cocina marinera local, el cierre natural tras descender de la ciudad amurallada.
La villa medieval fortificada junto al mar que muchos consideran la más bonita de España
La referencia suele ser Tossa de Mar, en Girona, dentro de la Costa Brava. La clave es su parte antigua: la Vila Vella, un recinto amurallado levantado entre los siglos XII y XIII para protegerse de incursiones por mar.
Ese origen defensivo se nota en la forma. No es un casco antiguo “bonito” por casualidad: hay torres, tramos de muralla y un trazado que sube hacia el punto alto con vistas. Todo queda concentrado en pocos metros, por eso el pueblo rinde incluso en una escapada corta.
El dato que lo diferencia en la costa catalana es puntual: es el único recinto medieval amurallado que se conserva junto al mar. Esa condición explica por qué aparece tanto en rankings, guías y notas de “pueblos más lindos”.
El mejor punto de partida suele ser el acceso al casco antiguo y el ascenso por calles de piedra hasta el camino de ronda. Ahí aparece lo que el pueblo vende sin decirlo: la mezcla de altura, mar y piedra en un mismo plano.
El atractivo no está en “ver una torre” y seguir. Está en la secuencia: muro, curva, mirador, tramo de sombra, y otra vista distinta sobre el agua. Es una caminata corta, pero cambia todo el tiempo el encuadre.
En días de verano, el horario define el disfrute. Con el casco antiguo lleno, se camina más lento y se pierden los silencios que hacen que la Vila Vella se sienta medieval de verdad. Fuera de julio y agosto, el recorrido se vuelve más limpio y más fotogénico.
Otro detalle útil es que el pueblo no exige grandes pendientes largas. La subida existe, pero está “fragmentada” por calles cortas, escalones y descansos naturales. Eso ordena la visita y evita que la caminata se vuelva pesada.
Fuente: www.clarin.com



