Descubren las claves moleculares que permiten a los huesos adaptarse al movimiento y al esfuerzo


Un estudio internacional ha identificado un conjunto de proteínas clave implicadas en la adaptación del esqueleto a la locomoción y en la remodelación ósea, arrojando nueva luz sobre cómo millones de años de evolución han moldeado la estructura de los huesos de los vertebrados, incluido el ser humano.
La investigación, publicada en la revista Communications Biology del grupo Nature, está coordinada por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universitat Ramon Llull y la Universidad de Turku, en Finlandia.
La investigación identifica proteínas óseas poco estudiadas que podrían ser claves para entender la fragilidad, la regeneración y la osteoporosis
El trabajo demuestra que los huesos no solo responden de forma mecánica a las cargas y esfuerzos diarios —un fenómeno conocido como mecanoadaptación—, sino que esta capacidad está profundamente influida por la historia evolutiva de cada especie y por sus patrones de locomoción.
Gatear a cuatro patas, desplazarse por los árboles, nadar o hacerlo de forma bípeda deja una huella reconocible en la maquinaria molecular que regula cómo el hueso se forma, se repara y se refuerza.
Un grupo de proteínas clave regula cómo el esqueleto detecta cargas y se remodela a lo largo de la vida
Los investigadores han observado que especies con formas de desplazamiento distintas presentan señales evolutivas diferenciadas en los genes y proteínas relacionados con la detección de impactos y la remodelación del tejido óseo.
Dos momentos clave en esta historia evolutiva fueron el paso de los vertebrados del medio acuático al terrestre —que incrementó notablemente la carga sobre las extremidades— y la aparición del bipedismo en la línea evolutiva humana, que redistribuyó el esfuerzo entre brazos y piernas.
Uno de los principales avances del estudio es la identificación de diversas proteínas que podrían desempeñar un papel central en estos procesos.
Hasta ahora, muchas de ellas habían recibido poca atención científica, a pesar de su posible función reguladora en la mecanotransducción, es decir, en la capacidad de las células óseas para detectar fuerzas externas y traducirlas en respuestas biológicas.
Entre estas proteínas destaca la fetuina-A, implicada en el control de la mineralización del hueso y en la prevención de calcificaciones anómalas.
Su equilibrio resulta esencial para mantener una estructura ósea sana y podría influir directamente en la fragilidad del hueso y en enfermedades como la osteoporosis, al regular la formación y degradación del tejido óseo.
Más allá de su interés evolutivo, los resultados tienen importantes implicaciones biomédicas. Según los investigadores, comprender cómo la evolución ha afinado los mecanismos de adaptación del esqueleto puede ayudar a mejorar el abordaje de patologías óseas, a diseñar estrategias más eficaces para la regeneración del hueso y a desarrollar biomateriales inspirados en los procesos naturales de adaptación esquelética.
Fuente: www.clarin.com



