¿Por qué Javier Milei insulta a los empresarios? Las razones de la batalla que elige dar el Presidente hoy


Es la batalla cultural, estúpido, podrían decir los estrategas de Javier Milei, parafraseando a James Carville, el asesor de Bill Clinton durante la campaña presidencial de 1992 contra George Bush padre. Pero aquí no es la economía: la actividad, para el líder libertario, está en etapa de expansión y hasta los más escépticos -según su particular mirada- le reconocerán los méritos en el corto plazo. Lo que está en juego es otra cosa: es determinar quién se sube y quién no el nuevo modelo, al cambio de reglas y a salir a la cancha para competir en una economía abierta y sin prebendas.
El que no adhiera o ponga algún reparo, ya no una crítica rupturista, puede correr el riesgo de transformarse en enemigo, real o ficticio, da igual. Milei considera que quienes pregonan una economía cerrada, con brecha cambiaria alta, apuestan a robar en nombre de la industria nacional. Así lo cree. “Para Javier no son empresarios, son parásitos”, dice uno de sus adláteres. No todos, claro. Tiene algunos a los que elogia. Entre ellos, Marcelo Mindlin, Eduardo Eurnekian y Alejandro y Marcos Bulgheroni.
Ser enemigo de Milei implica caer el escarnio público, como acaba de evidenciar, de nuevo, con otro rosario de insultos. A Paolo Rocca, el dueño de Techint, lo volvió a llamar Don Chatarrín-, al CEO de Fate y Aluar, Javier Madanes Quintanilla, lo apodó Don Gomita Alumínica y al de Neumen, Roberto Méndez, lo denominó Señor Lengua Floja.
Son seudónimos peyorativos que el Presidente piensa a solas, en momentos de bronca, pero también de goce, cuando observa que alguien le pone piedras en el camino. Disciplinar, esa es la tarea. Milei, desde luego, no se encuentra solo. Tiene funcionarios que lo celebran y lo alientan apenas ven sus posteos en X y se pliegan con más cuestionamientos.
Además de apodos, este jueves Milei fue por más: asoció a los ejecutivos con actos de corrupción. Y evitó decir algo que también piensa: que están conspirando contra su administración. Tal vez haga alguna mención en su discurso del domingo, en la inauguración de las sesiones ordinarias en el Congreso.
Las ideas, para el Presidente, son como balas; esto es se mata o se muere. No hay grises. Uno de sus colaboradores más leales recuerda un encuentro de noviembre de 2024, durante la inauguración de la Fundación Faro, el think tank del pensamiento libertario, en el que Milei los convocó a dar batallas en las pantallas de los celulares, en las universidades, en las instituciones y en el mundo de las leyes. La lucha incluye enfrentar al wokismo y, en ese punto, también ha hecho un llamado a la clase empresaria. El que se suma a sus planes siempre es bienvenido, no importa su pasado; el que duda se convierte en antagonista. Su referente intelectual es Agustín Laje, un escritor conservador que milita contra la eutanasia, el matrimonio igualitario y el aborto, incluso en casos de violación.
Milei siente hoy que muchos empresarios han dejado de acompañarlo porque extrañan al kirchnerismo. Sus asesores usan siempre la misma metáfora: “Quieren cazar en el zoológico y nosotros queremos todo lo contrario“. Detrás de las críticas aflora un temor: que la actividad no crezca todo lo que el Gobierno espera (entre 5 y 7 por ciento para este año) y que el cierre de empresas emblemáticas, como Fate, generen un efecto desesperanzador en la sociedad y que eso promueva en un clima de inestabilidad.
“Triunfamos en lo económico, triunfamos en lo político. Ahora queremos triunfar en la batalla cultural. Estamos a la vanguardia del giro del sentido común“, dijo Milei en aquel cónclave de la Fundación Faro.
Fuente: www.clarin.com



