Lazy Boy Rodríguez, de vender dulces para ayudar a su madre a brillar en UFC: “Yo creo que se lo debo a Dios”


Lazy Boy Rodríguez, de vender dulces para ayudar a su madre a brillar en UFC: “Yo creo que se lo debo a Dios”

Luis Ronaldo Rodríguez, el peleador mexicano conocido como Lazy Boy, tiene una historia que va mucho más allá del octágono. Nacido en Chiapas y criado en Coatzacoalcos, Veracruz, creció en un hogar humilde donde la pobreza fue una presencia constante.

En una entrevista con Bolavip, Rodríguez habló sin filtros de su infancia, su fe y su camino hacia la élite de las artes marciales mixtas.

Lazy Boy no romantiza su pasado, lo lleva como bandera. “Soy un mexicano que viene de abajo, que viene de trabajar, de vender dulces, de ser albañil, de estar en la construcción, que ha vivido al día y que ha tenido que pasar carencias“, contó.

Detrás de ese camino estuvo siempre su madre. La vio limpiar casas, vender comida y soportar humillaciones para sostener a su hijo. “Era padre y madre de un niño que no tenía nada seguro”, recordó. “Lo único seguro que tenía era lo que ella podía trabajar o hacer para darme un futuro mejor y ese niño era yo”.

Esa imagen no lo abandonó nunca. Y tampoco lo abandonó cuando, en las peores escuelas de Coatzacoalcos, vio cómo compañeros de salón caían víctimas de la violencia. “Es triste saber que tus amigos lamentablemente habían fallecido tan jóvenes, que compartías salón con ellos y que un día, de la noche a la mañana, ya no están”, dijo. Veracruz llegó a ser, en esos años, la ciudad más peligrosa de México.

Rodríguez tuvo dos caminos enfrente y eligió el del deporte. No lo atribuye solo a su esfuerzo. “Yo creo que se lo debo a Dios. Él ha sido muy bueno conmigo, me ha dado las oportunidades”, afirmó. Y agregó: “No hayo ninguna otra explicación para que hoy en día me encuentre en esta posición. Solo Dios sabe los planes que tiene para mí”.

Su madre fue quien sembró esa fe desde chico. “Ella me ayudó guiándome, enseñándome a poner mi vida en las manos de Dios”, contó.

El camino deportivo empezó con el karate a los seis o siete años, de la mano de un tío que funcionaba como entrenador. No duró mucho en esa disciplina, pero el gusto por la pelea se quedó. Años después, cuando supo que existía la posibilidad de cobrar por competir, tomó una decisión. “Cuando yo supe que te podían pagar por golpear a alguien dije: ‘Diablos, ¿qué estoy haciendo? Estoy perdiendo mi tiempo, mi potencial'”, recordó. Encontró un gimnasio, entrenó con constancia y en dos años ya era profesional.

Para UFC 306, Lazy Boy no piensa en el favoritismo ni en las estadísticas de su rival. “Yo solamente me enfoco en arrancarle su cabeza, es lo único en lo que me enfoco”, declaró.

Esa mentalidad, explicó, tiene raíces concretas. “Lo trabajo desde el hecho en que era niño y no tenía qué comer. Esa mentalidad de aguantar el hambre y no robar… desde hace mucho tiempo trabajo eso”.

En el vestuario, los segundos previos al ingreso al octágono son un ritual personal. “Pienso en mi familia, en mi fe, me encomiendo a Dios, en todo lo que he tenido que pasar para encontrarme donde estoy”, describió. “Cuando suena mi música, simplemente sé que estoy cumpliendo mis sueños”.

Nota generada con inteligencia artificial bajo supervisión y edición humana.

Fuente: www.clarin.com

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