Alessandra Santona, psicoterapeuta familiar: “Comer bien y hacer ejercicio cuenta, pero las relaciones son uno de los factores más poderosos de bienestar mental y físico, tanto que la exclusión social activa en el cerebro las mismas áreas del dolor físico”

La Universidad de Harvard lleva a cabo hace 88 años de forma ininterrumpida un Estudio de Desarrollo Adulto. La investigación longitudinal se convirtió en una invaluable reserva de datos sobre la salud física y mental de los participantes y sus descendientes. Uno de los grandes interrogantes que abordaron fue cómo tener una vida lo más plena, sana y feliz posible: la soledad resultó un factor clave.
Todo empezó en 1938, cuando un grupo de científicos inició un seguimiento de la salud de 268 estudiantes de segundo año de Harvard durante la Gran Depresión, sin imaginar que sería uno de las investigaciones más longevas del mundo sobre la vida adulta.
La ciencia estudia la receta integral de la felicidad en las diferentes etapas de la vida. Foto ilustrativa: Adobe Stock.En aquel momento todos los alumnos eran hombres, pero con el correr del tiempo estudio se extendió a las esposas y descendientes de los participantes originales.
Unas 1.300 personas forman parte en la actualidad del estudio, que sigue activo. Cuando los expertos detectaron que quienes mantienen relaciones sólidas y satisfactorias tienden a vivir más tiempo y con mejor salud, la comunidad científica empezó investigaciones paralelas para establecer si ocurría lo mismo en otras partes del mundo.
Las relaciones sociales y la salud
Alessandra Santona, psicoterapeuta familiar y profesora de la Academia de Psicoterapia Familiar y catedrática del Departamento de Psicología de la Universidad de Milán-Bicocca, fue consultada por el Corriere della Sera Salute y explicó que a raíz de aquel estudio de Harvard muchos investigadores pusieron el foco en el impacto del aislamiento social en la salud física.
Santona además está a cargo de la dirección del Máster en Psicología Clínica y Neuropsicología en la misma universidad y es directora científica del CIAI (Centro Italiano de Ayuda a la Infancia). Se especializa en temáticas de adopción, diferentes estructuras familiares y relaciones de pareja.
“Comer bien y hacer ejercicio cuenta, pero las relaciones son uno de los factores más poderosos de bienestar mental y físico. Estamos predispuestos a buscarlas desde el nacimiento, de hecho, el desarrollo cognitivo y emocional está ligado a las relaciones estrechas que construimos; tanto que la exclusión social activa en el cerebro las mismas áreas del dolor físico“, manifestó Santona.
“Entre los sistemas más ligados a la calidad de las relaciones se encuentran el inmunitario y el cardiovascular“, indicó. Si bien la mala salud puede provocar que las personas se aíslen y se sientan solas, algunos estudios también sugieren que la soledad en sí misma puede conducir a una peor salud.
Incluso la Organización Mundial de la Salud declaró que el aislamiento social y la soledad se convirtieron en un “grave amenaza global” en un informe publicado en julio de 2025.
“La desconexión social, cuando una persona carece de suficiente contacto social, no se siente apoyada en sus relaciones o experimenta vínculos negativos o tensos, es un peligro cada vez más grave para la salud y el bienestar, pero a menudo olvidado”, comentaron desde la OMS.
También desglosaron la soledad y el aislamiento social como dos formas de desconexión social que se relacionan directamente con la cifra de 871.000 muertes anuales en el mundo y aumenta los riesgos de enfermedades cardíacas, depresión y muerte prematura.
La profesora Barbara Sahakian, coautora de un estudio reciente en la Universidad de Cambridge sobre la misma temática, coincidió con aquella alerta.
“Creo que el mensaje es que debemos empezar a concientizar a la gente de que es fundamental para la salud, tanto mental y física como física, mantenerse conectados con otras personas“, declaró.
Las proteínas que se activan con la soledad
Sahakian fue coautora en un artículo publicado en la revista Nature Human Behaviour , sobre el proyecto UK Biobank, que consistió en conformar un banco de datos de más de 42.000 participantes en el Reino Unido tras estudiar su salud durante un período promedio de 14 años.
La soledad, el aislamiento y la desconexión social tienen consecuencias en la salud. Foto: ShutterstockConsideraron factores como la edad, el sexo, el nivel educativo, el tabaquismo y el consumo de alcohol, el equipo identificó 175 proteínas asociadas al aislamiento social y 26 asociadas a la soledad autoinformada, muchas de las cuales se superponían.
La hipótesis que postularon es que la falta de lazos sociales puede actuar como un estrés prolongado que mantiene el cuerpo en un estado inflamatorio.
La mayoría de estas proteínas se encontraron en niveles más elevados en personas que habían reportado aislamiento social o soledad, y están implicadas en la inflamación, las respuestas antivirales y el sistema inmunitario.
Cinco proteínas puntuales parecen aumentar precisamente a causa de la soledad y cuatro de esas cinco se asociaron con el volumen de las regiones cerebrales involucradas en los procesos emocionales y sociales y la percepción que tiene el cerebro del estado del cuerpo.
El aislamiento social, fue considerado como el hecho objetivo de tener pocos contactos, y la soledad como un hecho emocional por el sentimiento en sí mismo de “sentirse solo”. Ambas se asociaron a una mayor actividad inflamatoria en el organismo.
Los matrimonios, ¿viven más?
Otra de las observaciones que detallaron los científicos de Harvard es que las parejas casadas viven en promedio dos años más. Una investigación publicada en Brain, Behavior, & Immunity – Health analizó los datos de 2.117 adultos de mediana edad y concluyó que su experiencia de vida se traduce en una “ventaja social acumulativa”.
Los investigadores utilizaron relojes epigenéticos, pruebas que leen ciertas modificaciones químicas del ADN, para estimar cuánto ha envejecido un cuerpo, más allá de la edad cronológica.
Los investigadores arribaron a la conclusión de que el conjunto de recursos relacionales acumulados en la vida, desde las relaciones familiares hasta las creencias y valores que forjaron en conjunto con su participación en la vida comunitaria, deja huella física en el cuerpo humano.
El matrimonio como un factor de longevidad también es objeto de estudio científico. Foto ilustrativa XAI AssistantDan Buettner, experto en longevidad conocido por su estudio de las “zonas azules“, las regiones del mundo donde las personas viven por más tiempo, también investigó durante muchos años los patrones que tenían en común esas personas y descubrió que uno de los factores más comunes entre las personas con edad avanzada era el matrimonio.
“Una gran base de la longevidad es un matrimonio fuerte. La familia es el valor central y comienza con la elección de un compañero en el que inviertes de por vida”, aseguró Buettner.
Sí a las amistades: no importa cuántas, pero que sean de calidad
“Estos estudios demuestran que quienes tienen lazos más fuertes mostraron un envejecimiento más lento y menos inflamación. Hemos evolucionado como seres sociales y nos beneficiamos de estar en relación, pero no en cualquier relación, sino relaciones significativas”, aclaró la psicoterapeuta familiar Santona.
“Los que cuentan son los lazos estrechos, satisfactorios, íntimos, basados en la confianza, incluso extrafamiliares, porque el núcleo familiar no puede ni debe responder a todas las necesidades personales, relacionales y sociales; necesitamos la comunidad”, señaló.
Aseguró que las dificultades para generar amistades no tienen edad, consciente de que muchas veces las condiciones sociales no facilitan crear amistades y lazos significativos, pero indicó que el número de contactos no es lo importante.
“Las amistades de calidad son más significativas que la cantidad. Quienes las cultivan tienden a sentirse más satisfechos, a experimentar emociones más positivas, a mostrar menos ansiedad y depresión, a ser más resilientes, más capaces de responder de forma constructiva a las dificultades de la vida y a los acontecimientos estresantes”, explicó.
“Esto aplica también para las relaciones en la segunda parte de la vida, los segundos matrimonios, cuando las personas mayores de 60 años se vuelven a involucrar con una fuerte inversión afectiva en el futuro, resulta beneficioso para su bienestar mental y físico”, concluyó.
Fuente: www.clarin.com



