“El amor siempre puede vencer al odio”


Secreto en la montaña primero fue un cuento de Annie Proulx, que en el 2005 se transformó en película con dirección de Ang Lee y que conquistó tres de las ocho nominaciones a los premios Oscar. Este inolvidable amor entre dos vaqueros de los Estados Unidos desde mayo se puede ver en la versión teatral que realizó Ashley Robinson, con adaptación de Marcos Carnevale y dirección de Javier Daulte en el Multiteatro de jueves a domingo, con dos funciones los sábados. El elenco está encabezado por Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe, quienes junto a Roberto Castro y Laura Paredes encaran esta historia.
Mientras Lamothe se dedicará sólo al escenario y anticipa que en agosto volverá con su grupo El Silencio (Romina Paula, Esteban Bigliardi, Pilar Gamboa y Susana Pampín) con El tiempo todo entero los martes, en La Plaza, después de quince años de su estreno. Vicuña está filmando con Marcos Carnevale, la película Amor rodante para Netflix y subraya la experiencia de haber estado bajo las órdenes de Alex de la Iglesia en la versión cinematográfica de Felicidades, lo que le abrió la posibilidad de volver a filmar con este director en España, para fin de año.
—¿Qué les interesó de la propuesta y cuál fue el primer miedo que les apareció?
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LAMOTHE: Lo que primero fue contar esta historia, además me daban ganas de actuar con Benja (Vicuña). Me interesó el personaje, el melodrama, encontrarle la gracia y el humor a una pieza tan dramática y trágica como es. Miedo tengo siempre, pero eso no me frena porque es inherente a cualquier proceso. Sobre todo al estrenar una obra que es una película, con todo el prejuicio que se pueda tener. El texto es gracioso, porque se trata del enamoramiento y esto siempre tiene humor.
VICUÑA: Me interesó poder trabajar este material que habla sobre diversidad, el respeto, la dignidad, los prejuicios y que el amor mata al odio. Puedo temerle a que la incomodidad y la diferencia sean más grandes que la atención y el respeto.
—¿Por qué creen que hay tantas versiones teatrales de películas? Está Rocky, Desde el jardín, Misery, sin contar con los musicales como Billy Elliot…
LAMOTHE: No sé, no tengo idea cuál es el origen de la hollywoodizacion de la cultura, pero sospecho que será algo económico, quizás sea más barato comprar una adaptación. También me parece que produce cierta intriga. Tenemos en nuestra memoria las películas y da curiosidad ver cómo es con actores argentinos haciendo estos personajes.
VICUÑA: Primero no tenés que explicar de qué se trata. Hay un terreno ganado en términos a ciertos tópicos o materiales que sabemos que a la gente le interesan, también están en el inconsciente colectivo, muchas obras o películas. Son filmes que ya tienen veinte, treinta o cuenta años y atraviesan muchas generaciones. Creo que es un género que vino para quedarse.
—¿Cómo es competir con el recuerdo de la película?
LAMOTHE: Nunca me lo planteé. Siempre usé la película como una referencia, a favor. De hecho inicialmente fue un cuento, donde se describe ésta que es una historia de amor prohibido, donde el antagonista es el mundo y el qué dirán. Me pareció interesante mostrarla en estos momentos donde hay tantos discursos homofóbicos. Me concentré en la mirada de Javier Daulte, quien nos dirigió con una sensibilidad extrema y un talento descomunal. Sabía que lo que íbamos hacer sería distinto y que no tenía que mirar la película, en el sentido de tenerla tan presente.
VICUÑA: Es difícil porque efectivamente hay una vara muy alta. Creo que la adaptación y luego la puesta en escena tuvieron cierta libertad, vuelo propio, es lo que nosotros intentamos. Pero básicamente son experiencias diferentes, el teatro es una propuesta viva, donde te encuentras con los actores y podés emocionarte, vivir una catarsis, reír y llorar. Tomo más lo positivo que es justamente que muchas personas por el mismo hecho de haber visto la película quieran ver cómo se resolvió teatralmente o revisitar esa emoción o ese material porque es algo que le generó placer.
—La historia está ubicada en las décadas del sesenta y setenta: ¿Creen que las sociedades evolucionaron con este tema (el amor entre personas del mismo sexo)?
LAMOTHE: Indefectiblemente evolucionó, pero la discusión es hacia dónde: ¿mejor?
Creo que lo que sí evolucionaron son los electrodomésticos y son los que nos están liquidando. No sé cuánto evolucionó en relación a los discursos homofóbicos. Quiero
pensar que sí, que un poco se evolucionó, pero siguen estando el odio y el rechazo. Existen los ataques y la violencia. Nosotros hacemos la obra de todos modos porque nos gustó la historia. No queremos tampoco llevarnos la bandera de nada. Es una historia de amor y uno no elige de quién se enamora y la obra habla de eso. Creo que evolucionamos pero queda un camino muy largo, porque el mal también evolucionó. Tenemos que ser conscientes de que todos podemos ser potenciales discriminadores.
VICUÑA: Efectivamente la novela y la película también estaban ubicadas en esas décadas, en el centro de los Estados Unidos donde había mucho prejuicio y odio, que también se muestra en nuestra obra de teatro. Creemos y sabemos que sigue haciendo falta muchísimo, aunque la Argentina tenga la ley del matrimonio igualitario. Hay mucho bullying en los colegios para con los niños y niñas. Sigue habiendo odio, chiste fácil o bajo, que atrasa. Creo que todavía hay mucho por hacer. Lo veo incluso en nosotros, cuando promocionamos la obra en las mismas redes sociales se nos ataca con comentarios como “qué asco” o “¿por qué hacen esto?” que demuestra no sólo el odio, sino que incluso el miedo, el resentimiento hacia algo que es una expresión absolutamente noble, linda, como es el amor. Me sorprende ver que todavía se mantengan estas expresiones de odio porque ahí nos damos cuenta que muchas veces los avances en esta materia han sido más bien discursivos, pero los verdaderos se deben hacer en la casa con los padres y con los niños. Hay que practicarlo, en la calle e incluso en la cancha. Pienso que el día de mañana nosotros deberíamos lograr lo que está pasando en Europa, que es la tolerancia cero ante un grito racista u homofóbico. Más cercano, en Brasil podés ir preso.
—¿Pueden comparar los éxitos en la televisión abierta con los que tienen ahora en las plataformas?
LAMOTHE: Son muy distintos. La gente empezó a consumir diferente, el público y nosotros también lo somos, aunque podría hacer un par de analogías y comparaciones muy técnicas. El impacto de las telenovelas era muy inmediato, cuando terminaba la novela el viernes, ya el martes, te pedían la mitad de las fotos. Te llamaban por el nombre del personaje y a veces ni sabían el tuyo. A mí la gente todavía me para por mi papel en El marginal, pero lo que pasó con Envidiosa sí fue muy parecido al fenómeno de la televisión, además se vio en otros países. Lo noto cuando salgo del teatro, hay muchos turistas esperándonos.
VICUÑA: Creo que es muy parecido. Aquí hice series exitosas como Farsante o ATAV (Argentina tierra de amor y venganza). Al termómetro social, al día a día que tiene la televisión abierta no hay con qué darle. Pero la plataforma y en especial Netflix suma el componente global de lo que pasa, sobre todo en la región, en Chile, Paraguay, Uruguay, Colombia, México e incluso en España, en todo el mercado hispanohablante y es muy bonito. Y eso no te lo daba la televisión abierta y sí las plataformas.
Fuente: www.perfil.com



