Capuletos y Montescos, la otra historia


A cincuenta y cinco años de su última presentación en el Teatro Colón, I Capuleti e i Montecchi, de Vincenzo Bellini, regresa al escenario porteño en una nueva producción con dirección musical de Evelino Pidò y puesta de Pablo Maritano. Aunque suele asociarse inmediatamente con la tragedia de Romeo y Julieta, el director argentino insiste en que la ópera propone una lectura diferente de aquella historia y que allí reside buena parte de su vigencia. La función del 30 de junio contará con un beneficio especial para menores de 30 años: las localidades generales tendrán un valor de 30 mil pesos y las entradas para Paraíso de pie costarán 15 mil pesos, una iniciativa que busca acercar nuevos públicos a una de las grandes obras del repertorio belcantista.
“Es importante entender que realmente se trata de otra obra, que no es el Romeo y Julieta, ni siquiera el de Shakespeare, es el que hemos heredado del siglo XIX. Entonces, esto es otra historia”, afirma. Para Maritano, la singularidad de la versión escrita por Felice Romani aparece desde la propia estructura dramática. “Lo más interesante que tiene la versión adaptada por Romani es el trabajo sobre el original de Luigi Scevola donde la guerra civil es esencial. El conflicto armado en el que estamos es mucho más grande que una pelea entre familias, sino que envuelve a una nación y eso da un tono especialmente lúgubre y terrible a toda la obra”.
“Con respecto a la tradición y con respecto a una lectura actual, creo que la tradición también está llena de vicios. En lo particular, desde la construcción de los recitativos, que son el corazón de la obra, hay que trabajar desde el material y conseguir una intimidad con respecto al material, conseguir ese nivel de articulación muy exquisito y muy detallista”.
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Para el director, Bellini construye una de las escrituras más complejas y refinadas de todo el repertorio operístico. “Creo que son los registros más llenos de indicaciones y de diferenciaciones dinámicas, diferencias rítmicas y matices en la construcción que existen en la literatura operística. Entonces, en ese sentido, hay que ir a la fuente”.
Ese regreso a la fuente también implica una mirada contemporánea sobre los personajes. Lejos de presentarlos como figuras románticas idealizadas, Maritano encuentra en ellos una perturbadora cercanía con algunas obsesiones del presente. “Yo creo que un punto muy interesante para ver la obra hoy es la fascinación de los personajes y lo perturbados que están con respecto a la muerte, sobre todo el personaje de Giulietta. En ese sentido, la obra proyecta una sombra muy interesante sobre esta fascinación de la humanidad con su propia autodestrucción que me parece especialmente pertinente”.
La construcción de los personajes estuvo guiada por esa búsqueda. Sin embargo, el director aclara que el trabajo no se concentró tanto en los movimientos escénicos como en la manera en que la música modela cada identidad dramática. “El trabajo fue sobre las vocalidades, no tanto sobre las fisicalidades a la hora de construir los personajes. La dramaturgia de la vocalidad, para mí, es lo esencial, en particular en este tipo de obras”.
Fuente: www.perfil.com



