Jean-Luc Godard, director de cine franco-suizo: “El cine es el fraude más bello del mundo”


Jean-Luc Godard, director de cine franco-suizo y una de las figuras centrales de la Nouvelle Vague, dejó una frase que siguió apareciendo décadas después de sus primeras películas: “El cine es el fraude más bello del mundo”.

La frase encajaba bastante bien con su manera de entender el cine. Godard filmaba escenas cortadas de forma abrupta, personajes que hablaban mirando a cámara y diálogos que parecían romper cualquier estructura clásica de Hollywood.

Antes de convertirse en director, pasó buena parte de su juventud escribiendo críticas de cine en Cahiers du Cinéma, la revista francesa donde también trabajaban François Truffaut, Éric Rohmer y Claude Chabrol.

La explosión internacional de Jean-Luc Godard llegó en 1960 con À bout de souffle (Sin aliento), protagonizada por Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg. La película se filmó con bajo presupuesto, cámaras livianas y escenas rodadas directamente en las calles de París.

Ese estilo terminó marcando una época. Godard usó cortes bruscos, saltos de continuidad y diálogos fragmentados que en ese momento parecían errores de montaje. Poco después, esos recursos empezaron a copiarse en películas de todo el mundo.

El director además mezclaba referencias literarias, filosofía, política y cultura popular dentro de historias policiales o románticas. En películas como Le Mépris (El desprecio), estrenada en 1963, trabajó con Brigitte Bardot y Fritz Lang mientras discutía el choque entre arte y cine comercial.

Otra de sus películas más citadas fue Pierrot le Fou (1965), donde volvió a trabajar con Belmondo junto a Anna Karina, actriz que además fue su pareja durante varios años. El film mezclaba crimen, humor absurdo y discusiones filosóficas en medio de una historia de fuga.

Durante esa etapa dirigió varias películas en muy poco tiempo. Entre 1960 y 1967 estrenó más de una decena de títulos importantes, algo poco común incluso para el ritmo del cine europeo de aquellos años.

Hablar de Jean-Luc Godard también implica hablar de la Nouvelle Vague, el movimiento cinematográfico francés que apareció a fines de los años cincuenta y modificó la manera de producir películas en Europa.

Los directores de ese grupo filmaban fuera de estudios, usaban presupuestos reducidos y trabajaban con equipos pequeños. Muchas veces escribían sobre la marcha y preferían escenarios reales antes que decorados tradicionales.

Godard llevó esa ruptura todavía más lejos; mientras otros cineastas mantenían cierta estructura narrativa clásica, él empezó a desarmar directamente el relato. En algunas películas mezclaba citas filosóficas, noticias políticas, canciones y escenas que parecían desconectadas entre sí.

Después de mayo del 68, su cine se volvió todavía más político. Durante varios años dejó parcialmente de lado el circuito comercial y participó en proyectos colectivos vinculados a militancia de izquierda y crítica al capitalismo.

Durante los años sesenta, Godard además trabajó con actores y actrices que terminaron convirtiéndose en símbolos del cine europeo de esa época, como Anna Karina, Jean-Paul Belmondo, Brigitte Bardot y Jean Seberg aparecieron en varias de sus películas más conocidas.

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior