Cannes 2026: una de cal, una de arena, más la de John Travolta y la presencia argentina, con Leo Sbaraglia y Lisandro Alonso


Al margen del debut de John Travolta como realizador y la Palma de Oro de Honor que le entregaron anoche, y de la que ya hablamos (ver John Travolta recibió…), ayer fuera de competencia se vio Karma, en la que Leonardo Sbaraglia comparte el rol protagónico con Marion Cotillard.

Sbaraglia volverá a pasar por la alfombra roja el martes, cuando llegue el turno de Amarga Navidad, la película de Pedro Almodóvar. Y hoy será el turno de Lisandro Alonso que proyectará La libertad doble en la Quincena de cineastas.

Por la competencia por la Palma de Oro ayer hubo una de cal y una de arena.

Tres horas y 5 minutos le tomó a Hamaguchi Ryûsuke (de la ganadora del Oscar a la mejor película internacional Drive My Car, en 2022) contar lo que cuenta Soudain. Sí, es la película más larga de la competencia, una película humana, pero educativa, que transcurre casi en su totalidad en una casa de cuidados para personas mayores con problemas de salud -un geriátrico, bah-, en la que Marie-Lou (Virginie Efira, ya vista aquí en Histoires paralléles) pone el cuerpo hasta el cansancio por manejar a enfermeras y ayudantes y tratar de mejorar las condiciones de vida de todos.

En eso está, y por supuesto que seguirá cuando conozca a Mari (la japonesa Tao Okamoto), una joven directora de teatro enferma de cáncer, que se quedará en la institución.

Lo de “educativa” va porque las charlas que tienen ambos personajes son copiosas de información acerca del capitalismo salvaje, e incluye en una de ellas un pizarrón.

Por momentos Soudain parece un telefilme, pero un telefilme larguísimo, que mejora la puntería cuando la cámara vuelve a los internados, la relación con quienes lo cuidan, masajes en las plantas de los pies incluidos.

Y silbando bajito llegó Gentle Monster, de Marie Kreutzer, la directora austríaca de Corsage: La emperatriz rebelde (2022). No solo es más corta -casi 2 horas, gracias- sino que tiene al espectador al borde de su butaca.

Léa Seydoux, quien por contrato desde La vida de Adèle, premiada aquí por Spielberg, parece que siempre tiene que aparecer desnuda, es Lucy, música que deconstruye clásicos del rock y el pop “escritos por hombres”, que vive en las afueras de Munich con su pareja y su hijito. El monstruo no es ella, si no que sería su marido (Laurence Rupp), a quien la policía llega para secuestrar notebooks, celular y discos rígidos. Lo acusan de traficar material pornográfico con menores.

La sorpresa es común a todos, a Lucy y al espectador, que hasta ese momento veía lo bien que se llevaba la pareja, incluido su pequeño hijo Johnny, el niño con la camiseta de la Selección Argentina.

Pero ¿Philip es pedófilo? ¿Por qué tenía tanto material comprometedor? ¿El filmaba, o eso era de otros monstruos y él solo lo consumía? ¿Abusó de menores? ¿Y de su hijo?

Lucy es mujer de mejor que decir es hacer. Ante la primera duda, y por más que ame a su marido, se va de la casona y lleva a Johnny a lo de su madre (Catherine Deneuve, otra que también tuvo un papel secundario en Histoires paralléles).

Lo dicho: el centro del asunto es Philip, pero la cámara sigue a Lucy. Y lo bien que hace.

Hay una subtrama que corre paralelamente, la de la policía que va a buscar a Philipe y que tiene un padre con cuidadora, pero él es un pegador.

Hasta ahora han pasado 6 películas en competencia por la Palma, y en todas el rol protagónico ha sido casi siempre femenino.

Fuente: www.clarin.com

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