Tenía una garrapata en el ojo y no lo sabía: el caso que alerta sobre cómo detectarlas a tiempo


Un excursionista detectó una garrapata incrustada en el borde de su párpado superior tres días después de realizar una caminata en una zona rural de Val Genova, en Italia. El hallazgo se produjo luego de que el paciente sintiera una persistente picazón y una leve inflamación que inicialmente confundió con una irritación común por el viento o el polen estacional.

El parásito, de dimensiones milimétricas, se encontraba fuertemente adherido a la línea de las pestañas, una zona de difícil inspección visual directa frente al espejo. Este tipo de incidentes suele ocurrir cuando el individuo transita por senderos con pastizales altos o áreas boscosas donde los arácnidos esperan un huésped para alimentarse de sangre.

Tras el descubrimiento, el hombre acudió a un centro sanitario donde especialistas procedieron a la extracción mecánica del espécimen utilizando pinzas de precisión bajo aumento óptico. La intervención fue rápida, pero requirió de una desinfección profunda en el área ocular para evitar infecciones secundarias.

El caso se volvió viral debido a la localización poco frecuente y peligrosa del ácaro en el rostro humano.

La picadura de estos parásitos no suele generar dolor inmediato debido a que inoculan una sustancia anestésica en la piel de la víctima al momento de morder. Esta característica biológica permite que el insecto permanezca oculto durante varias jornadas si no se realiza una revisión exhaustiva del cuerpo.

Los especialistas sugieren controlar axilas, ingle y cuero cabelludo tras realizar actividades al aire libre. Un estudio publicado por la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) indica que las garrapatas pueden transmitir patologías graves como la enfermedad de Lyme o la fiebre manchada.

La rapidez en la remoción es un factor determinante para minimizar la carga bacteriana que ingresa al torrente sanguíneo del afectado. No se recomienda el uso de métodos caseros como aplicar calor o sustancias grasas sobre el parásito.

La inspección ocular debe ser minuciosa, prestando atención a puntos negros que parezcan costras o lunares nuevos que antes no estaban presentes en la piel. En el caso reportado, el individuo solo pudo identificar las patas del organismo cuando utilizó una lupa de gran aumento.

La prevención mediante el uso de repelentes específicos con DEET sigue siendo la herramienta más eficaz para los senderistas. Es fundamental que, una vez retirado el ácaro, se conserve el ejemplar en un frasco con alcohol para su posterior análisis de laboratorio si aparecen síntomas febriles.

Muchos pacientes ignoran que una simple picadura puede derivar en cuadros clínicos complejos si no se trata a tiempo con antibióticos. La vigilancia epidemiológica en zonas de montaña se ha intensificado ante el aumento de casos reportados en mayo.

Fuente: www.clarin.com

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