Felix Orode: de vender pan en Nigeria a jugar en San Lorenzo y establecerse en el Ascenso argentino :: Olé

El fútbol argentino no se caracteriza por ser una liga que alberga a cientos de extranjeros. El cupo que impone la AFA para restringir la cantidad de jugadores que nacieron fuera del país se limita solo a seis. Es, en definitiva, una forma de cuidar la materia prima. Pero si se miran los planteles con lupa hay uruguayos, colombianos, paraguayos, chilenos o hasta bolivianos. Pero si el filtro sale de Sudamérica, el valor se reduce significativamente… Y allí es donde entra el grupo de jugadores con nacionalidades, si se quiere, excéntricas. Felix Orode ingresa en esa lista.

El delantero es casi un argentino más. Claro, es que hace 17 años desembarcó en el país y se enamoró profundamente de esta tierra. Pero su lugar de nacimiento está muy alejado de lo que hoy es su casa. Africano, nació en Kaduna, Nigeria. Lejos estuvo de nacer en cuna de oro. De familia humilde, Orode tuvo que trabajar desde muy chico para ayudar a sus cinco hermanos y a su madre ya que la comida escaseaba y no sobraba nada.

Orode y su familia. (Instagram Orode)Orode y su familia. (Instagram Orode)

Entrenar con su hermano lo curtió. Al ser 10 años más grande y estar acostumbrado a jugar con gente mayor, a los 13 años ya estaba en Primera. En un clásico hizo el gol del triunfo, se ganó el llamado de la Selección sub-17 y los ojos de un representante. Antes de llegar a Argentina, pasó por España y Portugal. Y del anonimato, vino a jugar a uno de los cinco grandes. San Lorenzo lo acogió y ese fue el inicio de su carrera en Argentin a.

Una vida en el Ascenso. Desde 2010 a la actualidad en Muñiz. Ciclos en Nueva Chicago, Excursionistas, Luján o Central Ballester. En diálogo con Olé, el nigeriano contó los detalles de su infancia, las dificultades en su llegada al Ciclón, su relación en la actualidad con su país de origen y más. Mirá.

Felix Orode con Olé

¿Cómo fue tu infancia en Nigeria?

-La verdad es que mi infancia en Nigeria no fue fácil. Cuando falleció mi papá se complicó mucho el tema económico para mandarme a la escuela. Mi mamá ya no tenía mucha plata y me mandó a vivir con mi tío. Crecí prácticamente con él y gracias a eso pude terminar de estudiar, aunque fue difícil. Mi día a día era siempre igual: me levantaba temprano, iba a vender pan, volvía a casa para dejarle la ganancia a mi mamá y salía a jugar con mis amigos. Después iba a la escuela y cuando terminaba iba a comprar más pan para vender.

-¿Cómo fue tu relación con el deporte?

-Siempre estuve muy ligado al fútbol porque tengo un hermano mayor, Vincent, que jugaba profesionalmente y yo lo admiraba muchísimo. Lo acompañaba a entrenar y muchas veces entrenaba con él y con sus amigos. Nunca tuve miedo de jugar con gente más grande y eso me ayudó mucho a ganar confianza.

-¿Tu hermano te llevaba muchos años?

-Sí, bastante. Creo que entre 10 y 12 años más que yo. Era una diferencia grande y se notaba mucho porque él era muy alto y flaquito y yo era el más chiquito de todos.

-¿Cuándo empezaste a pensar que podías dedicarte al fútbol?

-Cuando empecé a jugar torneos en la escuela. Una vez salimos campeones y yo fui elegido el mejor jugador del torneo. Todavía tengo el trofeo. Eso me dio mucho impulso para seguir jugando porque me di cuenta de que realmente me gustaba y quería dedicarme a eso.

-¿Cómo apareció tu primera oportunidad en un club?

-Me llamó un equipo llamado Mighty Jets cuando tenía más o menos 13 años y ya empecé a jugar con la Primera División. Imaginate que en todo ese camino yo prácticamente no tenía plata ni para comer, pero la gente del club me ayudaba muchísimo y me pagaba todos los gastos. El día que me llamaron fui a hacer la prueba, quedé y empecé a entrenar con la Primera. El técnico me decía que le gustaba mucho que yo no tuviera miedo. Yo le explicaba que estaba acostumbrado porque entrenaba con mi hermano y con sus amigos, que eran bastante más grandes que yo. Un día, en un clásico contra Platinum United, el técnico me dijo que quería ponerme. Yo deseaba jugar ese partido y me hizo entrar en el segundo tiempo. Hice el gol del triunfo de cabeza y ahí sentí de verdad que quería seguir jugando porque me gustaba.

Ahí me llamaron para la Sub 17 de Nigeria, aunque no pude viajar a Finlandia en el Mundial de 2003 porque tuve un problema de salud y me tuvieron que operar de la panza. Después me convocó el mismo técnico para la Sub 20 y ahí empecé a viajar afuera gracias a mi representante. Yo solamente quería jugar al fútbol. Primero fui a Portugal, pero no me gustó mucho. Después fui a España y ahí sí estaba muy cómodo. Tenía amigos, estaba contento y me gustaba mucho vivir allá. Entonces cuando apareció lo de San Lorenzo, al principio dije que no porque quería quedarme en España.

-¿Cómo conociste a tu representante?

-Lo conocí en la Selección Sub 20. Él es brasileño y había ido a vernos. Justo hice un gol en un amistoso y me dijo que había clubes interesados en mí. Al principio desconfiaba porque yo no viajaba con cualquiera, no conocía a nadie. Pero habló con el técnico, habló con mi mamá y ahí empezamos a hacer todos los papeles para viajar.

-¿Cómo fue esa llamada de San Lorenzo?

-Yo estaba en Nigeria de vacaciones y me empezaron a llamar hablando español. Yo no entendía nada porque en España hablaban catalán. Pensé que era cualquier cosa y corté. Después me volvieron a llamar, pero esta vez hablando inglés. Me dijeron: “Mi nombre es Maxi, voy a ser tu traductor cuando vengas a Argentina”. Y yo no entendía nada, le pregunté de dónde era traductor. “¿No te contó tu representante? Venís a Argentina, a jugar en San Lorenzo”. Hablé mucho con mi mamá. Ella me dijo que la decisión era mía, pero que creía que venir a la Argentina me podía ayudar a progresar. Obviamente estaba triste porque era irme lejos, pero me apoyó muchísimo y eso me dio fuerzas para tomar la decisión.

-¿No conocías nada del fútbol argentino?

-No, nada. En Nigeria conocíamos a Diego Maradona, pero del fútbol argentino no sabíamos mucho más.

-¿Cómo fue tu llegada a la Argentina?

-Fue muy complicada. Llegué en 2009 y estaba todo el mundo con barbijo por la Gripe A. Yo pensé que había pasado algo gravísimo porque en Nigeria cuando todos están así generalmente es por una explosión o una situación muy complicada. Después mi traductor me explicó que era por una enfermedad y me tranquilicé un poco, porque yo pensaba que había una guerra o algo así. Igual el frío fue durísimo. Yo nunca había vivido un frío así. El de España o Portugal no tiene nada que ver con el de acá.

-Sí, mucho. Extrañaba muchísimo a mi mamá, a mis hermanos y a mis amigos. Pero de a poco me fui acostumbrando con los chicos del club y traté de enfocarme en jugar y crecer acá.

Felix Orode en su único partido con la camiseta de San Lorenzo. Tuvo un mano a mano que atajó Monzón y una gran asistencia.Felix Orode en su único partido con la camiseta de San Lorenzo. Tuvo un mano a mano que atajó Monzón y una gran asistencia.

-¿Quiénes fueron los primeros que te ayudaron en San Lorenzo?

-El cuerpo técnico y los jugadores me ayudaron muchísimo. Simeone, Nelson Vivas, el Profe Ortega. Todos me recibieron muy bien desde el primer día. Había jugadores de categoría pero yo no conocía a nadie. El Kily González, el Pipi Romagnoli… El nombre del Pipi me sonaba, porque él había jugado en Portugal, pero no me animaba a acercarme porque era uno de los referentes.

-¿Qué fue lo que más te costó?

-El idioma. Ellos sabían que me costaba así que me ayudaron a soltarme. Venía el Kily y me daba un beso en el cuello, Bernardo Romeo me decía que diga “la puta madre” y yo en ese momento no entendía nada, pero me ayudó mucho a meterme en el grupo y a soltarme con ellos.

-¿Cómo era Simeone como entrenador?

-Muy bueno. El día que llegué y vi cómo trabajaba me di cuenta de que iba a llegar muy lejos. Simeone, Nelson Vivas y el Profe Ortega trabajaban muchísimo. Eran unos locos del entrenamiento y se notaba que tenían una mentalidad muy fuerte.

-¿Y hoy seguís conectado con Nigeria?

-Sí, pero la verdad es que hoy me siento más argentino que otra cosa. Hasta me cuesta hablar mi dialecto. A veces cuando hablo con mi mamá mezclo inglés, español y mi idioma.

-¿Los rivales cómo te trataban?

-Bien. En ese momento no entendía nada cuando me insultaban porque no sabía español. Si me puteaban a mí o a mi mamá yo me reía porque no entendía. Hoy sí entiendo todo, pero no me molesta. A veces te insultan durante el partido y después cuando termina vienen, te abrazan y te piden disculpas. Yo entiendo que es parte del fútbol.

-¿Qué significó el Ascenso en tu carrera?

-Significó muchísimo. El Ascenso me hace acordar a Nigeria, porque cuando yo no tenía plata y tenía que vender pan hacía un sacrificio parecido al de ahora. En el Ascenso, como la plata no llega, cada uno marca su camino. También me dio más fuerzas para seguir peleando y tratar de llegar todavía más lejos.

-¿Querés seguir jugando mucho tiempo más?

-Sí, quiero seguir jugando, aunque no sé hasta cuándo. Voy paso a paso. Me gustaría ser entrenador cuando me retire, pero todavía quiero seguir jugando por ahora. No quiero pensar en ese momento porque me dan ganas de llorar.

-¿Te gustaría volver a vivir en Nigeria?

-No, solamente de visita. Extraño muchísimo a mi mamá, a mis hermanos, a mis amigos y el lugar donde crecí. Me gustaría que mi mujer y mis hijos conozcan mi país y vean de dónde vengo.

-¿Te sentís un ejemplo para otros chicos?

-Sí, sí. A los chicos les digo que el tiempo pasa rápido. Yo llegué a Argentina a los 19 y hoy tengo 36, y no lo puedo creer. Hay que aprovechar el tiempo para mejorar en la vida.

-Si volvés a ese Felix que crecía en Nigeria, ¿te imaginabas todo lo que iba a venir después?

-No, nunca. Todo lo que me pasó fue una sorpresa muy grande para mí y una bendición de Dios. Cuando entrenaba con mi hermano jamás pensé que iba a llegar tan lejos. Él siempre me decía que yo tenía algo especial y mucha potencia, pero yo en ese momento no lo creía. Pero cuando Dios abre una puerta, las cosas vienen solas. Fue un milagro de Dios.

Fuente: www.ole.com.ar

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