Hace 20 años quedaban menos de 100: hoy ya son 2.401 y el regreso del lince emociona a Europa


Los linces ibéricos volvieron a quedar en el centro de los informes de conservación por una cifra que hace dos décadas parecía imposible: ya hay 2.401 ejemplares censados en la península.

El número marca un nuevo máximo para la especie y confirma una recuperación sostenida, después de haber estado al borde de la desaparición a comienzos de siglo.

Ahí aparece el cambio que entusiasma a los expertos: el lince ya no depende únicamente de Doñana o Sierra Morena, sino que empieza a ocupar territorios más amplios en España y Portugal.

Cómo el lince ibérico logró recuperarse después de estar al borde de desaparecer

El último censo oficial contabilizó 2.401 linces ibéricos en 2024. De ese total, 2.047 ejemplares están en España y 354 en Portugal.

La suba fue del 19% respecto del año anterior. No es un salto menor: muestra que la especie sigue creciendo y que los programas de conservación mantienen resultados medibles.

El relevamiento también separa la población por edades. Hay 1.557 adultos o subadultos y 844 cachorros nacidos durante 2024, una cifra clave para medir la capacidad reproductiva.

El dato que más pesa está en las hembras reproductoras. El censo registró 470 hembras territoriales, todavía por debajo del objetivo que manejan los especialistas para considerar estable la recuperación.

Ese objetivo apunta a unas 750 hembras reproductoras y cerca de 3.500 ejemplares. Por eso, aunque el avance es fuerte, la especie todavía no salió del todo de la zona de vigilancia.

El lince ibérico llegó a estar en una situación crítica. En 2002 quedaban cerca de 94 ejemplares, concentrados en muy pocos núcleos.

La recuperación empezó con una combinación de cría en cautividad, liberaciones controladas y protección de hábitat. No fue una medida aislada, sino un trabajo sostenido durante más de veinte años. Desde 2011 se liberaron más de 400 linces en distintas zonas. Esa estrategia permitió reforzar poblaciones existentes y abrir nuevos territorios donde la especie había desaparecido.

También fue central el trabajo con fincas privadas, rutas, pasos de fauna y seguimiento por radiomarcaje. Cada ejemplar liberado necesita control, adaptación y condiciones mínimas para asentarse.

El récord de población no elimina los problemas. Los atropellos siguen siendo una de las principales causas de muerte del lince ibérico.

En 2024 se registraron 162 muertes por atropello, un número alto para una especie que todavía necesita consolidar su crecimiento.

La expansión hacia nuevos territorios también trae riesgos. Cuando los ejemplares se mueven por zonas menos preparadas, aumentan los cruces con rutas, caminos rurales y áreas con menor protección.

El lince ibérico vive su mejor momento en décadas, pero los especialistas todavía hablan de prudencia. El número actual es alto, aunque no alcanza por sí solo para cerrar el proceso de recuperación.

La meta de 3.500 ejemplares sigue funcionando como referencia. También importa llegar a más hembras reproductoras, porque son las que aseguran continuidad poblacional.

El paso siguiente es consolidar los nuevos núcleos, ya que no alcanza con que algunos ejemplares aparezcan en una zona: tienen que sobrevivir, reproducirse y formar poblaciones estables.

Fuente: www.clarin.com

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