A 40 años de Chernobil, la serie que venció a Game of Thrones y preguntó cuánto cuestan las mentiras

En mayo de 2019, cuando el mundo todavía discutía el final de Game of Thrones, una miniserie de cinco episodios sobre el peor desastre en la historia de la energía nuclear se subió al primer puesto de IMDb.
Chernobyl, de HBO y Sky, superó entonces a Game of Thrones, Breaking Bad y Planet Earth II en el ranking de usuarios. Siete años después, conserva un 9,3 sobre 10 de puntaje con más de un millón de votos y sigue disponible en HBO Max.
Y sin dragones: solo un dosímetro. Ese aparato, que mide la radiación, tiene en la serie Chernobyl un sonido de pesadilla: crrrr… crrrrrr… CRRRRRRRR. Al principio parece un ruido de máquina fuera de uso, una radio AM que no capta señal. Después se entiende mejor: cuanto más grita esa vocecita aguda, más veneno hay en el aire.
La sala de control de Chernobil, el lugar donde una prueba de seguridad terminó en una catástrofe mundial.En una de sus escenas más terribles —y hay muchas— unos chicos salen a mirar el incendio del reactor y juegan con una ceniza blanca que cae del cielo. ¿Parece nieve, no? La agarran con las manos, la soplan, la miran flotar. Pero no es nieve: es polvo radiactivo. La infancia juega a cazar copos; la muerte adulta entra callada por la boca, los ojos y la piel.
La serie de HBO que mandó turistas a la zona muerta
Después de la serie, el turismo atómico: Sergiy Ivanchuk, director de SoloEast, dijo a Reuters que en mayo de 2019 tuvo 30% más turistas que el año anterior para visitar el reactor. Gente pagando entrada para caminar, con guía y dosímetro, por el lugar del que otros habían sido arrancados para siempre.
Esa rareza del consumo global tiene una dirección precisa: Chernobil queda en Ucrania, cerca de la frontera con Bielorrusia, a unos 110 kilómetros de Kiev. Para millones, sin embargo, volvió a existir por HBO: el reactor abierto, los bomberos enviados sin información, los burócratas que minimizan lo que no entienden o no quieren entender, la población mirando el desastre como si fuera un espectáculo de barrio.
El nuevo sarcófago de Chernobyl cubre el reactor 4, donde comenzó el peor desastre nuclear de la historia.En esa distancia —entre los que escaparon, los que fueron a mirar y los que años después pagaron para entrar— aparece algo más inquietante que la ruina: el tiempo que se perdió mientras la verdad seguía bajo llave.
La nieve que no era nieve
La primera fuerza de Chernobyl es física. El dosímetro enloquece. El grafito quema la piel. Los bomberos creen que apagan un incendio común y caminan sobre pedazos del núcleo del reactor. Un hombre levanta un fragmento negro con la mano desnuda y todavía no sabe que ese gesto ya lo condenó.
El accidente ocurrió el 26 de abril de 1986, durante una prueba de seguridad en el reactor 4. La serie cuenta ese desastre, pero su verdadera materia es la obediencia. La cobardía. El miedo a decir una verdad demasiado grande para una oficina del Estado.
Es decir: el horror en Chernóbil fue también burocrático, oficial, político: información mal dada, una orden absurda y omnipotente. Una reunión donde alguien dice que el nivel de radiación no es grave porque “el aparato disponible no mide más alto”.
El libro que escuchó a los sobrevivientes
Antes de la serie de HBO ya existía Voces de Chernobil, de Svetlana Alexievich, periodista bielorrusa y Premio Nobel de Literatura. El libro reúne testimonios de viudas, soldados, científicos, campesinos y los liquidadores: los hombres enviados a limpiar una catástrofe que no se podía nombrar. El fuego prescripto. La serie fue creada y escrita por Craig Mazin, pero tomó de esa crónica oral una de sus materias más fuertes.
Algunas escenas estremecedoras del libro y utilizadas en la serie: una mujer acompaña a su marido bombero en el hospital. Lo toca, lo cuida, lo mira deshacerse. Nadie le explica bien qué pasa. Nadie le dice a tiempo que ese cuerpo amado también irradia peligro.
La dimensión real de Chernobill está en esas personas comunes atrapadas en una tragedia que el Estado intentaba reducir a partes oficiales, demoras y frases tranquilizadoras.
“¿Cuál es el costo de las mentiras?”
La frase final de Valery Legasov, el científico interpretado por el actor Jared Harris en la ficción, quedó como emblema de la serie: “¿Cuál es el costo de las mentiras?”.
Pasillos, controles y protocolos: la serie de HBO convirtió la burocracia del desastre en una forma de terror.La mentira permitió seguir una prueba que debía frenarse. Demoró la evacuación. Hizo que familias enteras respiraran, caminaran y comieran dentro de un desastre invisible.
Chernobyl sobrevivió a la avalancha de estrenos por la reconstrucción de época, por el morbo de la zona prohibida y porque encontró una forma brutal de contar cuándo una mentira empieza a matar.
La pregunta de Legasov sigue ahí: cuánto cuesta decir tarde lo que ya se sabía.
Fuente: www.clarin.com



